La moto y el mal tiempo: ¿Dónde está el límite para salir a la carretera?

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Poco a poco y, aunque se intenta resistir, las temperaturas veraniegas van dándonos una tregua. Pese a que sigue haciendo calor en las horas centrales del día, en la mayoría de la península, ya podemos salir a la calle a las dos de la tarde o tomar un refresco en una terraza después de comer sin derretirnos.

Pero como todos sabemos, lo bueno dura poco y en cuestión de pocas semanas el frío, el viento y las lluvias serán el pan nuestro de cada día en buena parte del país, además de las nevadas en las zonas con mayor altitud respecto al nivel del mar.

Conducir en condiciones adversas como las antes citadas siempre puede resultar peligroso, pero aún más si nuestro vehículo tiene un manillar y solo apoya en el asfalto mediante dos ruedas. Vamos a hacer un repaso a cómo debemos conducir nuestra motocicleta en invierno y que precauciones extra debemos tomar.

La moto, además de un hobby de fin de semana, también es un medio de transporte, por lo que muchas personas la utilizan a diario, especialmente en las grandes ciudades. No hace falta ser ningún experto para saber que en invierno la conducción sobre dos ruedas es más complicada que en verano (cuando también debemos tener muchas precauciones).

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Respecto a la pregunta de dónde está el límite para salir a la carretera con nuestra moto, solo hay una respuesta: el límite nos lo ponemos cada uno. Adecuándonos como se merece a las condiciones ambientales y al estado del piso, podremos conducir una moto prácticamente con cualquier condición meteorológica, pero siempre debemos saber los riesgos que corremos y que toda precaución es buena.

En invierno, aunque no haya llovido, nevado o helado, el asfalto se encuentra mucho más frío que en verano. Esto supone que nuestros neumáticos tendrán más dificultades para conseguir una temperatura óptima, por lo que la adherencia será inferior. Tendremos menos grip lateral y vertical, y las distancias de frenado se alargarán ligeramente, por lo que debemos realizar nuestros movimientos con antelación y mantener una buena distancia de seguridad.

Ya sabemos que cuando el asfalto está mojado las señales horizontales pintadas con “pintura antideslizante” en el suelo, como los pasos de peatones, son bastante resbaladizas. Lo mejor es tratar de evitarlas (como consejo, evítalas también en seco) y, si por cualquier circunstancia no nos queda más remedio que pasar sobre ellas, lo haremos con la moto lo más vertical posible e intentando mantener la velocidad. Lo mismo ocurre con las alcantarillas y las zonas adoquinadas, que igualmente ofrecen una superficie muy poco adherente.

Por otro lado, debemos tener cuidado con las zonas de sombra, especialmente durante la primera hora de la mañana. No es nada “agradable” circular disfrutando de nuestra moto y encontrarnos en plena curva con una mancha de humedad (o placa de hielo) debido a las bajas temperaturas. El nivel de adherencia disminuye considerablemente en cuestión de centímetros, siendo una situación bastante complicada.

Si decíamos que el frío aumentaba la distancia de frenado, imaginaos con el suelo mojado. Una moto a 60 km/h sin asistentes electrónicos recorre, en seco, casi 19 metros hasta que se detiene, mientras que en mojado supera los 22 metros. Unos 3,5 metros pueden parecer pocos, pero estamos hablando de una frenada a 60 km/h y créeme, 3,5 metros es la diferencia entre “comerte” al coche que te precede o simplemente llevarte un susto. Además, tenemos la posibilidad de bloquear las ruedas, que en la mayoría de casos es sinónimo de una caída.

Recomendamos que si vamos a adquirir una motocicleta, la compremos con ABS. En seco, y a la misma velocidad que el supuesto anterior, una moto necesita 2,5 metros menos para detenerse por completo; mientras que con el suelo mojado la diferencia es superior a 5 metros, pasando de 22,3 metros a los 17,1.

