Hoy es el Día de los Inocentes; y mañana, también

28 de diciembre, Día de los Inocentes

Hoy es el Día de los Inocentes, es decir, el Día de los Santos Inocentes. Se diferencia de lo que ocurre en otros países en el hecho histórico que de alguna manera justifica la marca en el calendario. En otros países, es el primer día de abril cuando se celebra el April Fool’s Day. Dicen que esa era la fecha que marcaba el Año Nuevo hasta mediados del siglo XVI, pero con la introducción del Calendario Gregoriano en 1564 la celebración quedó sólo marcada en los calendarios de aquellos que no se enteraron del cambio, esto es, de los tontos a los que hace mención el April Fool’s Day.

Sea como fuere, en España, Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Filipinas, Guatemala, México, Panamá y Perú hablamos del Día de los Inocentes y lo conmemoramos el 28 de diciembre en honor a unas víctimas inocentes que fallecieron a manos de Herodes hace más de dos milenios: los niños que murieron en aquella ocasión. Para la cuestión que nos atañe en Circula Seguro, hablamos de personas que se encontraron con una muerte que no esperaban. De cómo se pasa de este hecho luctuoso a la broma anual, es algo que ni se explica fácilmente ni nos concierne en estos momentos. Hablemos de los inocentes de hoy, de los de ayer y de los de mañana.

Uno de los problemas asociados a los Días de…, es que se tiende a recordar durante apenas 24 horas unas causas que, por lo general, duran todo el año. En el caso del Día de los Inocentes, de los verdaderos inocentes, hablamos de personas que viven las consecuencias de un acto sucedido de forma repentina… durante el resto de su vida.  Es importante que hagamos hincapié en esta idea, por cuanto una de las más graves consecuencias de las consecuencias de un siniestro vial es esa noción de para el resto de la vida. ¿Existe un mayor castigo para la inocencia?

Hablemos ahora de la inocencia de las víctimas de tráfico. Evidentemente, nuestro primer pensamiento cuando hablamos de víctimas inocentes se encuentra en aquellas personas que sin comerlo ni beberlo se ven envueltas en un siniestro vial. Niños, por ejemplo. Víctimas de un error ajeno, como no colocarles correctamente el sistema de retención infantil porque para un momento que duraría el trayecto no valía la pena, o porque en el coche del tío o del abuelo no está montada la sillita, o… Tanto da, con la perspectiva que da el tiempo. O quizá no, porque la perspectiva de que las consecuencias son para siempre, es ese momento de la decisión absurda el que más se repite.

Hablemos también de otras víctimas inocentes: las de los adultos que viajan como acompañantes. Esos acompañantes que confiaron ciegamente en su conductor y creyeron sus palabras cuando este dijo que pese a los brindis navideños él controlaba perfectamente la situación. O, peor aún, hablemos de esas víctimas inocentes que en el fondo sabían que su conductor no controlaba del todo lo que hacía, pero lo dejaron estar para no discutir una vez más. Inocentes…

Hablemos asimismo de más víctimas inocentes. Los conductores concienciados que confían, haciendo gala de su inocencia, en que el resto de los conductores obrarán sin descuido y, es más, confían en que ellos mismos no cometerán descuido alguno, ya que se creen plenamente conscientes de los riesgos que entraña la conducción. También, inocentes…

Finalmente, hablemos de la víctima que causa el daño a los demás, a veces de forma inocente, otras no tanto. Incluso esta es una víctima inocente, por pensar que no había para tanto, que todo era una exageración, que esto de la seguridad vial era un cuento chino para asustar a las viejas y que, después de todo, si un día había que tener un accidente, pues se tendría y punto. ¿Accidente? Inocente… Los siniestros viales, que poco tienen de accidente, rara vez suceden porque sí, y muy pocas veces llegan sin avisar a aquellos que se los buscan y que los buscan para los demás.

De todas formas, incluso para quienes van buscándose el siniestro vial, hoy, Día de los Inocentes, debemos guardar un momento de recuerdo. También ellos fueron inocentes al nacer. Nadie de todas aquellas personas que lo acogieron con ilusión y entre algodones fue capaz de prever que un día aquel bebé acabaría con su vida y con la de los demás, y mucho menos que lo haría por una cuestión de educación. Inocentes todos.