Lo que cambia el panorama tras un año como novel

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Hace tiempo leímos a Jaume contándonos lo que es estar en el meollo de la ciudad, y lo que hay que aguantar en él. Sin duda son situaciones estresantes, exigentes psicológicamente y sobre todo, muy incómodas desde cualquier punto de vista. Siendo novel, las cosas se ven también así, pero si queréis un poco amplificadas: literalmente a mí no me gustaba nada conducir en ciudad, y reconozco que aún hoy lo evito si tengo oportunidad. ¿Miedo? No. Simplemente, si tengo que hacerlo lo hago sin ningún problema, pero solo como medio de llegar a un lugar cómodo y dejar el coche estacionado. Por ejemplo, un parking.

Llamadme cómodo, o inexperto, pero creo que en muchas ocasiones el hecho de conducir a diario y de manera intensiva por ciudad trae más quebraderos de cabeza que otra cosa. Es cierto que existen muchos casos en los que es inevitable, pero también hay otros casos en los que podemos optar por alternativas y no lo hacemos. Hay horarios a los que adaptarse si nos quedamos con el transporte público, hay que caminar (deporte sano como ningún otro), hace calor o frío. Hoy os quiero aburrir con lo que ha cambiado el panorama desde mi punto de vista tras un año como conductor, y claro, novel.

Hoy cuelgo la “L”, y aparte de destinarla a ser un elemento decorativo en casa (que también se puede), veo hacia atrás y soy capaz de ver mi evolución a lo largo de los 12 meses de “L”, que no tienen nada que ver con los 12 meses de “L” de cualquier otra persona que sacase su carnet B más atrás en el tiempo. No tienen nada que ver porque yo no viví la limitación a 80 km/h (y como yo tantos cientos de noveles), que haría mis viajes medio/largos (que fueron más de una docena) tediosos hasta decir basta e incluso peligrosos.

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Resultaría interesante contrastar con noveles que hayan respetado en su momento la limitación a 80 km/h durante el año que son aprendices, porque yo no tengo pelos en la lengua la decir que debió ser un sufrimiento. Y apostillo: si durante el primer año como conductores dedicamos el 80% o 90% de tiempo de recorrido a la ciudad, o como mucho a las circunvalaciones de las ciudades, la limitación no es descabellada. Pero si es el 80% del tiempo el que has dedicado a circular en autovía en recorridos interurbanos, seguro que era una limitación bastante potente.

La “L” es una marca, una señal vial más que los demás conductores deberían interpretar con condescendencia porque indica “conductor en periodo de aprendizaje”. Realmente todos los conductores están en un perenne estadio de aprendizaje, no importa cuántos años lleven de carnet. Incluso hay diferentes tipos de novel, aquéllos que pasan un año sin circular apenas, otros que circulan con regularidad y otros que pasan de 10 o 15.000 km de carretera en sus primeros meses como “autorizado para circular”. En mi caso, no se si llego a 15.000 km de viajes, pero el primer día de carnet, hace hoy un año, conduje 200 kilómetros. Menuda liberación.

¿Cómo he vivido este año de adaptación y aprendizaje a ritmo alto? Lo he vivido como una liberación y como el hecho de sacarme la venda de los ojos. Que como “copiloto” tengo miles de kilómetros a la espalda, pero como conductor son menos y he visto de todo. Tristemente, de todo. Desde gente que aparentemente no soporta ver una “L” y presupone que lo hacemos todo mal, hasta gente que comete notorias imprudencias en la carretera que salen bien en ese momento, hasta verdaderos cafres del asfalto, tristemente en muchas ocasiones protagonizados por el mismo tipo de conductor (y lo siento por los demás o por los que pertenezcan a esa clasificación y sean buenos conductores): los repartidores y los poligoneros.

Pero después de todo este “rollo”, solo tengo una cosa que decir: el desterrar la “L” solo es un trámite, porque yo me siento conductor desde el día 1 en que salí prácticamente solo a recorrer esos casi 200 km (194 creo que fueron). Ahora solo tengo un año más de experiencia, nada más. No hay nada que me haga especial, y el panorama solo ha cambiado, con respecto a hace un año, porque hoy no tengo que pegar la “L” en el cristal trasero. Pero sigo teniendo que ajustar el asiento, los espejos,… ya que comparto coche. Nada ha cambiado, pero todo ha cambiado.