La irresponsabilidad de tomar un riesgo

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Desde que empezó a funcionar Circula Seguro estoy convencido de que se ha hablado más de 50 veces sobre los riesgos y las distracciones a la hora de conducir. Pero como también decimos habitualmente, no por mucho repetir se consigue evitar que estas cosas sucedan. No queda otra que comunicar, repetir, concienciar, y esperar que poco a poco se vaya corrigiendo el comportamiento a veces irracional, muchas veces incívico pero desde luego irresponsable de muchos conductores.

Pero, ¿qué lleva a un conductor a asumir un pequeño riesgo en carretera? ¿Qué se le puede pasar por la cabeza para cometer la irresponsabilidad de asumir un riesgo? Lo primero es que no hay riesgo pequeño, solo condiciones del entorno diferentes. Me explico, circular a 184 kilómetros por hora no tiene porqué suponer un riesgo en un circuito de velocidad, pero sí en una autovía. Cambiar de carril sin ver ni señalizar, puede que no sea un riesgo en una autovía vacía, pero sí que lo es en muchas otras circunstancias. El riesgo no lo podemos configurar ni controlar nosotros. Y por eso, asumir el mínimo riesgo en carretera me parece no osado, sino irresponsable y muchas veces punible.

¿Y esto a qué viene? Si Josep nos lleva contando este tipo de cosas desde que el tiempo es tiempo, y nos ha hablado del contínuo seguridad-riesgo, o de la conciencia del riesgo. Bueno, todo esto que os quiero contar viene de mi corta pero medianamente intensa experiencia al volante. Sí, soy novel. Creo que en estos tres meses de carnet he debido recorrer unos 2.000 kilómetros en unos 30 días reales de conducción, así que sí, soy un pipiolo del volante. En esos 30 días he hecho dos viajes relativamente largos para mi experiencia (el más largo algo más de 300km en cada sentido, en solitario) y, señores, he visto cosas que no creerían. O desgraciadamente, sí se las creerían.

La mayor parte de los riesgos que tomas no te afectan a ti

Esta conclusión la saco después de haber recorrido los kilómetros que separan Jerez de la Frontera de mi ciudad. Precisamente con motivo de la celebración del Gran Premio de España de MotoGP me desplacé allí por motivos de trabajo, y lo que se ve en la carretera da mucho que pensar. No solo porque se forman unas colas monumentales, sino porque he visto multitud de riesgos evitables que por H o por B se toman.

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El principal riesgo que me parece irresponsable es el de no respetar la distancia de seguridad. No lo es el de saltarse el límite de velocidad per se, o el de no indicar o indicar mal las maniobras. Esos parecen riesgos benévolos. Pero la distancia de seguridad para mí es algo sagrado. Es lo que determina mi seguridad, sobre todo porque me da el aire necesario para reaccionar ante un imprevisto, que para mi experiencia, son muchos más de los que me puedo imaginar. Puede que mi cabezón chapado por la ingeniería sea demasiado racional, pero yo mido mi seguridad en metros y segundos, y cuando alguien me lo quita me está poniendo nervioso.

Un adelantamiento es algo que asumo que me van a hacer cuando estoy en carretera. Bien sea por la letra “L” que llevo en la luna trasera, bien por cualquier otro motivo como que esté circulando a 90 ó 100 km/h por el motivo que sea, cuando la autovía admite 110 km/h. Pero aceptar que el vehículo que me adelanta pase a menos de un metro del morro de mi utilitario es difícil. O que una ve terminado el adelantamiento éste invada mi zona de seguridad quedándose a 10 metros por delante. Es un riesgo menor para quien me precede, pero es un riesgo que no me gusta heredar a mí.

Y la distancia de seguridad no es solo delante mío, sino a los lados (léase algunos usuarios de motocicletas, a derecha e izquierda) y también detrás (léase los conductores “de rebufo”). El riesgo se transmite desde que ellos lo asumen hasta mí, que lo puedo padecer materializado en incidente.

Mi libertad termina allí donde comienza la de los demás

Tan vetusto dicho es vigente como siempre lo fue, y creo que es un titular que podría concienciar mucho en materia de educación vial. Se relaciona, por supuesto, con el contenido de esta entrada. La carretera es de todos, todo el mundo puede circular libremente si está acreditado debidamente. Pero creo, afirmo más bien, que nadie tiene derecho a ponerme en un compromiso, igual que yo me cuido mucho de dejar tantos colchones como me sea posible alrededor mía sin comprometer el ritmo de la circulación o a mi entorno. Creo que es mi obligación y entiendo que no es una obligación pasajera, como lo es la “L”.

Circular manteniendo una velocidad de aproximadamente 100 km/h en el camino de regreso de Jerez y ver cómo se me pone detrás un conductor de rebufo, me sobrepasa a la velocidad del tortugo tropical, y se reincorpora al carril derecho a pocos metros de mí, haciendo que tenga que reducir mi velocidad para recuperar mi espacio de seguridad, es grave. Y si lo hace una caravana con remolque ligero cargando dos motos, pues oigan, peor me lo ponen. ¿Es que estamos todos locos?

Estamos inmersos en las vacaciones de Semana Santa, así que me gustaría hilar este texto con esta época y pedir, de verdad, que pensemos un poco más en el entorno que nos rodea al circular. El respeto por las cosas más sencillas es algo que estoy convencido que conseguiría disminuir la tasa de siniestralidad. Sea el idealismo de quien empieza a moverse al volante, o algo que es lógico desear, me encantaría que todo el mundo tuviese presente que el riesgo que se asume conlleva una alta carga de irresponsabilidad, o si lo prefieren, de responsabilidad para con el resto de conductores que nos acompañan en el viaje. Pónganlo ustedes en el salpicadero, al lado de la tarjetita de “¡No corras, papá!”.

Fotos | Charly Morlock, olmed0

  • rofranco

    Me identifico mucho contigo, Esteban.

    Siendo novel (llevo unos escasos 7000kms a cuestas en carretera y ciudad) he vivido muchos momentos como los que comentas.

    Otra de las cosas que imagino que puede tener que ver con el hecho de que te vean circulando por el carril derecho con una “L” detrás, es cuando te adelantan para meterse justo delante tuyo y clavarte los frenos para salirse en la salida que tienes justo a tu derecha… en lugar de ponerse detrás y circular un poco más despacio los últimos 100 metros antes de la salida…

    Por otro lado, debo decir que también hay mucha gente que circula con prudencia… por ejemplo, cuando te facilitan una incorporación o un cambio de carril, a uno lo asalta la felicidad!!

    • Eso es ya enfermizo, yo de hecho no he contado todo lo que ví porque me eternizaría, pero el hecho que comentas es más grave todavía, porque implica a veces que se cruzan delante tuya con el carril de deceleración ya mediado, y eso sí que pone en riesgo.

      Pero claro, hay gente que es una delicia en la carretera, ¡de esos también he visto yo! 🙂