Las actitudes más peligrosas, ¿son las más sancionadas?

Policía Local de Oviedo

Ahora que no nos escucha nadie, dejadme que os haga una confesión. Como activista de la seguridad vial y la conducción responsable, muchas veces me encuentro ante la vicisitud de mantener posturas algo delicadas cuando mi forma de pensar colisiona con el mundo real.

Me refiero sobre todo a las típicas discusiones sobre multas, afán recaudatorio, radares,… Supongo que ya imagináis por donde van los tiros. Aunque sean verdades como templos de elefantes, es muy difícil decirle a alguien que le acaban de sisar doscientos euros del bolsillo que «a 140 la energía cinética es un 36% superior que a 120» o «corriendo tanto, en vez de dinero, podrías perder la vida».

Porque,ahora que no nos escucha nadie, el simple hecho de creer que los conductores deberíamos pensar un poquito más en nuestras vidas, y las vidas de los que nos rodea, no significa que automáticamente deba estar conforme los estamentos responsables.

En los últimos años hemos asistido a cambios normativos en este asunto. MultaAlgunos dicen que final habrá más delincuentes viales que asesinos en los calabozos. No sé muy bien si es lo adecuado o no. Aunque, probablemente, mueren más personas en la carretera que asesinadas (si es que hay diferencia).

Seguramente, la mayor parte de las multas que se imponen hoy en día son plenamente justificadas, por muy contrariado que se sienta el multado. Especialmente, en lo que refiere a las sanciones acumulativas que llevan a retiradas del permiso. Porque, siguiendo el razonamiento de un antiguo conocido mío (quien lo decía tras haber hecho el curso de reinserción vial), «si te han puesto cinco multas como para quitarte el carnet no es por casualidad, en realidad has estado haciendo el cafre mucho más a menudo».

Sin embargo, ese argumento demuestra un par de las graves deficiencias de la situación vial actual. Si «en realidad has estado haciendo el cafre mucho más a menudo», significa dos cosas.

En primer lugar, que la educación vial fracasó de pleno con dicho individuo, su actitud temeraria y antisocial (vialmente hablando) es constante y repetitiva. Ese es el gran caballo de batalla. Con una educación vial adecuada (ya no digo perfecta, digo adecuada), probablemente daría absolutamente igual qué legislación tuviéramos.

Policías multando a una conductora

Lo segundo que me preocupa en la afirmación es que asume que, en realidad, se castigan un porcentaje muy pequeño de las infracciones que realmente ocurran. Básicamente, podemos hacer lo que nos dé la gana excepto en los puntos donde hay un policía o un radar (y lo primero, a menudo ni siquiera es suficiente para actuar correctamente…).

Repito, el camino es siempre la educación constructiva, que reafirme las buenas conductas. Pero, puestos a elegir el camino del castigo, la verdad es que lo estamos haciendo bastante mal si el objetivo es reducir el riesgo vial. Porque, ahora que no nos escucha nadie, a la práctica nos limitamos a sancionar lo que es sencillo de castigar: velocidad y aparcamiento.

Respondiendo a la pregunta del título, dudo mucho que haya alguien intentando convencernos que las infracciones de aparcamiento normalmente representan un peligro. Vale, en contadas ocasiones sí: zonas donde se limita la visibilidad… si alguien aparca en medio de la autopista, se merece la multa de aparcamiento. Pero, en la mayoría de ocasiones hay mucha cara dura, mucho incivismo, pero peligro real no tanto.

En cuanto a la velocidad, sin duda su exceso sí representa un riesgo. Por lo menos, si los límites están bien puestos. No obstante, la velocidad por si sola tampoco es lo más importante. Lo que convierte ese riesgo en peligro de muerte es la combinación de la velocidad con otras infracciones.

La lista es inmensa: escasa distancia de seguridad, mal uso de los carriles, no respetar prioridades de paso, realizar maniobras sin señalizar o a escasa distancia de otros vehículos, etc.

Gracias por seguir las normas

Sin embargo, todo ello no se sanciona normalmente. Al menos ingenuamente, no parece que sea muy difícil pensar que los radares actuales podrían programarse para medir distancias de seguridad, o incluso si alguien circula por el carril central sin estar adelantando.

¿Por que no se hace? No lo sé. Uno puede pensar varias opciones, dependiendo de lo bien o mal pensado que sea. Quizá a nadie se le ha ocurrido. Quizá hay limitaciones técnicas en los aparatos que lo prohíben. Quizá realmente lo que importa es recaudar, no reducir las actitudes de riesgo, y para eso la velocidad y el aparcamiento ya llegan.

Si se hiciera, lloverían críticas por todos lados. Pero, por lo menos, la gente empezaría a dejar distancia y circular por la derecha, ni que fuera por evitar la multa. Si no lo hace por convencimiento, por lo menos por eso.

No sé qué infracciones de las que actualmente se sancionan poco deberían ser más perseguidas. Las que a mi personalmente me sacan realmente de mis casillas son las dos que he ido utilizando como ejemplo: distancia de seguridad y elección incorrecta de carril.

No obstante, no quiero terminar sin reiterar que la vía del talonario de multas no es la que erradicará las muertes en carretera. Simplemente, los humanos no solemos aprender por castigo (que siempre llega tarde), sino por educación. Como siempre dice el maestro Camós, la educación vial es cuestión de eso, de educación.

Fotos | Gonmi (I), rahego (III)