‘La tercera oportunidad’ (21): Camionetas de reparto

La tercera oportunidad - La segunda oportunidad TVE

Un lunes más, vamos a abordar ‘La tercera oportunidad’, esta serie de artículos con los que repasamos, una a una, todas las entregas de la serie ‘La segunda oportunidad’, presentada por Paco Costas en TVE a finales de los años 70.

En esta ocasión, hablamos de camionetas o furgonetas de reparto, un tipo de vehículo que entraña unas características muy especiales que pueden dar lugar a riesgos específicos para sus conductores y también para el resto de usuarios de la vía. Pero, como venimos haciendo cada semana, primero damos paso al vídeo y así observamos cómo se explicaba hace casi 40 años la problemática asociada a este tipo de transporte.

En la España que retrataba ‘La segunda oportunidad’, encontrábamos un modelo de transporte que se había abierto camino poco a poco en la sociedad: la entrega de mercancías al detalle mediante el uso de furgonetas de reparto. En el reportaje queda claro que una falta de conciencia –e incluso de formación– sobre lo que supone manejar estos vehículos puede derivar en un siniestro de fatales consecuencias.

Hoy, los vehículos con los que se realiza el transporte de mercancías han evolucionado hasta el punto de no parecerse en prácticamente nada a estos antepasados mecánicos que veíamos en movimiento. Pero, ¿y en el punto clave que analiza ‘La segunda oportunidad‘? ¿Ha habido evolución en cuanto a la “conducción irresponsable” de la que nos alertaba Paco Costas? El periodista citaba tres reglas para evitar siniestros viales donde hubiera implicada una camioneta de reparto:

  1. velocidad moderada,
  2. circulación por la derecha,
  3. distancia de seguridad en atención a la masa y velocidad del camión.

Evidentemente, la Física no ha cambiado nada en estos años. La energía cinética que acumula una furgoneta de reparto a plena carga y en movimiento es muy elevada, dada la masa del vehículo más la masa de la carga que transporta. Desde luego, mucho más que la mayoría de los turismos. Y es aquí donde vale la pena detenerse un instante para preguntarse cuántos conductores de turismo han sido formados haciendo hincapié en la diferencia sustancial que existe entre llevar un turismo y llevar una furgoneta de 3,5 t de masa máxima autorizada, por más que ambos se puedan conducir, reglamentariamente hablando, con una misma autorización administrativa.

Por explicarlo de otra manera, podemos reparar en el detalle de la velocidad máxima en zona urbana. En los años 70, tal y como cita Costas –y tal y como recordamos muchos– el límite de velocidad en ciudad era de 60 km/h, seguramente porque alguno había que fijar. Hasta que los investigadores no mostraron estadísticas de los daños sufridos por los peatones, no se redujo ese límite a 50 km/h. Y ahora vamos por los 30 km/h en algunas zonas.

Es decir, que la investigación nos hace evolucionar, tanto a nivel de regulaciones de la circulación como, evidentemente, a nivel de construcción de vehículos más seguros. Cabría preguntarse si la formación de los conductores de furgonetas de reparto ha evolucionado en una línea similar.

En Circula Seguro | ‘La tercera oportunidad’

  • Luisma

    El problema-riesgo actual con las furgonetas está más en autovía. Ya no es que no respeten el límite propio de 90 km/h, es que hay una gran cantidad que ignoran el de 120 km/h. Es el resultado de lo que comentáis de poca formación, sumado a que la mayor parte son autónomos y son forzados por las compañías para las que trabajan a unos horarios imposibles.

  • archienemigo

    Hola a todos.
    Dices: «En los años 70, tal y como cita Costas –y tal y como recordamos muchos– el límite de velocidad en ciudad era de 60 km/h, seguramente porque alguno había que fijar. Hasta que los investigadores no mostraron estadísticas de los daños sufridos por los peatones, no se redujo ese límite a 50 km/h.»
    Ya salió otra vez el argumento absurdo de ‘los investigadores’ que siempre usan como excusa los ‘amigos de la multa’:
    Yo he vivido toda la vida en una ciudad, en un piso muy alto.
    El día que esos ‘investigadores’ papanatas descubran que estadísticamente, si te caes por la ventana a la calle de más alto que de un tercer piso, lo más fácil es que te mates, volverán a sacar la misma “solución”: “Hay que multar a toda persona que esté en un tercer piso a superior”.
    Pues no: Como habitual de un piso alto, os diré que el secreto para tener una larga vida viviendo en un piso incluso muy alto consiste sencillamente en ‘procurar no caerse por la ventana’, no en crujirme a multas por vivir en un piso alto “porque que si te caes a la calle por encima de un tercero te matas, porque la velocidad y el cuadrado de la distancia patatín y patatán”.
    Conduciendo en ciudad es igual: lo que hay que hacer es ‘procurar no tener accidentes’; es así de fácil; para lo que en algunas calles habrá que circular como mucho a 20, y en otras grandes rondas o arterias, pues se podrá conducir con seguridad a más de 50. Aunque ambas administrativamente estén calificadas como ‘terreno urbano’. La solución viene por facilitar las cosas a peatones y conductores con sentido común, en vez de la actual obsesión por poner radares a 50 en las grandes vías.

    « Y ahora vamos por los 30 km/h en algunas zonas.»
    Se vé que aún no cobraban todas las multas que se proponían (que ya es decir), y se dijeron: “impongamos sanciones por algo aún más difícil de cumplir, aunque sea más contaminante, ruidoso y peligroso: obligar a los vehículos a ir en primera”.
    Impuesto por las malas, ante la falta de argumentos. Fatal. Así estamos: Vencidos, pero no convencidos.
    Es mi opinión

    • Borja

      Coño, si el usuario que se autoproclamaba prudente por no utilizar el carril derecho nos viene diciendo que es muy seguro ir a más de 50 en ciudad y que el límite de 30 es una estupidez… Espero que no te salga un niño de repente de entre los coches, o que uno no salga de culo un poco más rápido de lo normal.

    • Luisma

      Si te caes de un quinto piso, lo más probable es que te mates tu sólo. Si tienes un accidente por exceso de velocidad en ciudad, lo más probable es que te lleves a alguien por delante.

    • Escargot

      Las limitaciones de velocidad deberían responder a conjuntos de factores mucho más complejos que si hacen que la gente se lleve multas o no. Hay que pensar en seguridad, eficiencia y eficacia. Yo, de las tres, me quedo sin duda con la primera. Ni quiero matarme ni quiero matar a nadie.

      Ahora, que hay zonas urbanas donde esa posiblidad es menor… de acuerdo, eso se podría revisar. Pero no creo por ejemplo que la limitación a 30 sea una burrada. Vivo en un barrio de calles no muy anchas que sólo invitan a correr a cuatro destalentados. Ya antes de que apareciera esa limitación yo las recorría a esa velocidad más o menos, no dan para más. Ah, sí… y no lo hacía ni lo hago en primera.