‘Hackers’ a bordo

Hacker del martillo Si no va con el ordenador, tengo el plan B con el martillo

Cuando leo ‘hacker‘ en algún medio suelo llevarme las manos a la cabeza de forma preventiva. Normalmente se utiliza con connotaciones negativas, y no suele ser el caso del 100% de estas personas, que lo que tienen es una habilidad especial para “trastear” con los sistemas informáticos y, por decirlo así, modificarlos con un determinado propósito.

Con la creciente presencia de alta tecnología a bordo de los coches, el peligro de que alguien con suficientes conocimientos sea capaz de modificar el funcionamiento normal de esos sistemas parece que es cada vez mayor: cuantos más elementos susceptibles de ser programados existan, más jugoso puede ser intentar jugar con ellos. Veamos qué peligros pueden presentarse, llegado el hipotético caso de un ataque informático sobre nuestro coche.

No hablamos de algo que suena por primera vez, hace un par de años comentamos cómo era posible hacer cosas malévolas con un “inocente” CD de música. Hay que decir que solo se habla de esto en términos teóricos, pero como el coche puede convertirse en una potencial arma si no se controla correctamente, la preocupación es evidente.

Bloquear el acelerador (aunque ya sabemos cómo hacer una detención de emergencia en ese caso), hacer saltar los airbag sin previo aviso, abrir o cerrar el coche a voluntad, “descuajaringar” el GPS, cortar el encendido en marcha (algo indeseable a todas luces),… las posibilidades son enormes. No solo hablamos de nuestro coche de diario, ¿os imagináis que pasaría si se le echa el guante a un coche autónomo?

Aquí quiero hacer un inciso y decir que, efectivamente, si el coche autónomo es demasiado jugoso para el que quiera introducirse en su “cerebro” y hacer diabluras, no debería estar disponible hasta tener la seguridad de que, al menos, va a ser difícil de ‘hackear’. Pero en esta vida no hay nada seguro al 100%. Es probable que se empiece a pensar en antivirus y cortafuegos específicos para coches, programas informáticos que actúen como vigilantes ante cualquier intrusión, venga de donde venga (y las que vienen “desde dentro” son las peores).

Una de las soluciones más interesantes (no quiero decir obvias, pero sí algo que es fácil de concluir) es que entre los diferentes sistemas del coche no haya comunicación. Me refiero a separar la red de entretenimiento y utilidades (radio, equipo de música, navegador, el ordenador de a bordo en definitiva) de los sistemas vitales, como los que controlan el ABS, el ESP, el motor y los sistemas de seguridad activa y pasiva en general.

De esta forma, entrar vía canal de entretenimiento y saltar a controlar las partes mecánicas o los sistemas de seguridad sería inviable. Otra opción tan viable como la anterior es que los sistemas que controlen cualquier cosa, dentro del coche, sean sistemas lo más cerrados y propietarios posible, es decir, que no sean sistemas abiertos (la evidencia es clara) y que un usuario no pueda acceder más que a ciertas aplicaciones seguras, probadas y certificadas.

Cuanta más tecnología llevemos a bordo, más puntos de posible ataque pondremos a disposición de quien tenga interés en explotarlos. Hay que decir que los posibles usos de esos agujeros de seguridad se me antojan más en cuestiones de espionaje que en cuestiones de atentar contra la integridad de las personas, y como siempre con estos temas, hemos de ser analíticos y no caer en mitos y leyendas como aquél de uno que se murió al quedarse su cabeza dentro del microondas.

Foto | devdsp