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La nieve y el hielo son casos aparte. Siempre que tengamos la mínima posibilidad de evitar conducir nuestra moto, no debemos ni pensárnoslo. Son unas condiciones extremadamente peligrosas y, por más precauciones que tomemos y controles de frenado y tracción equipe nuestro vehículo de dos ruedas, es muy fácil caer. Además, la nieve tapa lo que existe debajo, pudiendo toparnos con algún bordillo, badén o cualquier otra cosa sin darnos ni cuenta.

De estar obligados a coger la motocicleta, debemos extremar al máximo las precauciones, acelerar y frenar de la forma más suave posible y, obviamente, circular muy despacio y sin inclinarnos lo más mínimo. Como ya hemos dicho, si puedes, deja la moto aparcada. Por otro lado, recordamos que la sal es muy corrosiva por lo que, si te encuentras sal en abundancia en la calzada, será mejor que laves la moto cuanto antes para eliminarla.

Una de las situaciones más incómodas a la hora de montar en moto es el viento, pudiendo ser más desagradable incluso que la lluvia. El viento, bien sea racheado, frontal, lateral o “en popa”, puede ser muy peligroso. Cuando rodamos con viento, lo mejor es no arriesgar en ningún momento, no inclinar demasiado en las curvas y tener mucho cuidado con los adelantamientos y apuradas de frenada.

Y citamos los adelantamientos porque, en caso de que el viento sea frontal, éste frenará nuestra moto, por lo que no podrá ofrecernos las mismas prestaciones de aceleración. Si es lateral, al colocarnos a la altura del otro vehículo, podrá hacernos un efecto pantalla, que desaparecerá de forma instantánea, desplazando nuestra trayectoria del carril. Por otro lado, si llevamos viento trasero, en las frenadas, nos empujará hacia delante, por lo que nuestra frenada se alargará, más aún a cuanta mayor velocidad circulemos.

Sobre todo, y a modo de resumen, te recomendamos que no conduzcas tu moto si no estás tranquilo y seguro de ti mismo. Si no tienes mucha experiencia al manillar y aún no te ves con confianza para conducir, por ejemplo, con lluvia, es mejor que no lo hagas. Conducir con inseguridad conlleva a que cometamos más fallos, fallos que se pueden traducir en caídas y, a su vez, en mayor desconfianza. Ahora bien, si crees que ya estás preparado, sal a la carretera y conduce con precauciones pero relajado y con mucha anticipación.

Chaqueta_Alpinestars

Equípate

Una vez repasadas las condiciones medioambientales más típicas del invierno, también cabe recordar que debemos prestar atención a nosotros mismos. Recordamos que conducir “helados”, hace que tardemos más en reaccionar ante cualquier imprevisto, circulemos mucho más rígidos y tengamos menos tacto y suavidad en nuestros movimientos. Por ello es imprescindible circular bien equipado, evitando el empañamiento de la pantalla del casco y con unos buenos guantes de invierno.

En este caso, no es recomendable conducir con muchas capas, ya que de esta forma restamos mucha agilidad y movilidad. En condiciones normales de invierno, un buen equipo, con ropa interior térmica, sotocasco para que “no se nos congelen las ideas” y botas y guantes de invierno, no deberían dejar que pasemos frío.

Antes de salir, revisa tu moto

En cuanto a la moto, no hay muchos más aspectos que revisar a diferencia de conducir en verano. Como siempre, debemos revisar presiones de neumáticos y el dibujo de los mismos, echar un vistazo al estado de los frenos y comprobar los distintos niveles de líquidos, así como el alumbrado.

Lo que sí es más recomendable en invierno es dejar calentar el motor un par de minutos más que en verano, minutos que podemos adelantar al ir arrancando la moto mientras nos ponemos el casco, los guantes, nos terminamos de ajustar el la ropa para sentirnos cómodos y cerramos el garaje. Con este gesto alargaremos la vida de nuestro motor.

Además, especialmente si vamos a realizar una conducción deportiva, debemos tener en cuenta que los neumáticos tardan muchísimo más en coger temperatura, por lo que mejor tomarse las cosas con calma durante los primeros kilómetros.

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Fotos | Nacho, Tomas J. Sepúlveda y M. Peinado