Las seis fuentes de prueba atribuibles al conductor tras un siniestro vial

prueba siniestro vial

Las cifras que se pueden obtener de las estadísticas que maneja el Ministerio del Interior sobre delitos contra la seguridad vial son nada menos inquietantes. No son pocos los funcionarios, adscritos al Fiscal de Seguridad Vial, que coinciden en que el mecanismo para la investigación de siniestros viales no se cierra cuando existen indicios de imprudencia, por parte de alguno de los conductores implicados. La aportación de las fuentes de prueba facilitadas por las policías de tráfico junto con la confección de atestados, informes técnicos periciales e informes forenses son suficientes para valorar los hechos y tipificar las conductas que pudieran ser delictivas. Pero…, ¿cuáles son esas fuentes de prueba?

Dar positivo en alcohol

Debemos saber que el alcohol, como fuente de prueba, está implicado en el 30 y el 50% de los siniestros mortales. Un dato que lo convierte en uno de los principales factores de riesgo en la conducción. Precisamente por eso, desde la última modificación del Reglamento General de Circulación, en cuanto a sanciones se refiere, se están duplicando las multas a los reincidentes y a los conductores que doblen la tasa establecida.

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Entre los errores e infracciones más comunes que más se producen bajo los efectos del alcohol podemos citar, los siguientes:

– Detenerse en el carril sin causa justificada.
– No guardar la distancia de seguridad entre vehículos.
– Realizar giros con excesiva amplitud.
– Circular por el carril incorrecto.
– Circular invadiendo el carril contrario.
– Responder tarde a la señalización.
– Conducir de forma irregular.
– Efectuar adelantamientos antirreglamentarios.
– Señalizar de manera incorrecta las maniobras.
– No utilizar de forma adecuada las luces.

Consumir drogas

Puede que ya sepamos cómo se hace un control de drogas pero no está demás recordar que antes de comenzar la prueba, el agente nos debe informar el motivo por el cual estamos obligados a realizar la prueba. Por otro lado, el hecho de negarse a realizar las pruebas, tanto de alcohol como de drogas, se consideraría como un supuesto delito y, en consecuencia, castigado en el código penal vigente con una pena de prisión de 6 meses a un año y la privación del derecho a conducir de 1 a 4 años.

Además de las bebidas alcohólicas, hay toda una serie de productos generalmente ilegales que también pueden alterar gravemente nuestra capacidad para conducir vehículos con seguridad. Nos referimos a las llamadas drogas de abuso, entre las que destacan: el hachís, la marihuana, la cocaína, las anfetaminas, el éxtasis o la heroína. Por eso y debido a su impacto en la siniestralidad, su consumo se considera una fuente de prueba para determinar el grado de influencia que ha tenido en el conductor.

Las drogas se suelen clasificar en tres grupos: depresoras, estimulantes y perturbadoras. Cada una de ellas tiene unos efectos característicos que hacen peligrosa la conducción bajo su influencia. En general, bajo el efectos de las drogas, suelen presentarse en el organismo los siguientes síntomas:

La percepción y la atención quedarán gravemente alteradas, por lo que no dispondremos de la información adecuada para interpretar las situaciones de tráfico,
Se producen alteraciones muy importantes en el pensamiento, que pueden llevar a tomar decisiones incorrectas e imprevisibles,
Disminuirán los reflejos y la coordinación motora, provocando que los movimientos sean mas lentos e inadecuados,
Provocan estados de conciencia alterados,
Y, finalmente, con pequeñas dosis pueden llegar a producir en el organismo grandes efectos.

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Si el resultado de la prueba de drogas da positivo por la mera presencia en el organismo, es decir, por conducir habiendo consumido algún tipo de droga sería una multa administrativa de 1.000€ y la detracción de 6 puntos del permiso de conducir. Si el motivo de la prueba de drogas es por conducir con influencia en la conducción, es decir, con síntomas evidentes, infracción grave a las normas de tráfico o haber provocado un incidente vial, podría considerarse como delito castigado, en el código penal, con pena de prisión, multa o trabajo en beneficio de la comunidad (una de las tres) y además, con la privación del derecho a conducir de 1 a 4 años.

El tiempo de reacción

El tiempo de reacción es el tiempo que media entre la estimulación de un órgano sensorial y el inicio de una respuesta a una reacción. Hablamos de tiempo de reacción simple cuando se usa un único estímulo y se mide el tiempo transcurrido entre la aparición del estímulo y el comienzo de la respuesta. Se suele considerar normal un tiempo de reacción de 0,75 segundos, durante los cuales recorrerás más o menos metros dependiendo de la velocidad a la que circules. Por ejemplo, si vas a 50 km/h recorrerás unos 10 metros antes de empezar a frenar, mientras que a 120 km/h la distancia recorrida ascendería a 25 metros. En esas distancias que se recorren, además de la velocidad, influyen de manera importante:

El estado de la vía (firme en mal estado, etcétera…),
Las condiciones climatológicas (lluvia, nieve, etcétera…),
El estado del vehículo (frenos, neumáticos, amortiguación, etcétera…),
El estado del conductor (fatiga, sueño, alcoholemia, etcétera…).

