La DGT anima a las empresas para que fomenten la seguridad vial entre sus trabajadores

Casi accidente

Hoy en día, el mejor lugar para encontrar a una víctima de la siniestralidad laboral es la carretera. Dicho en llano, resulta que nos matamos por ir a trabajar. Quizá por eso la DGT ha decidido tomar cartas en el asunto. Ayer Pere Navarro invitó a los empresarios a que formen a sus trabajadores en materia de conducción segura y de esta forma incorporen la cultura de la seguridad vial al mundo de la empresa.

En los últimos años las empresas han ido incorporando la prevención de riesgos laborales y las políticas medioambientales, al menos sobre el papel. Según Navarro, los empresarios también pueden ir aceptando que la formación en seguridad vial representa no ya sólo un bien social, sino un ahorro económico para la empresa, ya que los costes de la siniestralidad son enormes si tenemos en cuenta los daños a los vehículos, las bajas laborales y el impacto psicológico sobre el resto de los empleados.

Pere NavarroAunque parece que cada vez que Pere Navarro abre la boca sube el pan, no le falta razón en este caso al director de Tráfico. Los costes económico-sociales derivados de la siniestralidad vial son, además de absurdos y evitables, una verdadera ruina. Por complicado y costoso que parezca embarcarse en un proyecto de formación de los trabajadores, si estamos en tiempos de crisis lo que no resulta inteligente es escudarse en el ahorro inmediato para seguir derrochando dinero a largo plazo.

Ahora bien, dice la sabiduría popular que “del dicho al hecho hay un buen trecho”. Navarro propone y los empresarios disponen. Enmarcados como estamos en la llamada política de la persuasión, la DGT no obliga a ninguna empresa a tomar cartas en el asunto, de modo que cada cual verá cómo se lo monta para que esto salga adelante. Los números cantan, pero no todos los empresarios entienden la melodía. ¿Que para conseguir evitar una muerte que a lo mejor no me toca tengo que parar máquinas no sé cuántas horas? Sí, esto de convencer a según quién parece un reto difícil de conseguir.

Al final va a tener razón Arturo Pérez-Reverte cuando critica esas “sonrisitas, guiños y achuchones afectuosos” que nos deparan nuestros responsables públicos. El buen rollito sirve para hacerse un buen lugar en los despachos públicos, sirve también para arañar votos en el mercado del barrio y hasta para conseguir aplausos en las escuelas de negocios de donde saldrán grandes negociantes que lo mismo dirigirán empresas de marketing que de patatas fritas. Sin embargo, esas formas no siempre resultan útiles para convencer al pequeño empresario, que es el que abunda en nuestra sociedad. Al empresario que pone a parir a un proveedor mientras tiene una mano completamente engrasada buscando una avería que el encargado de mantenimiento no sabe resolver, a ese no le sirven los discursos de amiguete ni las palmaditas en su curtido hombro. Sus trabajadores seguirán matándose con la furgoneta mientras él discute con el fabricante de la máquina por una avería que hace horas que debería haberse resuelto.

Vía | HoyMotor

Foto | Flickr (Gravestone)

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