Las fases del siniestro vial (y 3): situación límite

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Un escenario vial por donde nos movemos como conductores o peatones y donde experimentamos en cualquier incidente rodado las fases de percepción, respuesta y, por último, la menos deseada por tratarse de una situación limite, como es, el conflicto.

Situación límite podría ser el título de una buena película pero no viene al caso aunque sí relacionado con el tema de hoy ya que puede representar la última fase en la que se divide el siniestro vial, es decir, el momento en el que se produce físicamente el incidente. Una fase que puede dividirse: en momentos o lugares, punto de máximo efecto, colisiones reflejas y posiciones finales.

Lugar del conflicto y punto de colisión

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Llegados a ese escenario nos encontramos con el recorrido o tramos afectados por los intervinientes en el suceso. Se trata de la fase de conflicto y que puede representarse por el espacio donde se desarrolla el incidente. Un incidente que viene, como dijimos al principio de la serie, por una sucesión de eventos encadenados y no por algo casual o inesperado.

Si vamos a los mandos de cualquier vehículo: una velocidad inadecuada por un tramo curvo o mojado por lluvia, una distracción o desatención debida a cansancio o fatiga, la irrupción de un peatón desorientado por una arteria principal de la ciudad, una intersección deficientemente señalizada por una avería puntual de los semáforos, un fallo en el sistema de frenado del vehículo debido un mal mantenimiento del mismo, son circunstancias que pueden desembocar en un siniestro vial si no ponemos de nuestra parte.

De no ser así, nos encontramos con el conflicto, es decir, la zona de máximo efecto, colisión o choque entre, al menos, una de las partes que interviene, sin olvidarnos, por supuesto, del incidente solitario como, por ejemplo, el vuelco, caída y salida de vía. Un incidente donde examinado el mismo nos revela el punto de conflicto o colisión, es decir, el lugar donde se produce el contacto físico, por ejemplo, entre vehículos, vehículo y peatón, vehículo y obstáculo, etcétera.

Las ‘tres pes’ de un conflicto

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Existe una teoría en psicología que nos dice que para analizar y así comprender un conflicto, hay que tener en cuenta tres actuaciones muy diferentes y que, también pueden aplicarse al fenómeno vial para entender por qué desembocamos a ese conflicto:

– Las Personas, son los involucrados y afectados. Hay que reconocer qué papel desempeñan, cómo se relacionan y qué influencia tienen. Averiguar las verdaderas preocupaciones y las necesidades de fondo de la gente. No hacer del conflicto un problema personal.

– El Proceso, es la forma en que el conflicto se desarrolla y como las partes intentan resolverlo o zanjarlo. Regularmente, intervienen las relaciones de poder que pueden degenerar en la amenaza como único modo de influir en otros para producir el posible cambio que mejore la situación.

– El Problema, es el hecho de divergencia entre las partes. Es necesario distinguir entre conflictos reales (aquellos que la satisfacción de una parte impide la otra) o conflictos innecesarios.

En conclusión, el resultado del conflicto nos explica como se ha producido el mismo si tenemos en cuenta qué ha pasado tras la colisión, choque o atropello. Por ejemplo, las posiciones finales, los daños materiales y personales provocados así como aquellas colisiones reflejas o secundarias nos dan las trayectorias recorridas con anterioridad y durante el evento. Finalmente, los desplazamientos de las personas y vehículos tras el impacto, revelarán la magnitud del suceso.

En Circula seguro | Las fases del siniestro vial: (1), (2) y (3)
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