Las Smart City, y cómo beneficiarán a la seguridad vial

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Si hay un “término del año” este 2014, para mí, es el de Smart City. Se oye por todas partes, cualquier ciudad moderna quiere serlo, y muchas pretenden serlo sin siquiera acercarse al concepto. Una Smart City es una ciudad inteligente, una ciudad del futuro que reúne características como que está diseñada para maximizar la sostenibilidad, el respeto por el medio ambiente (implementa procesos como el reciclaje, aboga por el uso de materiales ‘verdes’,…) y que además integra tecnología en grandes dosis, como infraestructura para el coche eléctrico, sistemas inteligentes de gestión y control de tráfico, y un larguísimo etcétera que cabría en una tesis doctoral.

Por decirlo de otro modo, una ciudad no es ciudad inteligente solo por tener unos cuantos puntos de recarga para coches eléctricos en centros comerciales, calles importantes o parkings. Es una ciudad concebida y diseñada para causar el mínimo impacto posible al medio ambiente, para maximizar la calidad de vida de sus ciudadanos y reducir a mínimos increíbles los índices de contaminación ambiental, acústica y cualquier otra que se nos ocurra. Ojalá existiese hoy una sola ciudad así en España, porque veríamos cómo, como beneficio colateral, la seguridad vial se vería muy potenciada.

Antes de seguir, quiero comentar que sí existen smart cities en el mundo, o eso dicen, y que hay un estudio interesante del IHS sobre el tema que dice que se van a multiplicar por cuatro, nada menos, las ciudades inteligentes en el mundo entre 2013 y 2025. Es un dato espectacular si no fuese porque hablamos de pasar de unas 21 ciudades inteligentes en 2013, a unas 88 ciudades en todo el mundo en 2025. Eso, en porcentaje es tan pequeño que será nada más que anecdótico… aun en 2025. Si solo en España hay más de 8.100 municipios, hagamos cuentas.

La utopía de las cero víctimas de tráfico en las ciudades

En España parece algo utópico, pero en países como Finlandia o Suecia las cosas avanzan a mayor ritmo que aquí. Los suecos tienen un programa que se llama Vision Zero, que lleva muchos años en activo y que pretende erradicar las muertes al volante a través de la educación, mientras que en Finlandia están abogando por la mejora integral de sus infraestructuras hasta el punto de que, en un futuro a corto plazo, nadie necesitará coche propio en sus ciudades. Las dos cosas entran en el saco de ciudad inteligente.

Para nosotros, aparte de los aspectos más generales de las ciudades inteligentes, lo que nos interesa es todo aquello que tiene que ver con la seguridad para peatones, conductores de todo tipo (de coches, de motos, de bicicletas) y con las soluciones tecnológicas a problemas de tráfico, como por ejemplo los carriles moto (que tratan de conciliar el tráfico entre dos colectivos muy diferentes), tecnología para regular semáforos de forma adaptativa al tráfico, un diseño más eficiente de las calles y de las circunvalaciones, la separación efectiva, y definitiva, de peatones y tráfico rodado…

Las reformas profundas en las infraestructuras supondrían un porcentaje enorme del éxito de tener cero víctimas en las ciudades, pero no se podría conseguir sin educación. Eso es así. Sin embargo es necesario que las ciudades inteligentes tengan en cuenta que la separación entre peatones y tráfico es esencial, y eso supondría una transformación total en esas ciudades. Imaginad cualquier ciudad española con total separación entre peatones y tráfico: que ningún peatón pueda acceder, ni por accidente, a la calzada. Queda mucho por delante, todavía.

Proyectos como Vision Zero, o la perspectiva de que en un futuro el coche particular no sea necesario, y que además nadie quiera tener uno, son parte del camino hacia la ciudad inteligente, como también lo es disponer de redes de recarga, de parkings inteligentes, de sistemas adaptativos de gestión de tráfico, o soluciones 100% sostenibles para el tratamiento de aguas, residuos y contaminación acústica o lumínica. Quizá estemos caminando hacia un escenario en el que se haga realidad un dicho como “muerto el perro, se acabó la rabia”, pero ¿y si la utopía la estamos viviendo nosotros hoy al disponer de un coche para uso individual?

Foto | Regiars