Italia quiere subir el límite de velocidad a 150Km/h

Velocidad

Italia anda debatiendo su reforma legal del Codice della Strada (el equivalente a nuestro enjambre de leyes y reglamentos viales). Aunque hay varios puntos que están siendo objeto de debate (como la tasa de alcoholemia 0,0 para conductores noveles y profesionales), quizá lo que más nos ha llamado la atención es la intención de elevar a 150Km/h la velocidad máxima en autopista, siempre que las condiciones de tráfico y meteorológicas sean favorables.

La medida se aplicaría a unos 2.000 de los 6.000km de autopistas existentes en el país, y se complementaría con una reforma en la penalización de los excesos de velocidad. Para dar algún dato gráfico (que le tomo prestado a Javier Costas), uno podría viajar a 167Km/h de media desembolsando la módica cantidad de 38 euros. Y si no le viene de aquí, por 155 euros y 3 puntitos de nada se podría lanzar a 200Km/h por aquellas vías. ¿Quién habló de mercantilismo en el caso español? Los italianos nos pasan la mano, el brazo y hasta el hombro por la cara.

Silvio Berlusconi

El ciudadano medio está que salta de contento, y seguramente le promete larga vida al presidente Berlusconi. Es lógico. Al conductor le dolerán menos las multas y eso es lo que le alegra. De todas formas, el Estado ingresará lo mismo o más, ya que previsiblemente se hinchará a sancionar. Al fin y al cabo, la vida está muy achuchá en toda Europa y hay que mover el dinero para salir de esta crisis como sea. ¿Y quién mejor que el ejecutivo de Berlusconi para redistribuir la riqueza de los demás?

Por su parte, las asociaciones policiales especializadas en seguridad vial han puesto ya el grito en el cielo, conscientes de que un aumento de la velocidad permitida en un entorno vial como el italiano es como echarle un tanque de gasolina a un incendio forestal. Y es que cualquiera que haya conducido por Italia sabe que allí hay autopistas que parecen caminos de cabras, las distancias de seguridad son inexistentes y el cumplimiento de la norma es un terreno reservado a los frikis del volante.

Vamos, como en España, o incluso peor. Y de que un coche a 150Km/h emplea gran parte de su carburante en vencer la resistencia del aire, casi que ni hablamos, que la gasolina va barata en estos tiempos que nos ha tocado vivir y en Italia se ve que la regalan. ¿O será que el Estado saca una buena tajada del consumo de hidrocarburos?

El Hombre de Vitruvio simboliza los lí­mites del ser humano

Hasta que el cuerpo aguante

A finales del siglo XIX, la cultura popular fijaba en 100Km/h la velocidad máxima a la que se podía viajar. Argumentaba la sabiduría anónima, y además lo atestiguaban algunos médicos, que por encima de esa cifra el cuerpo humano experimentaba fuertes desarreglos producto de moverse a razón de casi 28m/s, lo que era a todas luces antinatural. Al fin y al cabo, si Dios hubiese querido que el hombre se moviera a tal velocidad, lo habría dotado de la constitución física de un guepardo.

El tiempo ha demostrado que estas aseveraciones no eran más que suposiciones sin base científica alguna. Hoy en día viajamos a más de 100Km/h y afortunadamente no se nos salen los ojos de las órbitas ni nos mareamos por el hecho de movernos a esas velocidades. Sin embargo, hay hechos probados que tienen que ver con los límites fisiológicos del ser humano y que resultan inapelables:

· Nuestro campo visual se estrecha a medida que aumenta la velocidad a la que circulamos, de forma que cuanto más corremos, peor vemos nuestro entorno.
· A mayor velocidad, es necesaria una mayor dosis de concentración, por lo que aumenta el riesgo de que ocurra una distracción.
· La elevada concentración fulmina nuestras energías, por lo que tendemos a cansarnos antes si vamos excesivamente atentos a la carretera.

Ante el mito del “yo controlo” (“io controllo”, para los súbditos del país de la bota), tenemos que considerar que cuando llevamos un vehículo por las vías públicas no estamos conduciendo, sino circulando. Es decir, en un entorno aislado y casi de laboratorio, se puede aceptar conducir no a 150Km/h, sino a 200Km/h o a 300Km/h si la máquina da de sí. Es lo que hace un piloto en un circuito después de haberse preparado de forma específica para esa actividad. Y la máquina no le dura ni tres telediarios, aunque ese es otro tema.

En una vía abierta al tráfico, además de las posibilidades con que cuenten el vehículo y el mejor de los conductores, tenemos los problemas inherentes al tráfico y a la vía. No estamos rodando solos, sino que circulamos en un entorno vial, rodeados de otros conductores que son humanos como nosotros (y que pueden cometer errores) y por unas vías que aunque fueran las mejores del mundo nos podrían esconder una sorpresa en forma, por ejemplo, de coche averiado en la cuneta.

¿Cómo reaccionar ante ese imprevisto? La base de la conducción preventiva es la observación, la anticipación y el control de nuestro espacio. Si tenemos en cuenta que tardamos (de media) 0,75 segundos en reaccionar ante un estímulo, sabremos que llevando un coche a 150Km/h recorremos más de 31 metros mientras reaccionamos, y luego hay que sumarle el tiempo que tardemos en actuar de forma correcta, si es que nos ha dado tiempo a elaborarla, claro.

Para entonces, lo más probable es que el coche averiado ya forme parte de nuestra historia personal. Concretamente será la que cuenten nuestros familiares para explicar a los demás qué fue lo que nos sucedió aquella tarde en la autopista. Más que nada, porque sufrir una colisión a 150Km/h no deja demasiadas posibilidades a los médicos para que nos salven la vida.

Finalmente, elevando la velocidad máxima de ciertos vehículos se hace mayor el rango de velocidades que podemos encontrarnos en una autopista. Si ya es molesto encontrar a un camión que adelanta legalmente a otro y que nos fuerza a reducir la velocidad de 120Km/h a 90Km/h, al ampliar este rango podemos encontrarnos no ya con una molestia, sino con un peligro más que real.

Eso sí: subir los límites de velocidad reporta la felicidad de los conductores y por tanto le reportará votos al bueno de Berlusconi. Y si luego la siniestralidad se dispara en Italia, siempre podremos argumentar con aquella cita tan italiana y, por extensión, tan mediterránea, tan nuestra: Piove? Porco Governo!

Vía | DiarioMotor

Foto | Dark Ghetto28, Alessio85, Wikimedia Commons

Más información | allaguida, Associazione Sostenitori Amici Polizia Stradale

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