La campaña más emocional de la DGT

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Hace un par de semanas como mucho que vi el primer anuncio de la DGT de su campaña especial Alcohol Verano 2011, y diré que no me ha dejado indiferente. Lejos de las siniestras imágenes del pasado, en las que se nos mostraban las consecuencias de las imprudencias y los accidentes, y que ponían de relieve los dramas personales y familiares a posteriori, ahora nos muestran la cara amable, la cara que prevalece cuando una persona hace un gesto bien intencionado impidiendo que un amigo, un familiar o un conocido coja el coche después de haber bebido. Es la campaña más emocional de la DGT.

Siempre digo (y lo se, digo muchas cosas) que los gestos buenos suelen pasar desapercibidos. Nada es más claro que las consecuencias de un acto que lleva a un accidente: el accidente, sus secuelas y el drama están ahí para recordarnos que “haber hecho X” tuvo consecuencias malas, e incluso fatales. Sin embargo la prevención puede pasar desapercibida porque objetivamente no pasó nada. Precisamente por esto es más difícil recordar los actos de buena fe o de sentido común que hacemos sobre otros, o que otros hacen sobre nuestras personas. Paradójico, ¿verdad?

La figura del amigo “pesao” que insiste en que no debemos coger el coche ya que nos hemos tomado dos copas; el padre que nos sermonea sobre la “tajá” que llevamos y lo poco capacitados que estamos en ese momento para conducir; la novia que insiste en dejar el coche ahí y pedir un taxi… todos ellos son, sinceramente, un engorro cuando lo que nosotros queremos es volver a casa después de una noche de fiesta, una tarde en la verbena o en la playa donde hemos dado buena cuenta de las maravillas del chiringuito.

Lo importante es llegar

A todos estos pesados se les ha de dar las gracias. Las gracias por haber dejado de lado cualquier prejuicio sobre aleccionar a los demás, por habernos evitado una situación de peligro que, seamos serios, puede que no suceda pero que como sí que pase nos llevará a una vida que no nos gusta. O posiblemente nos lleve a otra vida, directamente. Por este motivo me gusta la campaña de la DGT, porque pone de manifiesto el agradecimiento que nunca se hace porque después de la acción no hay consecuencia. Simplemente volvemos a casa, sanos y salvos, y olvidamos que por un momento estuvimos a punto de hacer una estupidez.


Vale la pena repasar los vídeos, o bien cuando los veamos en uno de los canales que habitualmente sintonizamos, que nos paremos a valorar el alcance de las buenas acciones de los que tenemos más cerca. Nos lo llevamos a otros terrenos y nos encontramos que, curiosamente, a veces no nos damos cuenta de cuando nuestra mujer o novia, o en el caso inverso para quién corresponda, el marido o novio, hace un gesto para facilitarnos la vida. La mayor parte de las veces disfrutamos de ello pero no reparamos en que ese gesto es bueno, tiene la intención de mejorar nuestro día o simplemente hacernos la vida más placentera.

En el caso de salir a conducir habiendo bebido la cosa trasciende el simple gesto de buena voluntad porque se están preocupando por nuestra vida. Es doble entonces el agradecimiento. Me gusta esta nueva forma de enfocar los mensajes que deben concienciarnos. Se acabaron las voces de ultratumba, las lágrimas, el drama, mostrarnos la crudeza del después, empieza una época en la que debemos darnos cuenta de que lo importante es llegar (adaptado de forma infame del lema de la campaña), y de que lo que de verdad importa a la hora de viajar o simplemente desplazarnos es que la vida sigue, y que nada de lo que ocurra en el intermedio (el viaje) debe empañar un proyecto tan bonito. Reconozco que me he dejado llevar por lo sentimental, pero es que es así la vida, ¿verdad? Y para que siga así, mucho cuidado y sentido común ahí fuera este verano.

Más información | DGT – YouTube

  • escargot

    Es verdad, hay cosas que la gente no aprecia cuando se hacen bien… y llegar a un sitio es una de esas cosas. Muchas veces no nos paramos a pensar en que los gestos que precisamente tienen valor son los que nos permiten llegar a casa.

    Tengo la mala costumbre de ir por las carreteras más enrevesadas y mis padres lo saben… y a cada viaje que hago me hacen el interrogatorio… que por dónde voy a ir, que no vaya por carreteras perdidas… es verdad que me suena al sermón de siempre (oye, a los que no bebemos nos puede caer por otras cosas) pero entiendo por qué lo hacen.