Qué son las supermanzanas y qué aportan a la seguridad vial en las ciudades

Seguro - Supermanzanas

(Imagen: Álex García)

La repercusión que está teniendo en los últimos meses la figura de la “supermanzana”, nos lleva irremediablemente a preguntarnos en Circula Seguro sobre qué puede aportar esta forma urbanística a la seguridad vial en las ciudades.

Y es que aunque el objetivo fundamental de las supermanzanas es mejorar la movilidad de los peatones y reducir las emisiones de CO2, es indudable que la seguridad de los ciudadanos se verá afectada de una manera u otra.

Qué son las supermanzanas

Una supermanzana (“superblock” en inglés, “superisla – superilla” en catalán) es un conjunto de manzanas de edificios que se configuran como una única unidad urbana. Su mayor característica es que las calles interiores suelen estar peatonalizadas o con tráfico restringido, bien en velocidad (generalmente a 10 km/h), bien a ciertos tipos de conductores (vecinos, repartidores, agentes de policía…). Por otro lado, la supermanzana queda delimitada por vías urbanas ordinarias para los denominados vehículos de paso, aquellos cuyos conductores tan sólo quieren cruzar la zona para llegar a su destino.

Circula Seguro - Supermanzanas y seguridad vial

(Imagen: iabd.org)

Así, de lo que se trata básicamente es que el peatón tenga prioridad en toda la zona interior de la supermanzana, que además estaría configurada con un mayor número de áreas verdes y de esparcimiento como plazas o parques. Por su parte, las bicicletas, los taxis y el transporte público tendrían acceso a sus vías interiores, con lo que se fomenta sobre todo el uso de medios de transporte distintos al vehículo particular. El objetivo que se persigue es doble: mejorar la movilidad de las ciudades y reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Aunque estas supermanzanas pueden ser de nueva creación (como casos en Caracas o Brasilia), generalmente son fruto de la reconstrucción de zonas catastróficas (como el famoso caso del World Trade Center de Nueva York) o de la reordenación urbana. En estos últimos casos el objetivo es recuperar un mayor porcentaje de la ciudad para el ciudadano, transformando calles con carreteras, cruces y aparcamientos en zonas de ocio y esparcimiento.

El referente en España (y en buena parte del mundo) es Barcelona, que cuenta con el precedente del centro comercial de L’Illa Diagonal y que ha estrenado en el mes de septiembre la superisla de Sant Martí, en Poble Nou. Esta superilla, que destaca por la compleja configuración de los cruces interiores, es una prueba piloto dentro del ambicioso plan del Ayuntamiento de Barcelona para la implantación en otros distritos de hasta siete nuevas superislas.

(Imagen: El Periódico)

Sin embargo, este proyecto piloto no ha estado exenta de polémica y de quejas por parte algunos vecinos, sacando a relucir los posibles inconvenientes que pueden acarrear las supermanzanas si no se implantan con la planificación adecuada: reducción de las plazas de aparcamiento, saturación de las calles ordinarias que recogen todo el tráfico, estigmatización de los vehículos privados…

Qué aportan las supermanzanas a la seguridad vial

Como decimos, aunque el objetivo último de las supermanzanas es mejorar la movilidad peatonal y reducir la contaminación acústica y ambiental, los posibles aportes a la seguridad vial no serían pocos.

  • Reducción del tráfico: Tomando como ejemplo la superilla de Sant Martí, el Ayuntamiento de Barcelona asegura haber “liberado” el 70% del espacio anteriormente reservado al tráfico. Esto supone pasar del 46% al 65% del espacio total dedicado al peatón, y de 174 a 380 hectáreas de zonas verdes. En otros casos como el del Stuyvesant Town-Peter Cooper Village, de Manhattan, una supermanzana compuesta por 110 edificios, la zona urbanizada ocupa tan sólo el 25% de una gran zona ajardinada. Toda esta reducción del tráfico de paso supone un descenso exponencial del riesgo de accidentes por atropello, pues no sólo se crean grandes espacios prioritarios para el peatón, sino que se le dan mayores alternativas para evitar aquellas calles donde no cuentan con prioridad.
  • Prioridad para los ciclistas: Las bicicletas son uno de los tipos de vehículos que pueden acceder al interior de las supermanzadas. En el caso de las vías interiores con velocidad limitada, pueden contar con prioridad además sobre los otros tipos de vehículos autorizados. En cualquier caso, por lo general cuentan con mayor libertad de movimientos, lo que permite que puedan evitar carreteras convencionales y circular de manera más segura.

Seguro - Supermanzanas

  • Reducción de la velocidad máxima permitida: En aquellos casos donde la peatonalización no se produzca al 100%, sino que siga contando con vías para el tráfico de vehículos, la velocidad podría estar limitada a 20 o incluso 10 km/h. Si la DGT ya estimó que reduciendo la velocidad máxima en ciudad de los 50 a 30 km/h se reducía el riesgo de atropello en un 85% y la mortalidad de los mismos del 45% al 5%, limitando la velocidad a los 10 km/h los casos de atropellos mortales podrían ser casi nulos.
  • Corredores temáticos: En muchos casos, la reordenación que se produce en las supermanzanas llevan aparejadas la promoción de corredores temáticos como rutas comerciales, escolares, sanitarias… Por ejemplo, un corredor escolar diseñado para canalizar de forma segura el desplazamiento de niños y jóvenes entre una parada de bus y un colegio cercano, y evitar así peligros innecesarios como cruzar carreteras o pasar por zonas conflictivas.
  • Esquinas achaflanadas: Se trata de un recurso urbanístico muy presente en las ciudades españolas, que agiliza la circulación y mejora la visibilidad en los cruces. En el interior de las supermanzanas (como en el caso de Sant Martí), permiten además establecer las vías de circulación en los carriles exteriores sin que se crucen entre ellas y usar el centro de los cruces para zonas peatonales.

En general, el objetivo de las supermanzanas no es sólo cambiar la jerarquía en los espacios urbanos en favor del peatón y en detrimento del vehículo privado, sino también establecer una mayor delimitación entre los espacios peatonales y las vías de paso masivo de vehículos. Ello conlleva invariablemente una mejora de las condiciones de movilidad y la minimización del riesgo. Una tendencia que parece imparable y que apunta a la exclusión progresiva del vehículo de motor del centro de las ciudades.

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