La primera vez siempre duele

Corte en una rotonda

Dicen que en la vida siempre hay una primera vez para todo, y la conducción no es una excepción. Todos los conductores hemos tenido a alguien que nos ha dado una calurosa bienvenida a la carretera, donde debemos aprender a vivir… y dejar vivir al resto. En mi caso, el comité de bienvenida se formó con la alianza fortuita de un adorable abuelo, su 4×4 y una rotonda.

Era la segunda vez que me sentaba a la izquierda del doble mando. El profesor que vigilaba mi lenta progresión consiguió que le llevara hasta un polígono industrial desértico donde en menos de siete hectómetros hay hasta tres glorietas. Hicimos una breve parada a la derecha para poder explicarme cómo circular en rotondas de forma segura y garantizando la mayor fluidez posible.

Las reglas a seguir parecían sencillas:

  • Si deseo salir por la primera o segunda salida, es decir, girar a derecha o continuar recto respectivamente, entraré por el carril exterior de la rotonda y permaneceré en él todo el rato.
  • En cualquier otro caso, entraré directamente al carril interior, indicándolo antes mediante el intermitente a izquierdas. Cediendo siempre el paso a los vehículos que ya se encuentran dentro.
  • Si voy por el carril interior, al pasar por delante de la salida inmediatamente anterior a la que deseo utilizar, realizaré un cambio de carril para situarme en el exterior, naturalmente indicándolo antes mediante el intermitente derecho.
  • Saldré siempre de la rotonda desde el carril más exterior, señalizándolo antes con el intermitente correspondiente. En definitiva, actuaré como en como cualquier cambio de dirección a la derecha, vamos.

Una rotondaDicho y hecho, procedimos a practicar las diversas maniobras recorriendo el circuito varias veces, primero a paso de tortuga, luego algo más ágilmente. Finalmente, utilizando la última de las glorietas para realizar un cambio de sentido y volver a las dos primeras, el todoterreno se incorporó tras nosotros. Llegamos a la segunda rotonda con la intención de seguir de frente, por lo que nos incorporamos a la misma por el carril exterior. A pocos metros de la salida deseada, intermitente derecho para informar al mundo de nuestra inminente salida.

Súbitamente, el doble mando da un frenazo, y el 4×4 se cruza por delante de nosotros a escasos centímetros de nuestro morro. Mi profesor más tarde se arrepintió de su siguiente movimiento: hacer sonar el claxon para recriminar la acción al veterano conductor del Nissan, que reaccionó deteniendo su vehículo justo en medio de la carretera. Se apeó voz en grito defendiendo la corrección de su maniobra y lo inapropiado de la nuestra. El pobre hombre parecía al borde de un ataque de corazón.

Pasada la tormenta, tardé unos instantes en poder decir esta boca es mía, para preguntarle a mi educador vial por qué debía yo aprenderme cómo atravesar de forma segura y fluida las glorietas, si la actitud del resto de conductores hará que dicha seguridad disminuya. No recuerdo exactamente su respuesta, pero iba en la línea que debía aprender no sólo a hacerlo correctamente, sino a prever que cualquiera puede de repente hacer algo que no me espero, incorrecto o no. Especialmente, en las glorietas que tanto proliferan hoy en día — no todas bien planteadas –, teniendo en cuenta que un gran porcentaje de conductores aprendieron antes de que hubieran tantas.

Si ahora, diez mil kilómetros después (que no son muchos, pero es algo), pudiera invitar a aquél anciano a un café, le preguntaría si en cualquier carretera recta tomaría un giro a la derecha directamente desde el carril de la izquierda, sin ni siquiera poner intermitente. Probablemente me diría que no. Entonces, querría saber si otro conductor hiciera eso pocos metros por delante de él, que circula por la derecha, sentiría que le han puesto en peligro y lo recriminaría utilizando el claxon. Seguramente la respuesta sería afirmativa. Luego, le pediría que me explicara cuál es la diferencia entre una carretera recta y la vía circular de una rotonda. No sé que me respondería, la verdad, me gustaría saberlo.

Más información | Nuestras amigas las glorietas – aula MP
En Circula seguro | Contra las rotondas mal planteadas, Carreteras catalanas, carreteras con estilo propio

  • excelente foto. yo lo veo a diario y en directo.

  • Seguramente sigue creyendo que está en posesión de la verdad, a este conductor, como a otros muchos, no se le ha ocurrido entrar en una autoescuela y pedir que le expliquen como hay que circular por una glorieta.

    El problema es que cada uno conduce por ellas como le da la gana, entran a saco y salen a saco, entre medio, otros haciendolo bien…