‘La tercera oportunidad’ (19): Choque de frente

La Segunda Oportunidad - La tercera oportunidad

Si hoy es lunes, esto debe ser ‘La tercera oportunidad‘, la revisión que desde la segunda década del siglo XXI en Circula seguro hacemos sobre la legendaria serie sobre seguridad vial que dirigió Paco Costas en Televisión española prácticamente 30 años atrás. En esta ocasión, nos corresponde comentar el decimonoveno episodio, que trata sobre la colisión frontal.

El choque de frente es en el imaginario popular el peor accidente posible entre dos vehículos. Y, en la realidad, dista poco de serlo; quizá la única posibilidad de complicarlo sea hablar de una colisión frontolateral, donde aparecen fuerzas oblicuas que las estructuras de deformación programada no están tan preparadas para absorber.

El consejo de Costas en este capítulo se puede resumir en evitar a toda costa (valga la redundancia) una colisión frontal. Incluso con el precio de preferir otro tipo de accidente. Supongo que, en esta ocasión, se omiten los consejos más básicos por ser totalmente obvios: evitar circular en dirección contraria sentido contrario, y realizar las maniobras de adelantamiento que requieran invadir el carril destinado a la circulación en sentido opuesto rápida y seguramente, únicamente cuando estamos convencidos de tener tiempo suficiente y holgado.

La justificación que da ‘La segunda oportunidad’ de este consejo es el único punto en el que no estoy totalmente de acuerdo. Paco, si me permitís la familiaridad con la Leyenda, asegura que ninguna otro accidente que suframos será tan grave como la colisión frontal. Esto no es completamente cierto, como vimos en ¿Contra el que viene de cara, o contra el muro? una colisión contra un muro inamovible es equivalente, en cuanto a efectos, a una colisión frontal. Por lo tanto, si la alternativa a la colisión frontal es darse de bruces contra una pared sólida (o, lo que es peor, contra una farola o árbol bien enraizado) , no podemos justificar que sufriremos menos daños.

Dicho eso, la conclusión final sigue siendo completamente válida. Sólo que debemos añadir un pequeño matiz a la justificación: Incluso aunque suframos los mismos daños, sigue siendo preferible involucrar los menos vehículos posibles en la colisión. Además, obviamente, los muros inamovibles no existen. Por poco que ceda, esa distancia de frenado extra amortiguará en mayor o menor medida la colisión. En cualquier caso, si evitamos el choque frontal contra un vehículo para caer en las brasas de un muro inamovible, nosotros sufriremos los mismos daños, pero por lo menos evitaremos que otro conductor los sufra.

Un último matiz que me gustaría comentar: si nos vemos ante la vicisitud de preferir el mal menor, y provocar un tipo de colisión menos grave que la colisión frontal, lo primero que debemos hacer es cerciorarnos que lo podemos hacer sin llevarnos a nadie por delante. Imaginaos que en una situación como la del final del vídeo, el campo en el que acaba aterrizando el vehículo hubiera estado lleno de campesinos labrando. Si, habremos evitado un choque de frente, pero habremos involucrado en el accidente a personas que no tienen la protección de una carrocería.

En Circula seguro | ‘La tercera oportunidad’

  • Escargot

    Es un caso complicado, aunque al darnos contra un muro no sumaríamos a nuestra velocidad y energía cinética la de otro vehículo.

    En una colisión frontolateral se supone que la energía liberada será la misma que en una colisión lateral, ¿no? Pero… ¿qué es más peligroso? ¿La falta de protección en los laterales del vehículo o toda la masa que nos puede venir de golpe tal como motor y demás si se nos mete en el habitáculo?