Día Mundial de las Ciudades: el complejo reto de una movilidad segura

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Hoy es el tercer Día Mundial de las Ciudades, evento que se celebra desde 2014 impulsado por las Naciones Unidas, y que tiene como tema de este año Ciudades inclusivas y el desarrollo compartido dentro de un marco mucho más grande que es el conseguir la ciudad ideal.

Ciudades más grandes, ciudades más complejas

Ese mismo año 2014, el 54% de la población mundial vivía en ciudades y se estimaba un 66% para 2050. No han pasado ni dos años y la estimación ha alcanzado el 70%. Puede que suba antes de que acabe la década. Dicho de otro modo: la población de las ciudades va a aumentar muy rápido en las próximas décadas, y deben prepararse para esta afluencia.

Hacer crecer una ciudad es sencillo, basta con seguir construyendo en la periferia. Lo complicado es construir una ciudad habitable y segura a medida que esta crezca mientras se conservan y mejoran los sistemas hacia la ciudad idealmente segura partiendo la amalgama de capas actuales que se disputan el espacio de la misma.

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En el interior las ciudades hemos creado una auténtica biología de asfalto alrededor de nuestra propia movilidad con capas que tienden a intersectarse. Estas intersecciones son constantes: un peatón con bici se incorpora al tráfico, un vehículo cambia de carril para dejarlo atrás, o un peatón camina sobre un paso de cebra más adelante deteniendo a ambos.

Además, estas capas dependen las unas de las otras: Los peatones que acuden a una tienda pasean por la capa peatonal, pero necesitan de una capa de asfalto cercana a la tienda para que una furgoneta alimente su inventariado, así como para realizar determinados trayectos personales cuando van y vienen.

El inconveniente de esta complejidad es que para mejorar (o mantener) la seguridad se requiere de unas normas precisas, acordadas y de obligado cumplimiento a las que llamamos Reglamento de tráfico que nos ayudarán a aumentar la seguridad y que no siempre se respetan.

Ya sea por voluntad o por causas varias, se producen 27 atropellos al día en nuestras ciudades en crecimiento, y esta cifra aumentará si seguimos aumentando la densidad poblacional. No es de extrañar que la seguridad debe ser un foco de actuación clave en la transformación y crecimiento masivo de las ciudades, y que nos queda mucho trabajo por hacer dentro de las urbes.

Hacia la ciudad perfecta

Esta sería probablemente una ciudad en la que nunca nadie tuviese ningún tipo de accidente, algo que todos tenemos interiorizado como un imposible. Especialmente teniendo en cuenta que la ciudad perfecta o ideal es tan solo una idea que cambia a medida que avanzamos hacia el futuro mientras cambian las necesidades de sus ciudadanos.

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En la ciudad perfecta ninguna acera tendría la posibilidad de ser invadida por un vehículo de ningún tipo, el carril bici estaría completamente separado de cualquier otra modalidad de transporte, y los semáforos serían cosa del pasado mediante cruces inteligentes que no obligasen a los conductores a detenerse.

Este planteamiento moderno, que ahora vemos como futurista, cambiará a medida que vayamos consiguiendo acercarnos a él. Ya conseguimos hace tiempo la implantación de bolardos, cierta segregación BUS y bici, y algunos sistemas inteligentes de gestión del tráfico. Se están dando pasos.

¿Qué pasos se están dando hacia la seguridad?

Quizá el cambio más costoso y a largo plazo es aquél que implica la modificación de las vías urbanas, como el trazado de una calle que fue concebida en su momento para una movilidad medieval en el centro de las ciudades europeas.

Especialmente teniendo en cuenta la disputa sobre el espacio de los diferentes usos posibles o el desconocimiento de cómo será la movilidad dentro de 10, 20 o 30 años. ¿Seguimos como hasta ahora orientados a turismos, abrimos la puerta al transporte público pesado como autobuses de dos cuerpos, nos orientamos a una movilidad unipersonal a dos ruedas, o lo cerramos al tráfico para el exclusivo disfrute de vecinos y mercancías ocasionales?

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El tipo de vehículo, así como sus mejoras, es un agente relevante para la seguridad de las ciudades. Un vehículo con frenada automática que no dependa del tiempo de respuesta del conductor será óptimo para evitar los múltiples atropellos potenciales actuales (y los muchos más que habrá en un futuro).

Del mismo modo, vehículos con limitadores de seguridad, alumbrado especial, gran ángulo de visión, poca masa o forma optimizada para minimizar el daño por impacto serán claves en la reducción no solo de los accidentes, sino de la gravedad de los mismos.

Frente a una infraestructura urbana muy limitada (no es nada fácil modificar el entorno urbano sin grandes y costosas obras), la alternativa en seguridad que da la mejora de los vehículos es una baza muy importante con la que cuentan las ciudades y sus ciudadanos.

Son precisamente estos últimos, los ciudadanos, los que más tienen que decir al respecto de cómo quieren conformar la seguridad de sus ciudades. A fin de cuentas, no son otros sino los ciudadanos que habitan una urbe los causantes (y sufridores) de los accidentes. Son sus ciudadanos, de manera directa, los que hacen más segura una ciudad.

Se habla mucho últimamente de ciudades inteligentes, pero estas requieren de los llamados ciudadanos inteligentes. Una ciudadanía responsable que no solo se informe sobre las reglas a seguir dentro de una ciudad, sino que además las respete para que nadie resulte herido.

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Imágenes | Québec, Atlantic City, Logan Gorman, David Marcu