Las señales de tráfico y la ignorancia del visitante

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Nota:
Este texto está pensado para los conductores que, como yo, van arriba y abajo sin un GPS o para aquellos que, aun teniéndolo, acaban por perderse igualmente porque las indicaciones que les da el aparatito no guardan un parecido razonable con la realidad.

Circulando por tierras que nos son extrañas, como a menudo sucede a estas alturas del año, podemos encontrarnos con que la señalización, lejos de ayudarnos, nos pierde más de lo que ya estamos. Un exceso de información o una falta de ella, la excesiva repetición de indicaciones y la repentina ausencia de ellas nos puede sumir en un estado próximo al nerviosismo cuando comprobamos que llevamos más de media hora perdida en dar vueltas alrededor de lo que creíamos que era el camino correcto.

¿Qué podemos hacer en estos casos?

Lo primero es mantener la calma. De hecho, estamos de vacaciones, así que no hay por qué estresarse tontamente. Al fin y al cabo, nuestro destino continuará en su sitio si nadie lo mueve de allí. Por tanto, nos conviene llegar tranquilos para poder disfrutar de nuestro merecido descanso.

En segundo lugar, conviene informar a nuestros acompañantes sobre nuestra desorientación y de cómo esta circunstancia nos hace estar tensos, por lo que un comentario del tipo “si es que tenías que haber tirado para abajo” no resulta bienvenido ni ayuda lo más mínimo. Por el contrario, se puede estimular a los ocupantes del vehículo a buscar indicaciones en silencio.

Si realmente no hay narices de encontrar lo que buscamos, siempre es una solución detener la marcha y, con el vehículo parado, echar un vistazo a cuantos mapas y anotaciones llevemos encima. Si ni por esas logramos encontrar el camino, existe una norma de oro: no preguntar jamás por nuestro destino a un vecino de la zona. ¿Paradójico? Sin duda, pero realista. El afán de ayudar puede estar muy por encima de las posibilidades reales del bienintencionado lugareño que sin querer nos puede acabar perdiendo todavía más. Y eso sin contar con que nos encontremos con un gracioso que nos manda deliberadamente a la otra punta de la comarca. El sentido del humor no siempre es universal.

¿Cuál es la alternativa, entonces? Preguntar a ese mismo vecino sobre la ubicación de la comisaría de Policía (o el cuartel de la Guardia Civil, etcétera) más cercana. Eso sí que suele conocerlo todo el mundo, y serán los agentes quienes nos den la mejor información, generalmente ayudándose de un plano o un mapa con el que seguramente nos aclararemos por completo.

Cuando demos con nuestro anhelado destino, siempre nos quedará la posibilidad de reclamar por la deficiente señalización que no nos ha ayudado en nada a llegar a buen puerto. El RACC pone a disposición de todo el mundo un formulario para estos menesteres. De todas formas, no nos engañemos, las señales de indicación raramente se disponen pensando en el visitante. Lo habitual es colocarlas para aquellos que ya conocen el lugar. No sé por qué, pero esa es la paradoja de este tipo de señalización.

  • Ante todo, como bien dices, guardar la calma… y que los compañeros no nos estresen, que hay de todo, jeje.

    A mi cuando me preguntan dónde queda tal sitio prefiero no decirles nada, porque seguro que los lío más 😛

    PD: esa imagen que has puesto es mitiquísima, y justamente de mi ciudad (Ourense) 😀

  • La verdad que la gente te lia más y a saber donde te mandan (si preguntas a 2 o 3 personas cada cual te manda a una punta diferente…).
    Aunque a mi me ha pasado, preguntar a un policia por la Gran via (Madrid) y nos mandó casi hasta burgos… [todo recto y en la rotonda a la izquierda dijo….. ¡no habia rotonda! y terminamos en la autopista en la otra punta de la ciudad casi.

    Lo mejor es casi el mapa de carreteras…y que el acompañante te indique (porque el GPS hay sitios donde está mas perdido… que el propio conductor)