La eterna introducción a la Seguridad Vial

Seguridad Vial

Uno de mis recuerdos de la infancia tiene por escenario un aula de lo que en aquellos años denominábamos Educación General Básica. No, allí no se impartía Seguridad Vial, pero existe una conexión entre aquellos recuerdos y la forma de impartir Seguridad Vial a los trabajadores en la actualidad. Entre aquellos recuerdos, y entre las enseñanzas de muchas materias —por algo la educación era General— a un nivel que no destacaba por su profundidad —por algo la educación era Básica—, destaca en mi memoria el eterno temario de Historia.

¿Que qué tenía de eterno? No fui consciente de esta noción hasta que, pocos años más tarde, allá por mi paso por el Bachillerato Unificado y Polivalente —me niego a reflexionar sobre Unificado y sobre Polivante— me hicieron pensar en la diferencia entre los conceptos inmortal y eterno. Fue una buena profesora de Latín de la que guardo un gran recuerdo —ahora recuperado para el presente por la gloria de Facebook—, que nos explicó que si uno nace, pero no muere, resulta ser inmortal —claro—, mientras que alguien que ni nace ni muere es eterno. Como el temario de Historia. Como el temario de Seguridad Vial, allá donde se imparte.

¿Que no se imparte? Claro que se imparte, aunque no de forma reglada ni obligatoria, sino voluntaria y voluntariosa.

Días atrás, un buen amigo de Circula Seguro y compañero mío de fatigas, el gran Antonio Serrano Oliva (ver perfil en LinkedIn), escribía un artículo sobre la importancia de impartir Seguridad Vial en la empresa. Vinculaba la cuestión a la responsabilidad que recae con frecuencia en la figura del conductor de una empresa, mientras el directivo mira para otro lado, acaso pensando que la fiesta no va con él. Animaba Antonio a que el empresario tomara cartas en el asunto, se implicara realmente en la mejora de la seguridad de sus trabajadores y, por tanto, se decidiera por procurarles una buena formación en Seguridad Vial.

Hasta aquí, muy de acuerdo con Antonio, como es lógico por otra parte. Sin embargo…

La seguridad vial, frente al eterno temario
de Seguridad Vial (que no es lo mismo)

Impartir Seguridad Vial

El problema llega cuando uno comienza a abordar un temario sobre Seguridad Vial —el que sea, en el fondo tanto da mientras cumpla unos mínimos de calidad— y al poco rato ese uno se da cuenta de que de forma involuntaria ha vuelto a abrir aquel viejo libro de Historia eterna, el temario que nunca empieza ni acaba, ese temario con el que siempre nos quedamos en la superficie de todo, tras haber repetido lo mismo hasta la saciedad.

Un momento. Volvamos a aquella vieja aula de EGB para explicar la eternidad del temario.

Siempre tuve la sensación de que año tras año nos tocaba repetir, tripitir y cuatripitir(*) los mismos temas: desde la Prehistoria hasta… poco más allá de la Prehistoria. Y luego pasábamos muy de puntillas por la Edad Antigua, nos moríamos de asco en la Edad Media… y se nos había acabado otro curso. Con suerte, para el siguiente nos saltaríamos algún dinosaurio mal enterrado y llegaríamos, cómo no, a la Edad Media, para pasar a la Edad Moderna —que de moderna no tenía nada—, y así año tras año… hasta que en 8º de EGB nos tocaba meternos los siglos XIX y XX en la boca y tragarlos sin masticar. Claro, como fueron épocas en las que apenas ocurrió nada, y como nada de lo acaecido durante aquellos años locos vistos a la carrera nos afectaba ni por asomo…

Ya de vuelta al siglo XXI, no son pocas las veces en las que el temario de Seguridad Vial incide en los mismos aspectos una y otra vez. Pasemos revista. Noción inexistente de la población en general sobre la importancia de la seguridad vial, algunas cifras para la reflexión, factores de riesgo propios del conductor, el acompañante, el peatón y un señor de Soria que pasaba por allí, del vehículo, de la vía y la climatología, medidas preventivas, la Edad Media con un poco de suerte… y a la próxima ocasión, con más suerte todavía, vuelta a empezar. A por el Neolítico, que es lo que más mola, y que viva el día de la marmota.

El día de la marmota

Se me puede objetar que la Seguridad Vial, como materia, es la que es y que no hay nada más que contar. Y podré estar de acuerdo para no discutir… o discrepar firmemente. Pondré un ejemplo: Circula Seguro. No sé si al lector le sonará el nombre, pero se trata de una publicación donde hace años que se trata sobre seguridad vial y que hace años que no se queda hablando del Neolítico que son: la importancia de la seguridad vial, algunas cifras para la reflexión, factores de riesgo propios del conductor, el acompañante, el peatón y un señor de Soria que pasaba por allí otra vez, del vehículo, de la vía y la climatología, medidas preventivas, la Edad Media con un poco de suerte… y a la próxima ocasión, con más suerte todavía, vuelta a empezar.

Hombre, también lo hacen de vez en cuando, pero no se quedan sólo en eso. O no deberían.

Ocurren varias cosas cuando impartimos un temario tan limitado. La primera es que uno tiene siempre la sensación de estar dándole vueltas a la misma rueda del hámster, la que no lleva a ninguna parte. Pero esa no tiene mayor importancia, porque sólo la padece el que imparte la materia. La segunda es más peliaguda, ya que te la dice el mismo alumnado cuando le preguntas qué le ha parecido lo del dinosaurio y el descubrimiento de América y te dice que nanái, que todo eso de la Prehistoria ya se lo sabía y que América no se la has descubierto mucho, que digamos. Y como la torta en toda la cara resuena hasta en el pasillo de abajo, rápidamente el alumnado matiza sus palabras:

“A ver, que siempre va bien refrescar estos temas, porque son cosas que sabes que no hay que hacer… pero las acabas haciendo, por las cosas del día a día o por lo que sea.”

Es decir, que no es tanto una cuestión de impartir conocimiento como de enseñar actitudes cuando el alumnado ya está formado en la eterna introducción a la Seguridad Vial. Nada que no supiéramos ya, mientras el temario vuelve a comenzar por la importancia de la seguridad vial, algunas cifras para la reflexión, factores de riesgo propios del conductor, el acompañante, el peatón… y el señor de Soria ya no, porque dice que ya está bien la broma.