Los fabricantes de vehículos y Bosch centran en el ESP su primer Barómetro de Seguridad Vial y Medio Ambiente

Sobreviraje sin ESP

Todos tenemos claro que la antigüedad del vehículo es un factor de la seguridad vial y que tenemos un parque automovilístico envejecido. Quizá por eso la Anfac y el grupo Bosch en España han creado el Barómetro de Seguridad Vial y Medio Ambiente, un instrumento que en los próximos meses describirá la situación del parque móvil español en estos dos aspectos.

El objetivo de este Barómetro es dar una métrica mensual para que los medios de comunicación, la clase política, la Administración y la sociedad en general tengan un mayor conocimiento sobre el estado de nuestro parque automovilístico, y este proyecto ya ha comenzado a dar sus frutos: en julio de 2012, el Barómetro de Seguridad Vial y Medio Ambiente se centra en la presencia del ESP en nuestros automóviles.

Según las conclusiones del este primer Barómetro, en 2011 el control electrónico de estabilidad estaba presente en el 91 % de los vehículos matriculados en España, un dato que está dentro de la tendencia que prevé para 2013 un 100 % en la implantación del ESP en coches nuevos. De hecho, en 2014 el ESP será obligatorio en todos los vehículos, así que la evolución es lógica:

Barómetro de Seguridad Vial y Medio Ambiente: ESP

De 1995 a 1999 se produce la primera etapa del ESP, con una muy baja presencia tanto en su disponibilidad como elemento de serie como opcional, siendo para la mayoría de las marcas y modelos comercializados un equipamiento aún no disponible. Ya del año 2000 a 2007 se produce un progresiva introducción del dispositivo en los turismos, pero no es hasta 2008 que el ESP se consolida como un estándar de seguridad más en los vehículos.

A partir de ese año, la presencia del ESP aumenta considerablemente en los turismos matriculados, especialmente como equipamiento de serie, duplicando en sólo 4 años la tasa de presencia alcanzada en toda la década anterior. Las razones incluyen el esfuerzo de los fabricantes por concienciar al usuario del uso de los sistemas de seguridad, y esto se retroalimenta con el interés de los nuevos compradores de vehículos de tener a su disposición un umbral mínimo de elementos de seguridad que, cada vez más, se dan por supuestos.

El lento ritmo de implantación que se observa encuentra un motivo en la complejidad tecnológica y en el elevado coste de desarrollo que exige un sistema como el ESP. Estos factores llevan a que el tiempo de maduración del sistema dure toda una década para luego dispararse su uso en los vehículos.

Distribución de la presencia del ESP

ESP, por segmentos de turismos

Por segmentos de turismos, sólo los de menor tamaño presentan una deficiencia en número de sistemas ESP instalados, debido al mayor peso de marcas de gama baja que no lo incluyen entre la dotación del vehículo. Algo así ocurre en el segmento de los todoterrenos, donde la falta de ESP se concentra sobre todo en los vehículos más pequeños o en los que resultan más adecuados para realizar tareas en el campo y también los de algunas marcas de gama baja.

Por comunidades autónomas, Madrid es la que presenta una mayor disponibilidad de ESP en los turismos nuevos, con una tasa del 93,2 % en 2011, seguida de Navarra (92,6 %), Aragón (91,6 %), País Vasco y Cataluña (ambas con un 91,3 %). El resto de comunidades presentan valores inferiores a la media nacional, del 91,1 %, y en la última posición destaca Baleares, con una disponibilidad inferior al 85 %. La elevada concentración de vehículos de alquiler con equipamientos básicos y la menor concienciación de conductores que sólo usan su coche para desplazamientos cortos podrían estar en la base de la situación en las Islas.

Foto | Raymond Spekking
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