Iremos a 30Km/h por la mayoría de las vías urbanas

Señal vertical de limitación de velocidad

Un convenio que firmarán la DGT y la Federación Española de Municipios y Provincias fija en 30Km/h la velocidad máxima que se aplicará a buena parte de las calles, plazas y avenidas de nuestros municipios. En virtud de ese acuerdo, aproximadamente un 80% de las vías urbanas verán reducida la velocidad máxima permitida en un 40%.

De aquí podemos sacar varias lecturas. Tenemos la del conductor que se mosquea porque siente que le frenan cada día más y que al final saldrá ganando si quema su coche y se va a pie. Luego está el que ya va a pie y cree que la calle es para el peatón y no para los coches, que se alegra y se felicita por la medida. Y también está el amante de la estadística, que nos recuerda que un atropello a 50Km/h supone riesgo de muerte en un 50% de los casos, mientras que a 30Km/h ese riesgo se reduce a un 5%. Ah, y no falla nunca el que sostiene que todo esto es para recaudar a golpe de radar.

Y luego… estoy yo, que tengo una lectura que se resume en un simple: “¿Y qué?”

Matrí­cula alusiva a la tortuga

Rara es la vez que miro el velocímetro (qué palabra más fea) del coche cuando voy por ciudad. Tengo cosas mejores que hacer con mis ojos en esos momentos. Esto no quiere decir que vaya como un loco por las calles, sino más bien al contrario. Me mantengo en todo momento en un rango de velocidad adaptado al ritmo del tráfico y de la vía. Y eso incluye que, cuando las circunstancias obligan a moderar la velocidad, lo hago sin dudarlo.

Para quien no tenga presente cuáles son esas “circunstancias”, recitaré un ameno pasaje de nuestro Reglamento General de la Circulación (Artículo 46, para más señas):


Se circulará a velocidad moderada y, si fuera preciso, se detendrá el vehículo cuando las circunstancias lo exijan, especialmente en los casos siguientes:

Cuando haya peatones en la parte de la vía que se esté utilizando o pueda preverse racionalmente su irrupción en ella, principalmente si se trata de niños, ancianos, invidentes u otras personas manifiestamente impedidas.

Al aproximarse a ciclos circulando, así como en las intersecciones y en las proximidades de vías de uso exclusivo de ciclos y de los pasos de peatones no regulados por semáforo o agentes de la circulación, así como al acercarse a mercados, centros docentes o a lugares en que sea previsible la presencia de niños.

Cuando haya animales en la parte de la vía que se esté utilizando o pueda preverse racionalmente su irrupción en ella.

En los tramos con edificios de inmediato acceso a la parte de la vía que se esté utilizando.

Al aproximarse a un autobús en situación de parada, principalmente si se trata de un autobús de transporte escolar.

Fuera de poblado al acercarse a vehículos inmovilizados en la calzada y a ciclos que circulan por ella o por su arcén.

Al circular por pavimento deslizante o cuando pueda salpicarse o proyectarse agua, gravilla u otras materias a los demás usuarios de la vía.

Al aproximarse a pasos a nivel, a glorietas e intersecciones en que no se goce de prioridad, a lugares de reducida visibilidad o a estrechamientos.

Si las intersecciones están debidamente señalizadas y la visibilidad de la vía es prácticamente nula, la velocidad de los vehículos no deberá exceder de 50 kilómetros por hora.

En el cruce con otro vehículo, cuando las circunstancias de la vía, de los vehículos o las meteorológicas o ambientales no permitan realizarlo con seguridad.

En caso de deslumbramiento, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 102.3.

En los casos de niebla densa, lluvia intensa, nevada o nubes de polvo o humo.


Por eso apenas miro el velocímetro en ciudad. A la que entro en una calle con aceras estrechas o paso por una de esas callejuelas en la que los coches aparcados suponen un muro visual para detectar posibles niños saltando a la calzada, modero la velocidad. Hago igual si el tráfico está tan caótico que no hay por dónde agarrarlo. O si me encuentro con un compañero de viaje que no sabe si cambiarse de carril o si no. Son varios ejemplos escogidos al azar, pero el abanico de posibilidades es amplísimo.

¿A cuánto voy, entonces? Pues seguramente a unos 25Km/h como mucho. Un click en el ordenador del coche y salgo de dudas. Ahí marca una velocidad media de 27Km/h, contando con que también realizo desplazamientos por carretera. Pues eso, lo dicho: Más o menos 20 o 25Km/h en ciudad. De hecho, en vías urbanas pocas veces tiene uno ocasión de alcanzar la que hasta hoy es la velocidad máxima genérica. Y, ojo, que en cuanto tenemos ocasión rápidamente se nos pone en rojo el semáforo o, en la versión gore, surge de la nada uno de esos magníficos resaltos que te destroza la espalda y, de paso, las ruedas, la dirección y el sistema de suspensión.

De ahí que cuando leo lo de la reducción de velocidad mi respuesta sea: “¿Y qué?” Como si en la actualidad pudiéramos circular a mucho más por nuestras calles…

¿Supondrá la modificación de la velocidad una causa para los atascos? Lo dudo. Si tenemos en cuenta la enorme complejidad del entramado vial urbano, existen suficientes ruidos que garantizan la constante alteración del ritmo “lógico” del tráfico. Por otra parte, en las vías con intersecciones reguladas por semáforos, si todo se hace bien no tiene por qué haber mayor problema.

Recuerdo haber realizado un experimento casero hace unos años en la ciudad de Barcelona, en el ortogonal distrito del Eixample. Era un domingo de esos en los que no había nadie por la calle a primera hora de la mañana. Me puse a cruzar la ciudad de Este a Oeste con el coche. No tuve que detenerme más que en un solo semáforo de los tropecientos que hay por el camino. ¿Cuál era el secreto? Circular todo el rato a 40Km/h. El departamento de Movilidad del Ayuntamiento seguramente había programado los semáforos para que se los encontrara en verde quien viajara a esa velocidad.

Hay algo que a veces no tenemos demasiado presente, y es que en ciudad el tráfico se regula muchas veces por contingentes de vehículos de forma más o menos sincronizada con la ayuda de los semáforos. De ahí que no tenga demasiada relevancia cuál sea la velocidad máxima que nos impongan por ley. Al fin y al cabo, la velocidad máxima de verdad nos la impondrán por “circunstancias del tráfico”.

Vía | 20minutos

Foto | Roby Ferrari, turtlemom4bacon

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