La reforma del código penal británico castigará con 3.500 euros al conductor que salpique a un peatón…

Bobbies

… y llevará a la cárcel a quien cambie repentinamente de carril, a la brava y sin avisar. Si esta noticia hubiese salido ayer aquí, todo el mundo habría pensado que se trataba de una inocentada, pero no. Va en serio, muy en serio: la reforma legal de Gran Bretaña llevará a la cárcel a los conductores ingleses o galeses que hablen por el móvil, lean un mapa al volante o se piquen con otros conductores. Dos años a la sombra por estos delitos y cadena perpetua para el conductor que sea hallado culpable de causar la muerte a otras personas: el accidente pasará a ser considerado asesinato.

En cuanto a las sanciones económicas, aparte del asunto de mojar al prójimo tras pasar por un charco (en un país que vive con el paraguas colgado del brazo, por cierto), están otras situaciones valoradas en 3.500 euros: despistarse por encender un cigarrillo, distraerse al sintonizar la radio o programar el GPS en marcha merecerán la consideración de “conducción descuidada”. Los autobuseros también podrán ser sancionados con la misma cantidad si crean alarma entre los pasajeros que transporten. Es lo que se denominará “conducción desconsiderada”.

En España, el Fiscal Jefe de Seguridad Vial, Bartolomé Vargas, ha manifestado ya su acuerdo con la reforma británica en un aspecto que esbozábamos hace unos días: un accidente raras veces es un accidente, de manera que el conductor que provoque la muerte de otra persona debería ser automáticamente acusado de homicidio. Otra cosa sería que el juez desestimase los cargos y dejara el caso en un mero homicidio imprudente, que se saldaría con una sanción económica.

En cualquier caso, parece que la exigencia comunitaria para que los diferentes miembros de la UE reduzcan al 50% sus víctimas de tráfico está siendo leída por los gobiernos en clave de endurecimiento de las sanciones mientras se descuidan otros aspectos, como la formación continuada de los conductores y la mejora del entorno social en que convivimos todos cada día. Habrá que ver si nuestros mandatarios no están empezando la casa por el tejado.

Vía | El Mundo