Las mejores historias son aquellas en que una persona normal hace actos extraordinarios

Trompo, girando y girando

La historia que os contaré es tan real como la vida misma. Me la relató en primera persona su propia protagonista. Por eso de que siempre viene bien poner un nombre, podemos llamarla Rosa Mari Hernández. O, como ella misma se llama, «RH positivo».

Como tantos, Rosa se siente orgullosa de ser una buena conductora. Con las dosis adecuadas de agilidad y precaución. De hecho, se alegra al decir que sólo ha tenido un susto en su vida en la carretera. Eso sí, ¡que susto!

Mari no se avergüenza al reconocer que fue al 100% su culpa, y que tuvo suerte. Mucha suerte. Si lo mismo le hubiera sucedido en otro lugar, o si hubiera habido otros vehículos en aquél rincón de Castilla en aquél momento… entonces nunca habría podido conectarse al IRC, y nunca habría podido contarme esta historia.

Ocurrió más o menos así: Rosa, al volante, circulaba por una carretera de la meseta española, con otras tres personas. Acuciadas por el síndrome de abstinencia, decidieron encender un pitillo en plena ruta. Entre risas y sonrisas, a su hermana (que iba en el asiento del copiloto) cometió una pequeña torpeza. Se le cayó el cigarro.

Impulsada por actos reflejos, nuestra protagonista se agachó para cogerlo al vuelo. Mientras lo hacía, por la mente se le cruzó la idea de que la estaba cagando. Debería estar mirando fijamente a la carretera.

Ella describe lo que ocurrió entonces de la siguiente forma:

Cuando volví la vista a la carretera pensé que me salia y di un volantazo. Empecé a girar y girar.

Los tropos debieron ser impresionantes.

Coche derrapando

La señorita Hernández, según dice, tuvo la sangre fría de no pisar el freno, lo que probablemente hubiera agravado el derrape salvaje que estaba sufriendo. Se concentró para intentar controlar el volante.

Al final, como si de una película se tratase, terminaron justo en el borde de un terraplén en el lateral de la carretera, con una rueda colgando. Pero ilesas. De puro milagro.

Rosa Mari hoy se muestra muy orgullosa de cómo controló el vehículo. «En cuestión de seguridad, igual si me sirvió de algo lo que me dijeron en la autoescuela».

Sin embargo, asiente cuando se le recuerda que, probablemente, le habría sido mucho más útil recordar que uno no debe agacharse ni apartar la vista de la carretera mientras conduce. Seguramente, le habría sido más útil recordad que un volantazo es la peor reacción posible en cualquier situación. Que el volante tiene que manejarse con suavidad; sobre todo en caso de emergencia.

Dicen que las mejores historias son aquellas en que una persona normal realiza actos extraordinarios. Eso puede ser así en el cine. Pero en seguridad vial, por lo menos yo no estoy de acuerdo.

Sin duda, Rosa Mari Hernandez hizo algo extraordinario al controlar su encabritado vehículo, cuando hacía trompos salvajes. Evitó que su madre perdiera dos hijas de golpe, sin hablar de sus otras amigas. Pero supongo que coincidiréis conmigo que la historia de un viaje en carretera sería mucho mejor sin ese tipo de actos extraordinarios, ¿verdad?

Fotos | ★ Eɳcɑɳto, Enanon