Qué nos dicen los números que hay detrás del aumento de víctimas en carretera en nuestro país

Un único muerto en carretera ya habría sido suficiente como para que 2017 hubiese cerrado con el titular de “demasiados fallecidos en carretera”. Tuvimos 1.200 fallecidos, según el balance de seguridad vial de la DGT, sin contar accidentes en ciudad, que aparecerán en el informe consolidado.

En 2016 fallecieron 1.167 personas al volante. ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Estamos haciendo algo peor que en 2016? ¿Hemos retrocedido en las campañas de educación vial? ¿Vamos por buen camino? La gravedad del asunto se merece un análisis objetivo, quizá frío, que nos ayude a comprender estos datos.

El número de fallecidos desde 1960

Cada año, la DGT presenta un documento con las cifras más llamativas de seguridad vial. En enero de 2017 presentó la gráfica de abajo, en la que se observaba un repunte confirmado de fallecimientos en vías interurbanas desde 2013. La tendencia desde el año 2000 había sido decreciente. ¿Qué pasó en 2013? ¿Por qué 2017 tiene más muertes en vías interurbanas que 2016?

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El objetivo de la DGT es que el número de muertos en carretera sea de cero, y por eso abríamos el artículo diciendo que un fallecido son demasiados fallecidos. Dicho esto, la gráfica de arriba tiene cierta trampa estadística en la que podemos caer si la leemos con ojos incautos. Lejos de parecer pesimistas, 2017 puede leerse como un año mucho mejor que 2016 en seguridad vial pese a que hubo un 3% más de víctimas mortales.

Comparando víctimas mortales con conductores censados y nuevos conductores

La clave está en datos que aparecen en la propia gráfica de la DGT. Si nos damos cuenta, en 1960 hubo 1.300 fallecidos para un dos millones de conductores, lo que supone 0,65 fallecidos por cada 1.000 conductores. En 2017 esa cifra se había desplomado a 0,045 fallecidos por cada 1.000 conductores. El número de conductores ha aumentado nada menos que un 1.455% y, sin embargo, el número absoluto de muertos ha caído a un 8,33%.

Cierto que en números absolutos hay más muertes en carretera. También hay más víctimas de cáncer, personas con atopias o enfermedades raras en los hospitales, y no nos echamos las manos a la cabeza porque entendemos que, en general, hay más personas y muchísima más actividad.

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En la gráfica de arriba podemos observar cuántos fallecidos en vías interurbanas por cada 1.000 conductores censados ha habido cada año. En naranja aparece marcado el año en que apareció el carné por puntos. En 2013 vemos cómo se estabiliza la gráfica. ¿Hemos llegado a un mínimo?

Cabe la posibilidad de que la conducción tenga cierto límite inferior de accidentes y que necesitemos el vehículo autónomo para que el accidente sea la excepción. Después de todo siempre hay distracciones. Dicho esto, el uso todavía masivo de alcohol al volante y otras sustancias, así como la elevada velocidad en carretera, nos indican que hay mucho margen para la mejora.

¿0,04 fallecidos/1.000 conductores? ¿0,01? ¿Qué tiene que ver todo esto con los conductores noveles que acceden cada año a nuestras vías? ¿Provocan más accidentes?

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En la gráfica de arriba observamos el número de fallecidos por cada 1.000 nuevos conductores. Aunque tiene cierta varianza, la tendencia también es a la baja. En 2006 las campañas de seguridad vial fueron muy fuertes en las autoescuelas, que enseñaban por primera vez el carné por puntos. Probablemente debido a esto se observa un desplome en 2007-2008.

Si hay más vehículos, también habrá más fallecidos en carretera

Del mismo modo que añadiendo conductores el número de fallecidos tiende a subir, cuando añadimos turismos, motocicletas o cualquier tipo de vehículo a la vía estamos sumando un factor de riesgo. Pese a todo, cuando mostramos el número de fallecidos en vías interurbanas por cada 1.000 vehículos, sea cual sea la clase, observamos una tendencia a la baja.

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Arriba lo vemos con turismos. Abajo, con motocicletas. Que nadie se alarme por el número de las ordenadas, simplemente hay menos motos que coches, y ambos vehículos van en el denominador con un numerador común. Podemos concluir que, aunque en términos absolutos mueren más personas, hemos logrado reducir de manera notable los fallecidos en vías interurbanas. Hemos de dar crédito al trabajo de las últimas décadas en materia de seguridad.

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Hay otros factores que influyen también, como puede ser el número de desplazamientos. En 2017 hubo un 4,2% más de desplazamientos que en 2016, pero “solo” hubo un 3% más de fallecidos. Esto significa que las campañas de tráfico y la educación vial están funcionando.

Es evidente que los españoles cada vez conducimos mejor. Si tomamos los 0,26 fallecimientos por cada 1.000 conductores de 1993 y lo extrapolamos a 2017 observamos que el número de fallecidos habría sido de 6.890. Hay espacio para la mejora, pero vamos por buen camino.

Imágenes | Vicente Martín (CC-BY-SA 3.0), Marcos Martínez