Entre los factores que aumentan el tiempo de reacción están: la edad del conductor, la falta de pericia o experiencia, las altas o bajas temperaturas, la fatiga, mala postura al volante, comidas copiosas, el sueño, el estrés, el estado de ánimo y, en definitiva, las distracciones o desatenciones que se puedan producir durante la conducción. Por ello, como decíamos antes, es muy importante adecuar nuestra velocidad al estado en el que se encuentren estos tres elementos (vía, vehículo y factor humano).

Las enfermedades y patologías incompatibles con la conducción

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Las seis enfermedades que tienen un mayor riesgo de afectar a nuestras capacidades para conducir son las relacionadas con el corazón, las respiratorias y los trastornos mentales. Desde una simple pérdida repentina de conciencia o mareo hasta déficits cognitivos graves como, la desorientación, pasando por la pérdida de atención, son los posibles riesgos al volante.

En cuanto a los medicamentos que pueden alterar gravemente nuestras capacidades para conducir con seguridad hay de muchos tipos, aunque, en general podríamos destacar los ansiolíticos, sedantes, antidepresivos, neurolépticos y psicoestimulantes. Sus efectos pueden ser: somnolencia, visión borrosa, sobrevaloración de la capacidad para conducir, etcétera…

Hay que pensar que los medicamentos no producen los mismos efectos en todas las personas, por lo que nunca debemos automedicarnos, ni hacer caso de personas que no sean profesionales de la salud. Igualmente puede ocurrir con las denominadas medicinas alternativas o medicinas naturales, ya que en determinados casos pueden igualmente producir efectos negativos en la conducción. En todo caso, hay que evitar los medicamentos que sean contraproducentes para una conducción segura. Para ello, debemos consultar a nuestro médico antes de ponerse a los mandos de cualquier vehículo.

Campo de visión reducido

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Esta infografía muestra gráficamente, cómo se reduce el ángulo de visión conforme aumenta la velocidad y qué elementos importantes para la seguridad en el tráfico se pueden perder por ello. Nos viene a explicar que cuando se incrementa la velocidad de circulación se va reduciendo el ángulo de visión del que percibimos objetos y personas. Así, por ejemplo, a 65 km/h el ángulo de visión se ha reducido hasta los 70 grados, mientras que a 100 km/h el ángulo de visión periférica baja hasta 42 grados. Y, a 130 km/h, solo 30 grados, apareciendo el llamado ‘efecto túnel’.

La distancia de frenado es aquella que recorre el vehículo desde que pisas el pedal del freno hasta que se detiene el vehículo. Está determinada principalmente por la velocidad a la que circulas, pero también se ve afectada por:

– La masa del vehículo, la carga que lleves y su colocación,
– el estado de los frenos, los neumáticos y los amortiguadores,
– la existencia y funcionamiento de los dispositivos electrónicos de asistencia a la frenada,
– las condiciones de la vía (húmeda, seca, con firme liso o rugoso),
– las condiciones del entorno (nieve o hielo).

Dicho esto, podemos decir que, el campo de visión será necesario para disminuir la distancia de detención o de seguridad necesaria ante cualquier imprevisto. Pues bien, dicha distancia de detención es igual a la suma de la distancia de reacción (espacio que recorres antes de pisar el freno) mas la distancia de frenado (espacio que recorres durante la frenada). Es por ello que, a mayor concentración menor será la distancia de reacción recorrida para poder evitar una colisión por alcance o una salida de vía. Un campo de visión que dependerá, entre otros muchos factores, de nuestras capacidades y condiciones: reflejos, estado de ánimo, nivel de alerta e incluso de la temperatura del interior de nuestro coche.

El Plan de viaje

Existen otras fuentes de prueba que aportan evidencias como, por ejemplo: certificados y registros médicos, listado de llamadas telefónicas y el plan de viaje. Unos datos sobre el plan de viaje que pueden obtenerse de la cronología de Google Maps o navegadores GPS a través del teléfono móvil u ordenador personal. Pero…, ¿por qué es importante conocer la previsión del viaje tras un siniestro vial? Pues, porque es la mejor forma de describir como sucedieron los detalles previos al suceso. El motivo del viaje, itinerario seguido, paradas realizadas, así como la hora de salida y hora prevista de llegada.

El factor humano es determinante para el estudio de las causas de cualquier siniestro vial. El conductor es el protagonista del vehículo que utiliza dentro del entorno por donde decide moverse. Para ello, se recurre a las fuentes de prueba a la hora de investigar y analizar todos los condicionantes sobre cualquier suceso vial.

En definitiva, hay que vincular las acciones del conductor con las fuentes de prueba. Por ejemplo, una frenada de emergencia se debería poder vincular al conductor con su acción de pisar el pedal de freno. El sistema de frenado actúa a través de los neumáticos y éstos, debido a la fricción, dejan una huella visible sobre la calzada.

Foto | DGT, Victor
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