Luces largas, cortas, enfados y cortesía

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Todos los inviernos le doy vueltas al mismo tema: las luces de largo alcance. Todavía no es oficialmente invierno, pero en algunos puntos del país se pone el sol a las seis de la tarde, motivo más que suficiente para que debamos utilizar el alumbrado del coche en más de una y dos ocasiones diarias. Y siempre que se utiliza el alumbrado, vienen los problemas de la mano de quienes no terminan de comprender cómo se utiliza.

Que las luces de corto alcance se han de conectar cuando la luz ambiente empieza a decaer (cuando se pone el sol, que todavía hay luz, o quizás un poco antes si hablamos de un día nublado) es algo que nos creemos que es automático en todo conductor. Falso, porque siempre nos encontramos un contraejemplo que nos tira por los suelos la teoría. Ayer mismo me sorprendió un chaval con las luces apagadas y charlando con su móvil en la oreja. Normalmente todo el mundo cabal las utiliza, pero con el tema de las luces de largo alcance, la cosa cambia.

Las luces largas se usarán siempre que sea posible

Es muy curiosa la diferencia entre el uso de las luces largas y el uso de las luces antiniebla, sobre todo la molestísima luz trasera. Esa luz que te deja tuerto cuando ves cómo pasa coche tras coche con ella conectada aunque la visibilidad sea superior a los 500 metros. Con las luces largas… pecamos por defecto, cuando deberían utilizarse siempre que fuese posible. Maticemos esto.

El Reglamento General de Circulación nos dice:

Todo vehículo equipado con luz de largo alcance o carretera que circule a más de 40 kilómetros por hora, entre el ocaso y la salida del sol, fuera de poblado, por vías insuficientemente iluminadas o a cualquier hora del día por túneles, pasos inferiores y tramos de vía afectados por la señal «Túnel» (S-5) insuficientemente iluminados, la llevará encendida, excepto cuando haya de utilizarse la de corto alcance o de cruce, de acuerdo con lo previsto en los artículos 101 y 102, especialmente para evitar los deslumbramientos.

Esas excepciones son, entre otras, que se produzca deslumbramiento a los conductores que van delante de nosotros, o bien que se acercan e sentido contrario, especialmente a estos últimos. Pero lo que nos debe quedar claro es que, mientras no haya nada que nos aconseje no utilizarlas, debemos llevar las luces de carretera para asegurar que estamos maximizando nuestra visibilidad. Ocurre que en autovías siempre hay alguien por delante que nos impide su uso, pero busquemos cualquier ocasión para activarlas.

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¿Por qué? Porque estaremos viendo más de lo que podemos abarcar con las luces de corto alcance, como su propio nombre indica. En carretera, sobre todo, abarcaremos los márgenes de la misma y podremos, entre otras muchas cosas, detectar cualquier anomalía en el arcén (y no me refiero a la chica de la curva) como un coche averiado y sin luces, una persona sin ropa reflectante (una imprudente), un perro perdido…

El resto del titular hablaba de cortesía y enfados. Esto es por el hecho del deslumbramiento, pues a veces llevamos las luces largas y tardamos un poco más en darnos cuenta de que viene otro coche de frente. Hemos de estar atentos a eso y cambiar inmediatamente a corto alcance, y por la misma razón que nosotros, el otro conductor puede no darse cuenta de nuestra presencia, por despiste o lo que sea.

No conviene “responder” con las largas, o con ráfagas. Aparte de que podemos estar equivocándonos y que sea un error del otro conductor, y nos pondremos de mal humor, estaremos contraviniendo el reglamento. Es mejor tener paciencia y comprensión y, a menos que nos estén enfocando con peligro real de deslumbramiento, no “entrar al trapo”.

Vosotros, ¿usáis a menudo las luces largas? ¿Sois de los que aguanta con las de corto alcance solo por no tener que ir cambiando de “modo”? ¿Alguien ha probado ya las luces largas automáticas (servidor sí, y me reservo la opinión para otra ocasión).

Fotos | Andy Rogers, Oleg Zaytsev