Invierno, vestimenta y coche, ¿cómo lo encajo todo?

invierno-nieve-coche

Llega el frío, y con él llegan los momento de semicongelación en el coche, a primera hora de la mañana, cuando salimos de nuestra casa calentita y nos metemos en ese frío y poco amigable espacio que es el habitáculo. Si nuestro coche duerme a cubierto, bueno, es algo más llevadero, pero como por alguna circunstancia pase la noche al raso, podemos empezar a tomar precauciones porque hará frío, mucho, y no se pasará pronto. Vestirse bien abrigados es fundamental, pero también lo es que nuestra vestimenta sea compatible con la conducción, ¿será posible?

Lamentándolo mucho, la conducción mientras llevamos bien abrochado nuestro abrigo es incómoda, y dependiendo del volumen de nuestra ropa, no es muy seguro hacerlo. La libertad de movimientos que tenemos cuando llevamos puesto el abrigo es bastante menor que cuando conducimos sin abrigo y en mangas de camisa. Claro que no hay que ir al extremo de conducir en mangas de camisa, un jersey ligero o una chaqueta cómoda puede servir si llevamos una buena climatización. Ahí radica toda la clave de la solución al problema: conducir cómodos y disponer de una temperatura interior suficiente como para no sentir frío.

Conducir con el abrigo puesto implica que el cinturón de seguridad no ajusta todo lo bien que debería a nuestro cuerpo. De ahí que se desaconseje llevar esta prenda porque supone cierto grado de inseguridad. Entonces, ¿cómo hacemos para viajar calentitos? Y, ¿qué pasa en el momento de entrar en el coche?

Paciencia y buena letra al entrar en un coche frío

Entrar en un coche frío y calentar el ambiente es un buen ejemplo de la pescadilla que se muerde la cola: la mejor manera de calentar bien el ambiente es conectar la calefacción a una temperatura razonable, y con los ventiladores a buen ritmo, pero para que la calefacción entre en acción, hay que calentar el motor. Eso significan unos minutos de coche al ralentí, algo que ya sabemos que gasta combustible y no es muy recomendable.

Para calentar el motor lo más rápido posible debemos emprender la marcha. Primero, eso sí, hemos de despejar bien el hielo o el vaho de las ventanillas, parabrisas y luna trasera, además de los retrovisores. Para ello tenemos técnicas y técnicas. Conectar la luneta térmica, regular la calefacción para que lo primero que caliente sean parabrisas y ventanilla del conductor son buenas prácticas. En cuanto al abrigo… por mucho frío que haga es mejor quitárselo al ponernos al volante. Podemos esperar un par de minutos hasta que el aire de la calefacción pase de “gélido” a “fresco”, pero al ponernos en marcha debemos deshacernos de la prenda.

Una vez en marcha, conviene circular a ritmo bajo, sin subir mucho las revoluciones, y esperar a que todo se caliente en condiciones. En menos de cinco minutos deberíamos tener un ambiente interior caldeado, pero ojo, nunca nos pasemos de calor porque entonces conseguiríamos el efecto contrario, adormecernos o estar incómodos por “calor”. Además, el impacto de salir más tarde a la calle con una diferencia de temperatura de 15 o 20 grados no es agradable.

Este consejo de no circular con abrigo se extiende, por supuesto, a los más pequeños. El abrigo impedirá que ajustemos bien los arneses de su SRI, y por tanto estaremos reduciendo la eficacia del sistema de retención. Como es lógico, no es recomendable meter a un niño pequeño en un coche que ha pasado la noche al raso, en condiciones de frío intenso. Por ello, lo aconsejable sería intentar calentar el interior del coche antes de que entren los más pequeños.

Como siempre, la anticipación es nuestra mejor aliada. Y siempre que exista la posibilidad, un garaje particular, o colectivo, es una buena inversión.

Foto | Avtosha