Los niños valoran nuestro comportamiento al volante: ¿aprobaríamos?

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Si nos preguntan casi siempre diremos que somos buenos conductores, aunque no lo seamos. Y es que seamos sinceros, todos tenemos defectos y cometemos alguna que otra infracción. ¿Y si le preguntamos a nuestros hijos qué piensan de nosotros como conductor?

Varios estudios, como el de GoodYear o el de la fundación Vinci, en Francia, han permitido averiguar de forma global cómo ven nuestros comportamientos al volante. Y los resultados son reveladores.

La mayoría de los padres europeos se ven a sí mismos como un modelo para sus niños en la carretera, cuando en realidad podrían tener una influencia negativa en los futuros hábitos de conducción de sus hijos.

Los padres dicen ser muy conscientes de la influencia que tienen sobre sus hijos y al mismo tiempo, éstos valoran de forma más positiva la conducción que sus padres. Los peques son más indulgentes con nosotros porque no son consciente de todo lo que hacemos mal. De ahí la importancia de nuestro comportamiento.

Los padres son un modelo a seguir en el comportamiento al volante…

Según estos informes 77 % (78 % en el caso del informe de Vinci) de los padres piensan que son un modelo a seguir. Así, el 34 % de los padres encuestados empiezan a concienciar a sus hijos sobre seguridad vial entre los 6 y los 16 años.

Para Eszter Salomon, presidenta de la European Parents Association, “está claro que el papel de los padres en este aspecto empieza muy pronto. Son modelos a seguir para los niños. Su comportamiento como conductores, ciclistas o peatones tiene un influencia sobre los niños“.

padres al volante

Sin embargo, a pesar de que la mayoría considera que tiene una buena influencia, muchos de los padres no se sienten totalmente seguros al volante: el 54 % de ellos estarían dispuestos a pasar de nuevo el examen de conducir.
Pero lo más preocupante es la tendencia de algunos padres que tienen un comportamiento de riesgo al volante. Un cuarto (26 %) de los padres de la encuesta de GoodYear reconoce que han adquirido malas costumbres con el paso del tiempo, especialmente en el Reino Unido (51 %) y en Francia (46 %).

Una parte importante de estos mismos padres ya ha sido multada por exceso de velocidad (44 %) cuando sus hijos estaban en el coche. Además, un 14 % de los padres admite perder la calma al volante frente a otros usuarios de la vía, ya sean motos, ciclistas o peatones.

En este aspecto, en España, en contra de la creencia popular no salimos tan mal parados. En efecto, la media europea sitúa a padres españoles entre los más moderados. Sólo el 7% se altera habitualmente con otros conductores.

…que, sin embargo, subestiman su influencia.

Muchos padres reconocen adaptar su conducción en función de la presencia de niños: velocidad más moderada, menos cabreos al volante y no usar el móvil, son algunos de los puntos más citadas en los que los padres se controlan más. Claro que eso no les impide cometer infracciones, como hemos visto.

Según la encuesta de Vinci, el 77 % no respecta siempre los límites de velocidad, el 59 % se olvida de usar los intermitentes y el 38 % no respeta siempre la prioridad de los peatones. Pero donde los datos de la encuesta de Vinci arrojan un poco más de luz es en el 32 % de los niños que han detectado esas infracciones.

A pesar de que todos los padres coinciden en que son una influencia para sus hijos, “parecen subestimar la influencia negativa que puedan tener sobre sus hijos mientras conducen”, explica Olivier Rousseau, vice presidente de Goodyear en Europa.

Familia en coche

Si la presencia de los niños en el coche les hace cambiar su manera de conducir, tomando consciencia de hasta qué punto los niños son influenciables, nuestra conducción sería todavía más relajada y segura. Y es que aunque los niños no muestren interés en la conducción, saben reconocer los comportamientos de sus padres y la manera en la que se enfrentan al tráfico. Los niños, más que nadie, aprenden constantemente, ya sea de forma explícita o implícita. Esto significa que pueden asimilar una conducta incluso sin que estén prestado atención.

Los adultos, ya no sólo los padres, tenemos tendencia a subestimar la capacidad de asimilación de los comportamientos de los niños, pero nos olvidamos muy pronto que también fuimos niños y entendíamos lo que ocurría a nuestro alrededor mucho más de lo que nuestros padres se imaginaban. No ha cambiado nada. “Los niños lo pillan todo”, tanto si conducimos mal o bien.

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