‘La tercera oportunidad’ (3): La lluvia

La tercera oportunidad

Seguimos con nuestro especial ‘La tercera oportunidad‘, una forma particular de revisar lo que nos contaban en el veterano ‘La segunda oportunidad’, y en esta ocasión nos vamos a referir a conducción y la lluvia. Como es lógico hablaremos de adherencia, de neumáticos, de frenos y de prudencia y sentido común.

El exceso de confianza, la mala utilización del freno y unas condiciones de visibilidad malas desembocan en una más que previsible colisión en una carretera secundaria. La clave del vídeo está en qué hacer para evitar ese problema gracias a la segunda oportunidad televisiva.


¿Cómo se trata el tema hoy en día? En principio, todo lo que se dice en el vídeo sigue vigente: la adherencia y capacidad de frenado es muy superior en seco que en mojado, y muy superior, en cualquier caso, con neumáticos en buen estado. La prueba que se hizo en el Jarama se hace hoy en cursos de conducción segura, y los resultados son equivalentes.

Digo equivalentes porque el “equipo” ha mejorado considerablemente: neumáticos, suspensiones, sistema de frenado (ABS), controles electrónicos de estabilidad (ESP)… todo ello contribuye hoy a una frenada más segura, estable y eficaz, reduciéndose las distancias de frenado con holgura.

Eso no quiere decir que hoy lo tengamos más fácil. Se circula a velocidades importantes igualmente, y a lo mejor el refuerzo que tenemos mediante la electrónica nos hace creer que estamos más seguros que hace 40 años, cosa que es cierta gracias al batallón de sistemas de seguridad activa y pasiva.

El ABS ya se encarga de realizar una frenada intermitente y continua, para que los neumáticos no se bloqueen. Seguramente es el mayor avance de cara a conseguir que un conductor al azar haga una verdaderamente buena frenada en condiciones adversas. Las suspensiones, los neumáticos modernos con mayor capacidad de evacuación de agua y los frenos más potentes ayudan a reducir la incertidumbre ante una situación de riesgo.

Lo que no cambia es el concepto: en agua debemos circular con una “holgura de seguridad”. Si la distancia de seguridad que mantenemos normalmente es de 50 metros, en agua debemos aumentarla hasta tener visibilidad perfecta y, sobre todo, para asegurarnos de poder reaccionar con celeridad. No podemos apostarlo todo a los sistemas de seguridad cuando está en nuestras manos circular con cabeza.

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