La vida real y la vida desde la perspectiva del alumno de autoescuela

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Os juro que no quiero meterme con mis compañeros, sobre todo con Josep. No es mi intención, y de hecho lo que voy a escribir ahora no va en contra de nada de lo que se ha dicho en esta casa. Es más, creo que vendrá a reforzar todo lo que solemos contar. Como sabréis de otros posts, llevo poco tiempo relativamente con el carnet B. Bueno, poco tiempo absolutamente, pues acabo de cumplir cuatro meses de conductor. Al haber sacado el carnet a una edad ya, digamos, madura, pude comprobar de primera mano cómo es la vida dentro de la autoescuela y cómo es realmente fuera.

Lo primero, confío en los formadores de las autoescuelas, confío en su criterio y en su profesionalidad. De hecho he aprendido cosas que considero muy útiles a la hora de salir a la carretera. También he aprendido que los despistes son uno de los mayores males del conductor, y que por mucho que el código es correcto por definición, en ocasiones nos podemos topar con incongruencias o con conjuntos de señales confusos. Eso pasa, y lo podemos haber visto casi todos en cualquier momento.

Ahora mismo recuerdo una práctica en concreto en la que comprobé cómo en un tramo se daba una curiosa situación por la que no tardé en protestar. Tramo que era de examen, por cierto, ya que en mi ciudad no hay demasiadas alternativas que yo sepa. Es pequeñita. Bueno, la cosa es como sigue: después de salir de la ciudad para incorporarse a la autovía, se recorren unos dos kilómetros aproximadamente y se toma la salida (digamos la Sur, que ahora no recuerdo exactamente pero creo que es la Sur).

Dicha salida es bastante cerrada, las señales de 90-70-40 se suceden rápidamente y hay que darle bien al freno. Para un practicante, significa una frenada más fuerte de lo habitual, eso os lo aseguro, la primera vez. Pues bien, la curva es realmente cerrada, y aunque estoy seguro de que se puede tomar a 60, no se recomienda con ningún coche porque… suele haber hielo (esto era en enero). Es una zona que tiene sombra permanente pero que da la sensación de que no puede ser eso. A la vista piensas que ahí, en algún momento del día, le ha dado el Sol. Error. Y de ese error, la confianza, y de la confianza el piñazo.

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Pero ese no es el quid de la cuestión. Resulta que el siguiente tramo de carretera está limitado a 40 km/h durante unos 400 metros o 500 metros. Por ser generoso. Ese tramo desemboca mucho más adelante en una rotonda que nos lleva a diferentes partes de la ciudad: por un lado un polígono industrial, por otro la ciudad. Cuando termina el tramo limitado a 40 km/h, se uno otro tramo por la derecha en el que los coches vienen a 60 km/h y es el momento en que hay que cambiarse de carril.

La pregunta al monitor es inmediata: ¿no es un tramo demasiado largo para ir a 40 km/h, siendo recto y con buena visibilidad? La respuesta es que sea como sea, hay que respetar ese límite, en el exámen podemos picar y ponernos a 60 al venir acostumbrados a la velocidad de la autovía, con el consiguiente fallo grave por exceso de velocidad. Vale, pero ¿y en la vida real? Pues lo mismo. He de decir que ahí el monitor se mantuvo firme en que lo correcto era mantenerse en lo que dictan las señales.

Mi percepción es que eso puede valer para alguna gente, quizás yo lo veo desde un punto de vista más maduro. O más iluso. Pero ¿qué pasa con un chaval que esté sacándose el carnet? ¿Va a asumirlo igualmente? ¿Y con un conductor con muchos kilómetros de experiencia y el “culo pelao”? Las marcas de neumáticos agarrándose a la carretera como si les fuese la vida en ello me dicen que no, que la vida real por desgracia pocas veces tiene algo que ver con la vida desde la perspectiva de un alumno de autoescuela, y desde la perspectiva de pasar un exámen.

Fotos | Christian Frasuto Bernal, fraufrida