La lógica… o el problema del yo

Me ha venido a la mente una anécdota de cuando aún estaba en prácticas. ¡Parece mentira que ya haga 16 meses! No recuerdo exactamente a qué fue debido, pero mi profesor comentó que uno de mis mayores problemas a la hora de circular seguro era ser «demasiado lógico».

Inocente de mi, siempre había pensado que la lógica era una de esas cualidades que nunca pueden llegar al grado de demasiado, como ser buena persona… o rico. De hecho, lo sigo pensando. El problema, por supuesto, se crea si dos conductores aplican lógicas diferentes.

De una forma más general, esto es lo que podríamos llamar el problema del «yo». No, no me he vuelto psicoanalista. Me refiero a ver la situación en que se encuentra otro vehículo, y pensar «yo en esas condiciones haría lo siguiente».

Por supuesto, el problema surge si nosotros actuamos suponiendo que él haría lo mismo que nosotros haríamos en esa misma situación. Porque una de las mayores verdades sobre la especie humana es que todos somos diferentes. No hay dos yo iguales.

En definitiva, lo que es lógico para mi, no lo será para vosotros (bueno, espero que algo lógico sí que sea para vosotros, en caso contrario deberías preguntaros que hacéis leyéndome,… pero esa es otra historia).

Neuronas

Como siempre, un ejemplo nos ayudará a entendernos. Esta vez por suerte no está basado en una experiencia propia. Circulamos, hipotéticamente, detrás de otro vehículo en una rotonda. Poco antes de llegar a una salida, el vehículo de delante activa su intermitente derecho. Mira, vamos al mismo sitio. Activamos, también, el indicador de dirección.

Unos metros más adelante, tras haber tomado la salida, vemos que nuestro predecesor aún tiene activado el intermitente a la derecha. Pensamos «ah, eso es que espera que salte por si sólo, pero como la curva de salida es suave aún no lo ha hecho. A mi me pasa a menudo… si quisiera girar a la derecha, lo lógico sería apagar el intermitente para volverlo a activar poco después».

En base a esta interpretación, seguimos acelerando… como en la salida de cualquier rotonda. Por desgracia, acabamos envistiendo al coche de delante, que acaba de frenar para tomar un desvío a la derecha, situado pocos metros después de la rotonda.

A parte de la obvia falta de distancia de seguridad, lo que ha salido mal en este caso ha sido suponer. O, mejor dicho, actuar en base a una suposición.

Sí, era muy lógico pensar que esperaba a que saltara el intermitente por si sólo. Pero, habiendo un desvío poco más allá, cabe la posibilidad de que se disponga a cambiar de dirección. Hay que tenerlo en cuenta, y no actuar a ciegas por una suposición lógica en base a lo que nosotros habríamos hecho. Este es uno de los pilares de la conducción defensiva.

Como esto, pueden existir miles de ejemplos (seguro que en los comentarios ponéis algunos mejores que el mío). No tienen por qué ser casos en que alguien circula de forma ilegal. Una maniobra puede ser perfectamente legal, y no obstante parecernos ilógica en un momento dado.

En este caso, el riesgo es que suponemos que los otros conductores actuarán igual que nosotros; o, al menos, igual que la mayoría. Es inevitable, está en la naturaleza humana. No en vano solemos decir de nosotros mismos que somos el «animal lógico».

Pero si actuamos en base a premisas falsas, nuestras decisiones pueden no ser las más adecuadas. Por lo tanto, cuando lo que está en juego es nuestra seguridad, lo lógico es descartar la lógica en favor de los hechos.

Fotos | garromeister, LoreleiRanveig

  • Lo cierto es que, en el ejemplo del conductor que se deja el intermitente puesto al salir de la rotonda, hay un incumplimiento de la ley. “El conductor debe advertir mediante señales ópticas toda maniobra que implique un desplazamiento lateral o hacia atrás de su vehículo, así como su propósito de inmovilizarlo o de frenar su marcha de modo considerable. Tales advertencias ópticas se efectuarán con antelación suficiente a la iniciación de la maniobra, y, si son luminosas, permanecerán en funcionamiento hasta que termine aquélla“, dicen las Sagradas Escrituras en su Artículo 109. Por algo será. ¬¬

    Bueno, en realidad ese “algo” es tu ejemplo de la rotonda. 🙂

    Otro ejemplo típico sería el de un vehículo que circula por una carretera, comienza a señalizar con el intermitente derecho en medio de la nada y, como no entendemos lo que pretende, no le hacemos ni puñetero caso. De repente, el tío empieza a reducir la velocidad y finalmente comprendemos que donde nosotros no veíamos nada él tiene un caminito de tierra que lo lleva hasta su casa. Hum, ya es demasiado tarde. Saca el Parte Amistoso, que tenemos que rellenarlo…

    En cualquier caso, sí. Nunca podemos suponer. Sale más a cuenta mirar y comprender. En una palabra: empatía.

  • Pues por ejemplo aquí en Oviedo y supongo en que el resto de lugares también se dé, cuando van circulando 2 vehiculos en paralelo dentro de una glorieta y el del interior quiere salir en la proxima salida y se cruza delante del que va por el carril exterior, suponiendo que este también saldría por esa salida y ¡¡PLAS!! Lo curioso es que el que va por el interior cree que lleva la razón jejejeje.

    Un saludoy buen articulo.

    Pd: Jaume quiero mi hamburguesa jejejejeje

  • Ufffff.

    La hamburguesa llega a CS.

    🙂

  • Supongo que lo mejor es suponer que el otro te la va a liar parda siempre. Así, si mete la pata, ya estás al tanto. Y si no, pues mentalmente le pides disculpas por haber desconfiado de él/ella y listos.

    🙂

  • Sam

    Entrada a una rotonda detrás de otro conductor/a. Cuando os acercais miras a la izquierda y ves que hay espacio para meterse los dos coches, y entonces sigues acelerando, hasta que te das cuenta que el de delante se ha parado. ¿Por qué no ha salido si tenía hueco?

    Y así se dió una “piña” un amigo… xD

  • #5 Y así nos dan miles de hostias a los coches de autoescuela. >:-(

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    #3 XDDD curvas rectas. “Desde 2006, exportando conducción segura en un mundo imperfecto… y hamburguesas también.” Nuevo tagline.