La delgada línea entre seguridad y tecnología

Audi Connect

Cada vez existen más elementos innovadores. En todos los aspectos. También se han introducido en el mundo del automóvil y de la seguridad vial. Desde aquel primer móvil han aparecido cantidad de nuevos aparatos tecnológicos que han cambiado nuestra forma de ver la vida y de actuar ante distintas situaciones.

Hay numerosa tecnología que nos ayuda considerablemente en nuestro día a día, también en la conducción. Los coches tienen cada vez mas tecnología y electrónica integrada. Antes lo único que andaba solo era el reloj (y no siempre, pensará alguno).

Pero esta tecnología a veces puede ser perjudicial. El GPS, por ejemplo, es un elemento de distracción importante. Dentro de que es útil en momentos dados, estar mirándolo constantemente por que no sabemos dónde vamos, o para saber la velocidad exacta a la que circulamos o en qué punto está el radar, no ayuda. Luego está la posición donde lo colocan infinidad de conductores, en todo el centro del parabrisas, tapando gran cantidad de información.

Dentro esa integración de la tecnología en el vehículo, ahora ya la mayoría lo traen integrado en el salpicadero, lo que elimina esa falta de visibilidad al ponerlo externo en el parabrisas. El GPS está permitido, pero lo que no está permitido es manipularlo mientras vamos conduciendo. Eso si, llevémoslo actualizado que algún caso hay de no llevarnos a nuestro destino precisamente. De todas formas lo ideal es prepararnos previamente la ruta, y apoyarnos en el GPS, no confiar ciegamente en el aparato.

Uso responsable del GPS

Elementos como la frenada de emergencia ante un peatón, el ESP, el avisador del punto muerto en el retrovisor, avisadores de carril, etc. En fin una gran cantidad de sistemas que realmente mejoran la seguridad, nadie lo puede negar, y son de gran ayuda, cuando se utilizan bien.

Ante la mejora de la tecnología, paradójicamente, se produce el efecto adverso en algunos conductores. Se arriesga en exceso en determinadas situaciones ante la tranquilidad de que el coche actuará en consecuencia, eso es un riesgo.

El coche autónomo. Este vehículo está dando que hablar. Personalmente no me gusta dejar el cien por cien del manejo del vehículo a una máquina o sistema operativo, cuando existen elementos externos que son difícilmente controlables. Ante señales defectuosas, mal pintadas, mal colocadas, caídas, ¿cómo interpreta el coche estas situaciones? ¿Es capaz de detectar un balón de plástico que sale rodando de entre dos coches, e interpretar que casi seguro detrás va un niño? ¿Cuántas cámaras, micrófonos o sensores tiene que tener?

Cuando un móvil roto es todo el recuerdo que queda

Después está el tema del móvil. Hace poco leí un artículo que hablaba de lo que Android y Apple le iban a aportar al mundo del automóvil. Poco más o menos, que el coche sería la extensión del móvil para aprovechar incluso cuando estamos conduciendo para recibir y enviar mensajes, incluso Whatsapp. Eso sí, todo sin mover las manos del volante por aquello de la seguridad. Pero estamos en un error cuando creemos que para conducir sólo usamos las manos y los pies. Lo que más usamos es la cabeza y en ese momento que nuestro coche nos está leyendo un mensaje, donde no está nuestra cabeza es mirando las señales que nos podamos encontrar. Todo esto está ya, prácticamente, disponible a través de la tecnología bluetooth de nuestro móvil junto con la de nuestro coche.

Esto si que son fuentes de distracción, y muy peligrosas. Cuando nos sentamos al volante, todos nuestros sentidos tienen que estar centrados en la conducción. Una conversación por móvil, sin utilizar las manos, distrae. Y utilizando las manos además, inutiliza. Los coches están diseñados para utilizarse con dos manos. ¿Serías capaz de hacer una tortilla de patata con el móvil en la mano? Lo dudo mucho. Si necesitas hablar, perfecto, busca el lugar adecuado para parar (el arcén no lo es) y hazlo, pero no comprometas tu seguridad y la de todos con ese comportamiento. Y luego está el tema del WhatsApp, eso merece un artículo aparte.

Esa delgada línea entre seguridad y tecnología, es muy fácil de romper. La mejor manera de que no se rompa es el sentido común. No todo lo estrictamente permitido conduciendo quiere decir que sea bueno. Por ejemplo, esa conversación utilizando las últimas tecnologías, que aunque no sea ilegal, no es nada beneficiosa.

En definitiva, soy partidario de la tecnología dedicada a ayudar al conductor en situaciones clave y de emergencia, por supuesto. Pero tengo mis reservas sobre la tecnología diseñada para hacer cosas que no tienen nada que ver con la conducción en sí.