‘La tercera oportunidad’ (2): Mientras la ciudad duerme

La tercera oportunidad

Seguimos con ‘La tercera oportunidad‘, este repaso que venimos realizando a la serie ‘La segunda oportunidad‘. Hoy nos encargamos de la conducción nocturna en ciudad, pero no tanto por los peligros que pueda entrañar la falta de visibilidad de la vía o el cansancio del conductor, sino a un nivel mucho más primario que tiene que ver con las actitudes frente a la conducción segura.

Así es. En el episodio de hoy no hay falta de pericia en el manejo del automóvil, sino falta de control en la figura del conductor. El ocio nocturno desemboca en prisas por llegar a casa, mezcladas con alcohol, exceso de confianza y falta de respeto por las normas de circulación más elementales. El resultado ya lo podemos imaginar…

¿Hemos cambiado mucho en estos años? Veamos…

En el aspecto de la conducción con alcoholemia, hay un punto del texto locutado que me parece brillante, y que podría aplicarse a la actualidad. Dice así: “No con una copa de más ni menos, con una copa“. Esa precisión responde a un antiguo eslogan de la DGT, que rezaba: “Conductor, siempre con una copa de menos”. Aún hoy, la creencia de que el alcohol es casi inocuo para la conducción permanece entre buena parte de los conductores. Por fortuna, en las generaciones más jóvenes se empieza a detectar un cambio de actitud en este terreno.

El exceso de confianza vinculado a la falta de circulación sigue siendo, hoy por hoy, uno de los principales riesgos de la conducción nocturna en ciudad. Lo mismo puede decirse del respeto por los límites de velocidad o por las señales de prioridad. La idea parece ser: “Como no viene nadie…”, cuando debería ser: “Por si acaso viene alguien…”, que es la base actitudinal de la conducción segura.

Como explica el mismo Paco Costas a cámara, esta entrega de ‘La segunda oportunidad’ no ofrecía mucho más misterio. Se trataba de poner en práctica lo que era obvio a finales de los 70 para el periodista. Hoy en día, sin embargo, deberíamos preguntarnos, en esta ‘La tercera oportunidad’, si no sería que Paco Costas sobrevaloraba el sentido común de los conductores de su tiempo.

En cualquier caso, los riesgos no han cambiado. Las actitudes, de aquella manera. En práctica ausencia de otros compañeros de ruta, conducir de noche en ciudad tiene siempre ese halo de que nuestro entorno se amolda a nuestra forma de tomarnos los desplazamientos. Si queremos, puede ser una experiencia altamente gratificante.

En Circula Seguro | ‘La tercera oportunidad

  • José Luis

    “Los cementerios están llenos de personas que no tuvieron la culpa”. Eso sigue siendo cierto, a día de hoy, y en muchas ocasiones a causa del alcohol y drogas (de las que no se habla en el vídeo, pero que ya eran un problema grave en esos años).

    Los cruces, ese punto fatídico donde en unas décimas pasas de conducir a tener un accidente. Mejor entrar suave, y asegurarnos de que no viene nadie. Y si está regulado por semáforos, respetarlos, por supuesto.

  • Escargot

    En el tema de los semáforos no es que no hayamos mejorado, es que hemos empeorado. De mis vueltas por Zaragoza, que posiblemente sea la ciudad con más semáforos por metro cuadrado, he inferido que hay cuatro tipos de conductores respecto al semáforo:

    – Los que se lo saltan. Esto no cambia, el espabilado de turno que sale cuando el muñeco parpadea siempre va a estar allí.

    – Los empanados de la vida. Vete a saber lo que están haciendo que es más importante que estar atentos a la circulación. Hasta hace poco creía que la gente estaba en Babia, hasta que aquí me abristeis los ojos y me explicasteis que hay quien aprovecha los semáforos para toquetear el móvil. También lo he visto con mis propios ojos.

    – Los de la llavecica. Se pone el semáforo en verde y… oyes cómo arranca el de al lado. No sé si echar la culpa a los sistemas stop-start o es gente que cree que va a estar más de un minuto parada. Puede haber semáforos así de puñeteros, de hecho los hay (al lado de mi casa hay uno que se pega dos minutos en rojo, todo gracias al tranvía). Pero ni en esos casos me la juego. Cuando se ponga en verde, entorpeceré el tráfico. Mejor no.

    – El resto. Salimos cuando tenemos el semáforo está en verde. Lo estamos esperando pero no nos adelantamos a él. Somos unos cuantos, la tía que demostró tener más reflejos que yo y yo. Poquitos.

    Anda que no queda. Más que entonces. Además, ahora contamos con una nueva dificultad: los semáforos están cada vez peor regulados. Tenerlo en verde no te garantiza la prioridad cuando el que viene por el otro lado también lo tiene verde… y esto, aunque cueste creerlo, ocurre. Cómo no, al lado de mi casa.