No hay que ponerse nerviosos ante un ciclista

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Los ciclistas son de los conductores más vulnerables que circulan por las vías públicas. Hay que insistir una y mil veces en una correcta educación vial para que la siniestralidad baje. Tan importante es tener vías seguras, como ciclistas prudentes y respetuosos y conductores de automóviles también prudentes y respetuosos.

No debemos olvidar nunca que el espacio público es de todos, peatones, ciclistas y conductores, lo tenemos que compartir y para ello debemos utilizarlo sin pensar que uno tiene más derecho de uso que otro. Hay que coexistir y respetarse, esa es la clave. Un buen comportamiento cívico es lo mejor para evitar problemas y conflictos en muchos ámbitos, y desde luego también en cuanto a seguridad vial.

Una bicicleta es un vehículo más

No hace mucho recordábamos que las bicicletas tienen la misma consideración que cualquier otro vehículo, y que como tal, tienen que respetar y cumplir todas las normas de circulación. Un ciclista irresponsable y que no circula como un vehículo, sin respetar las normas, de cualquier manera, es lo más peligroso para sí mismo y para los demás.

Pero como es lógico los conductores de automóviles también deben respetar y cumplir todas las normas de tráfico, incluso cuando se encuentran con un ciclista, y no olvidar que son más vulnerables. Debido a que una bicicleta suele ser un vehículo más lento, pueden surgir situaciones delicadas entre un automóvil y una bicicleta.

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En ocasiones, normalmente por las prisas, cuando como conductores (de un coche) nos encontramos con una bici en nuestro carril, nos ponemos nerviosos. Tenemos que reducir la velocidad y es muy habitual que lo primero que pensemos es que está estorbándonos, y busquemos cómo adelantar lo más rápidamente posible.

Pues bien, el nerviosimo es mal compañero en la conducción, pues no puede llevar a ser más imprudentes o a cometer algún error, poniéndonos en peligro nosotros, y también al ciclista, más vulnerable. El primer consejo es tener paciencia, si nos encontramos con un ciclista que circula despacio, y no podemos adelantar en ese momento, pues esperamos un poco, no hay que atosigarle.

No debemos olvidar que aunque sea un ciclista, también hay que guardar la distancia de seguridad pertinente que sea necesaria dependiendo de la velocidad. Y cuando nos pongamos a realizar la maniobra de adelantamiento, debemos hacerla como cuando se adelanta a cualquier otro vehículo, mirando bien antes que podamos realizarla con seguridad, indicándolo con el intermitente, cambiando de carril y dejando la separación lateral mínima de 1,5 metros, como poco.

Pensemos que una bici no se mueve con total precisión y que su trayectoria suele serpentear un poco, así que esa distancia de seguridad es más que necesaria para evitar un susto. Por cierto, si el adelantamiento lo realizamos en carretera, debemos pensar que si pasamos muy rápido se puede generar una corriente de aire que puede desestabilizar al ciclista. Mejor pasar a una velocidad más moderada y dejar algo más de separación lateral.

Por cierto, circulando por ciudad, puede darse la circunstancia de que nosotros en el coche no seamos realmente más rápidos que el ciclista, y que después de adelantarlo, nos detenga un semáforo en rojo un poco más adelante, y al final el ciclista vuelva a alcanzarnos cuando estemos detenidos allí. Ser previsores y anticiparnos funciona muy bien para no adelantar “a lo tonto”.

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