Jóvenes, alcohol y accidentes: ¿de quién es la culpa?

Jovenes y alcohol Los datos que se pueden extraer de las estadísticas que maneja la DGT son nada menos que espeluznantes. La cantidad de jóvenes que perdieron la vida en 2005 en accidente de tráfico, sumando a ello el consumo de alcohol y la noche, es sobrecogedora. De los 1.400 jóvenes entre 15 y 29 años fallecidos en ese año, el 25% iban en moto. De hecho, hasta el 50% de los muertos en accidentes de vehículos de dos ruedas era joven (considerándolos jóvenes en aquél rango de edad).

Las probabilidades de muerte por accidente de un joven son altísimas comparadas con las probabilidades de morir por causa de enfermedad (tumores, enfermedades incurables…) o por suicidios, y es algo que debe hacernos pensar acerca de las posibles causas, y sobre todo la manera de evitar todas estas desgracias. Porque no sólo hablamos de muertes, hablamos también de secuelas de por vida, desde lesiones de poca importancia, pasando por cojeras, sorderas, hasta la invaildez parcial o total.

Una causa que señalan en la DGT es la inexperiencia de los jóvenes en la conducción. Si bien eso no es mentira, ya que un conductor joven, por lógica debería tener menos experiencia y kilómetros que un conductor con más años de carnet, no representa, creo yo, la realidad. un conductor joven puede facilmente tener más experiencia real en carretera que uno experimentado, pero la realidad es que el quid de la cuestión no es ese. Más bien es la aptitud de los jóvenes por un lado, y su actitud en el lado opuesto.

La aptitud de un joven es, objetivamente, mejor desde el punto de vista físico en cuanto a reflejos o capacidad de reacción, y resistencia física, pero la actitud suele ser más competitiva e impulsiva, y suele tener menos elementos de juicio que le impidan cometer imprudencias. También se puede hablar de exceso de confianza y prepotencia.

Entre actitud y aptitud tenemos una balanza que puede desequilibrarse peligrosamente hacia la influencia negativa de la actitud más competitiva, y si el alcohol actúa de por medio, mucho más rápidamente.

Da miedo leer que a los 18 años, el 26% de los jóvenes ha circulado en un coche cuyo conductor iba borracho, y acto seguido leer que el 40% de los accidentes de tráfico en los que resulta muerto un joven, se detectan elevadas alcoholemias en el conductor. Por matemáticas, un joven de 18 años tiene un 8% de probabilidades de morir tan pronto se sube a un coche. Está claro que son números, pero la realidad es que ahí están.

Encontrar la solución definitiva a este problema sería como encontrar una nueva piedra de Rosetta, pero ¿no es posible que simplemente, por medio de la educación familiar, se puedan dar pasos positivos a este respecto? Sería mucho mejor que las familias se educasen y educasen a sus hijos en la simple idea de que no vale la pena morir por hacer un rato el tonto. Que no es más que eso, mezclar la diversión (el que sea por medio de alcohol es otro tema diferente, que también necesita atención) con la conducción, no mola si no es en un circuito. Sin duda un tema sobre el que reflexionar, pero lo cierto es que la culpa no es íntegra de los jóvenes, y mientras sepamos esto, hay esperanzas.

Vía | Revista Tráfico