La frontera entre lo humanamente posible, y lo asistido por ordenador

Sistemas de seguridad
Tenía yo un runrún en mi cabeza que esperaba el momento de salir a la luz. Cada vez que hablamos de conducción autónoma, sistemas de seguridad activa o cualquier ayuda a la conducción (o a la atención del conductor) hay una parte del debate con la que estoy de acuerdo o no, según sea el caso. Pero siempre está ahí. Se trata de la frontera entre la acción humana y la asistencia al conductor por parte de una máquina. Y aquí tenemos de todo: desde el punto de vista ético o moral, hasta la necesidad de recibir asistencia versus la obligación del conductor de estar 100% “al tema”.

Nunca llueve a gusto de todos. La idea del debate de hoy es poner sobre la mesa los pros y los contras de la asistencia a la conducción, en parte porque es algo que sí llama a debate (comprobado), y en parte porque defiendo personalmente lo ideal de disponer de asistencia, frente a no tenerla. Vamos a ver dónde creo que está la frontera entre lo humanamente posible, y lo asistido por ordenador.

No somos infalibles

Circulando libremente
Los seres humanos podemos tener ventaja sobre otros seres vivos en cuanto a la utilización del cerebro, la especialización, la habilidad manual,… pero ni está demostrado que sea una ventaja objetiva (porque la habilidad nos crea problemas, pero esto ya es cosa de la filosofía), ni está demostrado que todos tengamos la misma habilidad manual, ni utilicemos el cerebro igual. Existen multitud de casos que vemos a diario, o que aparecen en las noticias, de personas que ponen en peligro su integridad física de forma premeditada, o de personas que en algún momento sufren algún percance o indisposición física mientras conducen.

Es imposible, totalmente, afirmar que estamos 100% libres de la posibilidad de tener un accidente, de sufrir un desvanecimiento, un ataque al corazón o un calambre en el músculo de frenar. Puede que nos moleste más o menos reconocerlo, pero estaremos todos de acuerdo en que, si por una desgracia, sufriésemos un desvanecimiento conduciendo, nos gustaría tener un ángel de la guarda a mano para evitar males mayores, en la medida de lo posible.

La asistencia a la conducción nos protege a nosotros, y también a los demás

Como hemos visto largo y tendido a través de nuestros artículos del Glosario de Sistemas de Seguridad, hay sistemas de seguridad que nos protegen a nosotros (normalmente los sistemas de seguridad pasiva), y otros que además protegen indirectamente a los demás. Un coche descontrolado por pisar una placa de hielo pone en peligro a los ocupantes y a cualquier conductor que “conviva” en ese trozo de espacio-tiempo. Si el coche tiene ESP, el riesgo de descontrol es considerablemente menor.

Si no disponemos de ABS y debemos “clavar” frenos ante un obstáculo repentino (una caravana a paso de tortuga que aparece de repente), solo nuestra pericia y quizás mucha suerte nos ayudarán a evitar una colisión. Con ABS aumentamos las probabilidades de evitar el accidente, pero también evitamos un innecesario golpe a otro conductor, con las lesiones que ello acarrearía.

Algunos sistemas de seguridad parecen más intrusivos que otros, como por ejemplo los sistemas que implican avisadores (acústicos, luminosos, o ambos), como el sistema de aviso de cambio de carril, por poner un ejemplo reciente. Hay que pensar que no se trata de un Pepito Grillo digital que te “da la brasa” cada medio minuto, sino que es una ayuda para los peores momentos al volante: los del despiste. El avisador de exceso de velocidad (programable muchas veces) nos indica que estamos alegrando demasiado el viaje, y solo avisa cuando llegamos (por ejemplo) a 130 km/h. Se puede desconectar, pero no porque moleste.

Frenada autónoma
Sistemas de frenada autónoma pueden parecer el colmo del intrusismo, pero son sistemas que solo van a actuar cuando todo está perdido, y esa apreciación va a ser más objetiva de lo que podamos presumir nosotros: los parámetros de conducción (velocidad, peso, inercias, etc) y la probabilidad de choque se van a calcular en fracciones muy pequeñas de segundo. Fracciones que son más pequeñas que la más rápida de nuestras reacciones, y con mucho. Es decir, en cuanto el cerebro humano “no llega” a procesar la información que se le presenta, actúa la máquina.

La obligación y responsabilidad moral del conductor

Los conductores están obligados a respetar las normas, el civismo, a conducir con prudencia y a no poner en peligro a terceros. Eso no es algo que venga en un manual, es una regla de conducta de la vida misma. cuando uno circula sabe que tiene una responsabilidad moral por sus actos, que si se salta un semáforo es posible que se presente un accidente (evitable); que si circula a 80 km/h por una zona urbana y atropella a alguien, lo matará; que si ataja o hace un cambio de sentido en zona prohibida se expone a incidentes, sanciones, incluso improperios varios.

Un conductor puede elegir libremente no disfrutar de los sistemas de asistencia a la conducción. Sin embargo, es necesario insistir en una cosa: todos esos sistemas nos ayudan a mejorar nuestras reacciones, a actuar como extensiones de nuestro cuerpo y de nuestras intenciones y lograr que una situación muy comprometida quede en un simple susto. Si no dispusiésemos de dirección asistida, ABS y control de estabilidad los números de siniestralidad se dispararían, y eso es solo un pensamiento propio al aire. Pero creo que justificado.

Asistencia a la conducción sin interferencia en las acciones comunes

Golpe
Para un servidor, la asistencia a la conducción es (MUY) necesaria. No debe nunca interferir en nuestras acciones comunes (pero puede que ya lo hagan, y no nos demos cuenta). Deben facilitarnos la vida, y facilitar que salgamos ilesos de situaciones realmente complicadas que no podríamos evitar en un modo manual 100%. nosotros, los comunes mortales, no somos ases del pilotaje; no somos pilotos profesionales que tienen los sentidos afilados y entrenan casi 24/7 durante todo el año para ser los mejores en su rama.

La mayoría de nosotros somos personas que quieren desplazarse de A a B, hacerlo de forma segura y de paso disfrutar con la conducción. Estoy convencido de que nadie va a relajar sus sentidos, su atención y todo lo que tiene que tener puesto en la carretera porque sepa que tiene a su disposición un batallón de sistemas de seguridad. Otra cosa es que se subestime la fuerza de un impacto a poca velocidad, o que se pretenda ser inmune a los golpes. Eso, en realidad, es una de las carencias más comunes, que es la carencia de sentido común.