La suspensión en la moto, la gran olvidada

Norton

Los conductores de automóviles, poco a poco se van concienciando del hecho de que los amortiguadores deben estar en buen estado, aunque para ello se lleven muchos años luchando y bombardeando en la televisión y en publicaciones especializadas. Aún así, es fácil encontrarse con gente que no los ha cambiado nunca en 200.000 kilómetros, y además te lo dicen con media sonrisa en la boca, como alardeando de su proeza. En fin…

En una motocicleta, todo es más crítico. Y tecnológicamente, todo es más avanzado. En un terreno donde la amortiguación regulable es sinónimo de darle una vuelta más de tuerca a la preparación de un coche, en las motos es el pan de cada día desde hace muchos años. La regulación de la horquilla y el amortiguador en hasta cuatro vías (precarga, compresión, extensión en alta y en baja velocidad) empieza a ser muy común.

Pero claro está, toda esta tecnología aplicada requiere un mantenimiento. El cual es muy sencillo, pues la gran ventaja de la amortiguación en una moto es que es desmontable y reparable en la mayoría de los casos, por lo que tenerla siempre a punto cuesta muy poco.

La horquilla, por ejemplo, posee en su interior un muelle y aceite, además de las correspondientes válvulas que se encargan de permitir el paso del fluido en una dirección u otra. Unos retenes de goma garantizan la estanqueidad del conjunto. Según la mayoría de los fabricantes, es recomendable abrir y cambiar el aceite cada dos años o el intervalo de kilómetros correspondiente a estos dos años. El precio por esta reparación no es demasiado, y garantizaremos el buen funcionamiento del tren delantero, importantísimo en un vehículo de dos ruedas.

Si ya queremos rizar el rizo, podemos enviar la horquilla al fabricante o a algún taller especializado en reparación de suspensiones. Por unos 130-150€ nos dejarán la horquilla prácticamente como nueva, e incluso por un poco más, podremos personalizarla a nuestro peso y forma de conducir.

Para el amortiguador trasero, el intervalo de mantenimiento es mucho más amplio. Incluso me atrevería a decir que hasta los 50.000 kilómetros prácticamente no es necesario hacerle nada. Hombre, si viajamos mucho, con pasajero y cargado de maletas, la distancia se reduce considerablemente. Una vez llegados a esta distancia, si nuestra moto no posee un amortiguador reparable, deberemos desembolsarnos alrededor de 600€ en uno nuevo. El precio dependerá de la calidad en sí. Ahora bien, si la moto posee uno que se pueda desmontar, será tan sencillo como enviarlo al fabricante o al taller, donde nos lo desmontarán, limpiarán y recargarán de nuevo de aceite y gas, devolviéndonoslo listo para ser utilizado durante otros 50.000 kilómetros.

Recordad, si no os acordáis cuando cambiasteis el aceite de la horquilla, seguramente ya es tarde.

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