Ira y resentimiento son factores de riesgo en carretera

Conductor no muy amistoso

Conductor no muy amistoso


Ira y resentimiento son dos sentimientos habituales en las carreteras españolas. Diría, aún más, que son elementos de la vida cotidiana de muchas personas en cualquier ámbito. Muchas veces surgen de la frustración, que se produce por motivos económicos o por ilusiones no alcanzadas, pero en realidad no soy psicólogo y no se exactamente dónde están los orígenes de las conductas iracundas al volante. Y tampoco sé de dónde viene esa necesidad de algunos conductores por perjudicar a los demás de forma gratuita, por puro resentimiento contra “algo”.

Cuando un conductor “apura” ante un paso de cebra haciéndose el despistado ante el peatón que espera cruzar; cuando otro cierra la trayectoria para evitar un adelantamiento; cuando se utiliza el carril izquierdo con comodidad durante largo tiempo; cuando en ese mismo carril izquierdo se circula con parsimonia; cuando se ignora la existencia de los intermitentes para señalizar maniobras… los ejemplos son legión, y lamentablemente todo eso redunda en la acumulación de resentimiento en muchos conductores, que finalmente explota en forma de ira en el peor momento.

Conducir es una actividad compleja que requiere concentración y un estado mental tranquilo, pero también un estado de alerta, para afrontar las situaciones más inesperadas con garantías de seguridad. La falta de solidaridad en muchos casos, y la abierta relajación de todo afecto por las normas viales implica que las situaciones de riesgo se multiplican. Un “pique” entre dos conductores solo puede resultar en algo negativo, desde hacer incómoda la circulación para otros conductores hasta provocar una colisión.

No hagas a los demás aquéllo que no quieres experimentar

Por eso, el estado mental óptimo es el de la tranquilidad. No tenemos prisa, no somos los reyes de la carretera y los demás, ya sean conductores de coche, moto, camión o bicicleta, y por supuesto los peatones, están presentes con todas las consecuencias, y tienen los mismos derechos que tú y que yo. Es frecuente generalizar y que un colectivo hable mal de otro incluyendo en el mismo saco a quienes se saltan las normas o conducen de forma poco amistosa, y a quienes lo hacen correctamente.

El caso del camión es interesante, ya que todos, en alguna que otra ocasión, hemos vivido adelantamientos interminables entre “colegas”, despistes, situaciones tensas provocadas por otro conductor (frecuentemente de coche) impaciente, y mil casos más. Lo que ocurre es que camioneros hay muchos, y no todos son malos, igual que no todos pierden la carcasa del neumático en el peor momento. Pasa lo mismo con el colectivo ciclista, con los motoristas y con los peatones (sí, esos imprudentes que a veces cruzan la calzada por el medio de una rotonda, o peor).

La receta para vivir más tranquilos está clara: no hagas a los demás aquéllo que no deseas experimentar en tus carnes. No queremos ser Rusia (y aquí sé que estoy generalizando, pero no podemos olvidarnos de los capítulos de Rusiapasión) y llegar a las manos por una tontería que podemos evitar simplemente permaneciendo tranquilos. Yo viví momentos tensos en cierta ciudad española de la que no diré el nombre, gracias a lo poco amistoso de sus conductores y sus actitudes chulescas, agresivas e insultantes al volante. Y me enfadé, mucho. Luego comprendí que no vale la pena porque uno, mientras se le sube la sangre a la cabeza, pierde de vista lo más importante. Y eso es realizar el trayecto programado con la mayor seguridad, y sin calentarse.

Un saludo a Leninkov por sacar el tema el otro día.

En Circula Seguro | Sobre gestos, insultos y monólogos sobre ruedas, Cambios de personalidad al volante
Foto | Jon Rawlinson