Más allá del punto negro de la carretera: algoritmos que predicen la siniestralidad vial

Fin de Tramo de Concentración de Accidentes, TCA

Cuando hablamos de puntos negros de la carretera, o eufemísticamente Tramos de Concentración de Accidentes (TCA), nos referimos a esos lugares en los que la concentración de siniestros registrada en un determinado periodo de tiempo es especialmente elevada, a partir de un determinado límite donde las administraciones públicas fijan el listón. Pero, ¿y si fuera posible anticipar esa siniestralidad antes de que se registrase?

Pues eso es lo que llevan tiempo cocinando en Estados Unidos con otros fines y ahora se empieza a probar en España en asuntos de seguridad vial. Se trata de unos algoritmos matemáticos que principio predecían los lugares, días y condiciones en que aumentaba la criminalidad, y que ahora se están reciclando para aplicarlos a la predicción de siniestros viales.

Con puros cálculos matemáticos, y teniendo en cuenta la historia estadística de las carreteras, el Departamento de Tecnologías de Tráfico del Ayuntamiento de Madrid y la universidad AGH de Ciencia y Tecnología de Cracovia están estudiando la posibilidad de predecir en qué momentos y bajo qué circunstancias puede aumentar la siniestralidad en la carretera.

Si en los antecedentes norteamericanos el desarrollo matemático permitió que las policías de Tennessee y California pudieran destinar sus recursos de forma más eficiente, en función del crimen previsto, aquí unos algoritmos adaptados a nuestra realidad podrían anticiparse a las colisiones, dando a las autoridades con competencias en materia de Tráfico elementos para tomar medidas preventivas específicas, desde avisar a los conductores por medio de paneles de mensaje variable hasta una mayor vigilancia de las zonas afectadas.

Pruebas en la M-30

De momento, los responsables del proyecto han analizado la densidad y la intensidad del tráfico rodado en la M-30 con la ayuda de sensores instalados en la vía principal y también en sus accesos. Tras monitorizar 13 kilómetros de vía con puntos de control cada 500 metros, se enviaron los datos obtenidos a Cracovia y se extrajo una primera conclusión: la peor franja horaria para circular por la autopìsta que ahora llaman “calle” es entre las 18 y las 20 horas.

Seguramente cualquiera que circule a diario por la zona dirá que no hacen falta tantos estudios y que eso lo puede afirmar cualquiera. Y será cierto, pero lo curioso del caso es cómo se llega a la conclusión, y es que entre esas horas se detecta un aumento en las aceleraciones y frenazos. Y de ahí al siniestro por alcance, todos sabemos que es cuestión de circunstancias.

La cuestión clave está ahora en mirar un poco más allá y entroncar las posibilidades de los algoritmos de predicción con las tecnologías que conectan los vehículos con la infraestructura. Cuando estas posibilidades que nos brindan los avances tecnológicos sean un hecho, algo que conceptualmente no está tan lejos de existir, quizá podamos comenzar a hablar en pasado de los puntos negros de la carretera.

¿Dónde está el freno a todas estas posibilidades? Donde siempre: en la actitud del conductor. Por mucho que se sepa dónde existe mayor probabilidad estadística de que suceda una colisión, por más que los sensores recojan frenazos y acelerones, y aunque toda esa información se le haga llegar al conductor o incluso de forma directa al vehículo, si aquel que está a los mandos decide desoír cualquier consejo, todos estos avances no tendrán nada que hacer. Esperemos que no sea el caso.

Vía | Tecnocarreteras
Imagen | Rayito234
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