Me han chocado

Resultado de la colisión

Como se suele decir, interrumpimos la programación habitual de la serie sobre el turbo a causa de las últimas noticias. Titular: esta mañana he sufrido un accidente siniestro. Tranquilos, es lo que se puede calificar de “chapa y pintura”. Pero el susto te lo llevas igual. Y el pensar lo que hubiera pasado si la velocidad hubiera sido otra, también.

Han transcurrido ya unas buenas horas, tiempo casi suficiente para tranquilizarme y poderme sentar a escribir sin despotricar. Llevo ya año y medio reflexionando con todos vosotros desde Circula seguro sobre los riesgos que las imprudencias (propias y ajenas) pueden ocasionar en el tráfico. Pero nunca hasta ahora había tenido la desgracia de vivirlo en carne propia.

Dicen que un gran número de siniestros ocurren en los últimos kilómetros antes de llegar a casa. Y en este caso, se cumplió, ya que ha ocurrido a escasos 300m de mi hogar, en mi propia calle. Acababa de acceder a ella, procedente de la carretera general.

Apenas veinte metros más adelante mi calle intersecciona con la calle del ayuntamiento (de la que ya os hablé en otra ocasión), que atraviesa de izquierda a derecha desde mi punto de vista en ese momento. Los que vienen por la vía transversal tienen un stop que me da prioridad (aunque la tendría igualmente sin la señal, al aproximarme por su derecha).

Como ya os podéis imaginar, de ahí salió el vehículo que me chocó. Intento recapitular, analizar mis recuerdos para descubrir si había percibido la presencia de un coche en esa calle. Creo que sí fui consciente de su existencia, pero sabiendo que debía detenerse por el stop, y al observar una velocidad suficientemente moderada como para detenerse a tiempo, no le presté más atención…

… Hasta que el morro de mi vehículo comenzaba a franquear la intersección. Empecé a notar que invadía la distancia lateral de seguridad, y me puse en estado de alerta. Uno nunca sabe como reaccionará con la adrenalina. Lo que yo hice fue acelerar para intentar pasar antes que él. No sé si es la reacción más adecuada, pero frenar en ese momento tampoco habría evitado la colisión (me habría dado en el motor, o en la puerta delantera).

No pude escapar. El otro vehículo acabó estampándose de lleno contra mi puerta izquierda trasera. Más que el ruido del golpe, lo que me impresionó fue notar que la mitad trasera mi coche se desplazaba hacia la derecha. Apenas una fracción de segundo más tarde, noté que las ruedas de atrás recuperaban la tracción y me devolvían al centro de la calle. Si la colisión se hubiera producido a mayor velocidad, seguramente habría sido empujado a la acera derecha.

Lugar del suceso

Me detuve unos metros más adelante, y bajé. Estaba temblando. Señalé la placa ortogonal que obligaba al otro vehículo a detenerse y esperar que yo pasara, con seguridad. El otro conductor, que también se había bajado, asintió con la cabeza. La verdad es que aún no me acababa de creer lo que había pasado, pero al ver que el buen hombre reconocía su error pensé «bueno pues nada, a hacer el parte».

Los vehículos estaban obstaculizando el paso, así que nos apartamos a una calle lateral menos transitada. El agresor vial se excusó diciendo que sólo estaba mirando hacia arriba, y no a los dos lados… porque estaba buscando una churrería que solía haber en un garito montado en una esquina próxima.

La verdad es que a mi no me pareció una excusa demasiado buena, pero tampoco estaba en un estado mental adecuado para recordarle a mi nuevo amigo que la señal de stop obliga a detenerse en la linea. Y una vez con las cuatro ruedas paradas, se dispone de todo el tiempo del mundo para buscar la churrera… y después arrancar con seguridad.

La verdad que, tras los nervios iniciales, la redacción del parte fue bastante tranquila. Supongo que gracias a que no había duda alguna de qué había pasado. El único punto de mínima tensión se produjo cuando mi accidental compañero insinuó que prefería no incluir la señal de stop en el croquis, ni marcar la casilla «No respetó la señal de preferencia o semáforo en rojo», porque si lo ponía, le jodía los puntos del carné (como si no fuera él mismo quien se los había pulido…).

Ahora, que ya han pasado muchas horas, ¿sabéis lo que siento? Impotencia. Mucha impotencia. Estaba circulando tranquila y correctamente. Y por coincidencias del destino, resulta que pasé en el momento equivocado entre un desconocido y sus churros. Esta vez no fue nada, la puerta de mi coche puede ser reparada o substituida. Pero algo similar en un entorno de mayor velocidad, o con un pelín de mala suerte, podría haber acabado mucho peor para mi, o para otro.

Si a caso, esto me reafirma más en mi fuerte apoyo a la concienciación vial. Vale la pena conseguir que todos seamos un poco más conscientes de que si sembramos errores, cosecharemos accidentes. Que nunca bajemos la guardia, porque los errores tienen consecuencias. Incluso salir un domingo por la mañana a buscar churros.

Foto | Jaume, Google Earth