Kilómetros recorridos vs. Número de trayectos realizados. ¿Cómo obtenemos más experiencia?

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Reconozco que este tipo de preguntas se me ocurren a veces mientras conduzco. Esta en concreto me vino a la mente porque en un momento dado pensé que llevo unos días saliendo mucho con el coche, haciendo un montón de pequeños viajes y, por otro lado, echando de menos hacer tandas largas de kilómetros por la autovía. Viajar, en otras palabras. Y como una cosa lleva a la otra, empecé a preguntarme qué nos da más experiencia al volante, si la cantidad neta de kilómetros que hayamos recorrido, o bien el número de “salidas” que acumulemos.

Como en todos los razonamientos que hago, tengo que dejarme llevar por mi experiencia y por cómo proceso luego (al menos inconscientemente) toda la información que absorbo mientras voy al volante. Así que sin ánimo de que esto que voy a contar siente cátedra, me gustaría que al final aportaseis vuestros comentarios para que nos hagamos una foto completa de lo que discutimos. La experiencia, ¿nos la dan los kilómetros recorridos, o bien la cantidad de veces que “salimos con el coche”?

Kilómetros siempre se hacen, pero no todos aportan lo mismo

Estoy seguro de que para algunos de vosotros el razonamiento es inmediato, trivial. Pero no diré en qué sentido creo que os vais a decantar. Para mi, kilómetros los hacemos todos, siempre hay que recorrerlos para llegar a destino, bien sea al centro de la ciudad, a un polígono, al pueblo de al lado, o tras habernos hecho la transhispana, de Cádiz a Girona.

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Lo que ocurre es que no creo que sea lo mismo recorrer un kilómetro en autovía que recorrer un kilómetro en zona urbana o periférica. Cuando me refiero a autovía quiero decir que, implícitamente, estamos en espacio interurbano y no, por ejemplo, en una circunvalación que pertenezca a una autovía como tal, o ese tramo de autovía que utilizamos para ir desde la zona norte hasta la zona sur de la ciudad (como me pasa a diario en Mérida). Hablo de esa autovía en la que nos perdemos dos horas entre nuestra casa y el destino en otra ciudad.

A pesar de que hay que mantener toda la atención en la conducción, si las condiciones de tráfico son propicias hay que reconocer que no tenemos demasiado trabajo. Circulamos a velocidad constante, controlando los espejos, parando convenientemente a estirar las piernas, pero no tenemos que realizar demasiadas maniobras.

En cambio, en zona urbana, en circunvalaciones, en situaciones por las que debemos meternos en autovía para acceder a otras partes del casco urbano o polígonos, concentramos más maniobras por kilómetro y además, tenemos más probabilidades de meternos en tráfico más denso. Y tenemos más incorporaciones y salidas de la autovía, entre otras cosas.

Con cada nuevo viaje o trayecto, repetimos y reforzamos procesos

Imaginemos un viaje largo, de 500 kilómetros. En ciertas condiciones, podemos pensar que vamos a salir de casa, acceder a la autovía (con su correspondiente incorporación) y circular kilómetro tras kilómetro con las típicas “incidencias” de la ruta: un adelantamiento aquí, dejamos espacio para que otro se incorpore a la autovía allá, tengo que repostar, así que lo voy a hacer aquí y de paso me zampo un pinchito de tortilla. Luego llegamos a destino, nos incorporamos a la parte urbana y listo.

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Con eso llenamos entre 4 y 5 horas (más bien 5). Podemos hacer dos recorridos diarios (ojo, no digo que yo lo haga habitualmente, pero no es nada de ciencia ficción). En ciudad cien por cien podemos realizar el proceso de salir, circular, llegar varias veces por jornada. Depende de lo que tengamos que hacer, pero si ir más lejos ayer mismo hice cuatro parejas “ida y vuelta” por diferentes motivos.

Reiniciar el proceso tiene su interés y creo que acumula más experiencia en el conductor: salimos del garaje, nos desplazamos, encontramos tráfico, adelantamos, estacionamos, volvemos, estacionamos o guardamos…No me refiero a trayectos exclusivamente urbanos, puede haber de todo. Pero como el hábito hace al monje, en este caso nuestro hábito de movernos y reiniciar el proceso cuenta con más peso en la experiencia.

Tiempo de carnet, ¿lo sumamos a la fiesta?

Sinceramente, yo no lo sumo. Primero porque no lo tengo, y segundo porque no vale de nada tener un carnet si no se acompaña de práctica diaria o semanal (o mensual, ¡al menos!). Si alguien quiere zanjar una discusión con “es que yo tengo 35 años de carnet” para decirme que, por tanto, tiene más experiencia… no voy a negarlo, pero per se, los años de carnet no son sinónimo de gran experiencia al volante. Eso si, lo lógico es tenerla, cómo no. ¿Qué opináis vosotros?

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