Los deportistas deben dar ejemplo diario en seguridad vial

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No es la primera noticia, ni será la última que junta a un deportista de alto nivel con un evento relacionado con la seguridad vial… pero un evento que supone mal ejemplo. Hace unos días saltaba la noticia en las redes sociales y blogs, amén de los periódicos, de que Héctor Barberá dio positivo en un control de alcoholemia. Para quién no lo conozca, Héctor Barberá es piloto en el mundial de MotoGP, y es razonablemente conocido, un deportista de alto nivel y por tanto tiene una faceta de personaje público.

Como digo no es el primero ni el último, es más, en la piel de futbolistas tenemos decenas de ejemplos de incidentes y accidentes en los que destrozan mobiliario público y coches de alta gama por su… clara incompetencia al volante para controlar este tipo de vehículos. La razón de este artículo no es contar la noticia de Barberá sino reflexionar sobre su responsabilidad pública como claros influenciadores de jóvenes y no tan jóvenes.

Si la fama te precede, debes ser un buen ejemplo

Uno de los recuerdos más vivos de deportistas y seguridad vial es, curiosamente, un anuncio para televisión en el que Carlos Sainz, entonces recientemente campeón del mundo de rallyes (el único español por el momento…) daba consejos y apostaba por la conducción prudente. Me acuerdo de que me llamó la atención que él recalcase que si, que corría mucho, pero en el lugar apropiado y no en la carretera. Como él siempre hubo más ejemplos. Es común además ver figuras de deportistas asociados a campañas antidroga, contra el alcohol, etc.

Los deportistas de alto nivel tienen fama y visibilidad, y además los deportistas siempre han sido imagen de referencia para educar a muchos niños y niñas en el camino de la vida sana, del respeto por los demás, del respeto a las normas y, en cuanto a seguridad vial, han sido imagen esencial en la lucha contra el alcohol al volante. Por mucho desliz que sea el caso concreto de Héctor Barberá, y por mucho que “los deportistas son humanos y cometen errores”, lo cierto es que es un golpe duro al trabajo desarrollado por muchos otros durante tanto tiempo.

La responsabilidad del famoso

La tendencia a escurrir el bulto y escudarse en el ejemplo de otros para justificar una falta (“es que todo el mundo lo hace”, “mira, él lo hace y nunca le pasa nada”) es uno de los mayores peligros que existen. En este sentido es muy interesante un post de Jaume sobre la aut-justificación que os recomiendo leer si no lo habéis hecho ya. Igual que un padre no debe cruzar la calzada por cualquier lugar en presencia de sus hijos, ni de ningún niño, nunca, un deportista no puede caer en este tipo de irregularidades, infracciones y demás.

El triste caso de Joan Garriga, ex-piloto del mundial de velocidad que compitió en 500cc y que fue acusado y procesado por tráfico de drogas fue, en su momento, motivo de gran tristeza para los aficionados y una lacra para el deporte. Así, con todas las letras. El pillar a un piloto de motos, joven o no, conduciendo bebido y presuntamente “haciendo carreritas” no es grave, es lo siguiente. Menudo ejemplo que ha dado, y ciertamente se ha arrepentido, pero creo que este tipo de cosas no se deben olvidar. Todos cometemos errores, pero no todos tenemos tanta repercusión mediática y creo que en este caso (y de cualquier deportista pillado) debería caérsele la cara de vergüenza.

Fotos | jerko scholten
En Circula Seguro | Del ejemplo del campeón al conductor ejemplar

  • Antonio Serrano

    Pues me temo que no es el primer caso. No soy aficionado a ese deporte, pero sí recuerdo varios casos de futbolistas, baloncestistas y pilotos de F1. Al final lo que muestra es que la publicidad tiene un gran poder y transmiten una imagen de estos deportistas que no se corresponde con los valores que pretenden transmitir.

    En mi caso una de las actividades que realizo es formar a conductores, y puedo dar fe de la importancia que tiene en esta profesión la ejemplaridad: si los conductores observan que no es coherente lo que digo con lo que hago, se pierde la confianza (que nunca se recuperará) y cualquier cosa que diga ya será poco creíble. No hay excusas. No hay nuevas oportunidades. En mi caso puedo influir sobre 10, 20, 100, 500, 2.000 conductores, pero en el caso de personajes con una enorme presencia en los medios, imagínate las cifras: millones. Fíjate lo que pasa con los políticos. O con los niños: si le mientes una vez, no lo olvidarán.

    Para nuestra propia mente es más saludable alinear pensamiento, acción y emoción para ser y mostrarse coherente y sincero. Lograrlo es un ejercicio bastante más duro que cualquiera de los mencionados, pero merece la pena… aunque no nos proporcione dinero ni fama.

    Propongo fijarse muy bien en estos ejemplos, pero justo para no reproducirlos nosotros. Tampoco merece la pena condenar a los implicados por este tipo de acciones por aquello de que “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.