¿Hacia un Gran Hermano en la carretera?

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Son muchas las voces que claman lo que parece inevitable: que cada vez vamos a estar más monitorizados (espiados) en nuestros movimientos, cada vez nuestros coches tendrán más información almacenada acerca de nuestros movimientos, sus características, constantes vitales del conductor,… Como llevamos viendo todos estos años de Circula Seguro, cada vez hay más dispositivos “inteligentes” en el coche, y hay un sector de la población que ve una puerta abierta al control sobre la sociedad.

Los coches actuales ya registran multitud de datos en sus centralitas, datos que sirven para diagnosticar averías en caso de necesidad o viene extraer ciertas conclusiones en caso de colisión (no son cajas negras, eso es diferente), y también existen dispositivos de almacenamiento de información para hacer posibles los seguros por uso, registrando la actividad del usuario para determinar los riesgos entre otras cosas. Incluso tenemos casos de coches autónomos en fase experimental avanzada, asistentes al aparcamiento y varios controles que incluyen el control de crucero, o sistemas de frenada de emergencia asistida.

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Todo esto no hace más que levantar suspicacias, algo que yo veo tremendamente normal, por un lado, pero tremendamente exagerado por otro. Es decir, si bien es cierto que disponer de datos sobre nuestros movimientos puede ser utilizado para hacer el mal, también es totalmente cierto que esos mismos datos nos pueden dar la razón en caso de colisión, nos pueden salvar en caso de accidente en una zona remota dando datos de posicionamiento a los servicios de emergencia, y nos pueden ahorrar un dinero en reparaciones si el propio coche se autodiagnostica.

Ser monitorizado es lo mismo que ser espiado?

Hablaba ayer mismo con un buen amigo sobre la diferencia, en mi opinión, entre monitorización de actividad y espionaje, ahora que está tan de moda por las supuestas escuchas a Angela Merkel. La mayor diferencia, lo que hace que sean dos conceptos diferentes, es la intencionalidad: en espionaje estaremos revisando los datos de forma consciente y continua para obtener información sensible, mientras que la monitorización de datos implica ir almacenándolos o simplemente pasándolos y solo se actúa si se da cierto patrón: la temperatura va in crescendo y sobrepasa ciertos niveles, así que se activa una alarma o un protocolo.

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Más cierto, todavía, es que el espionaje implica monitorización (yo puedo espiar a alguien monitorizando su línea de teléfono móvil, por ejemplo). Sin embargo el camino inverso no es cierto necesariamente: monitorizar datos no significa espiar (que es algo activo). En cualquier caso, para no liarnos, si los datos recabados se utilizan correctamente no existe posibilidad de llegar al Gran Hermano de la carretera. La parte ética del asunto también tiene miga porque siempre nos fijamos en una de las partes: “¿y si usan esos datos en mi contra?” o “a dónde vaya y cómo vaya es cosa mía”.

Bien, supongamos ahora que se lleva a cabo un crimen y que los delincuentes huyen en un coche (o lo utilizaron para llevar a cabo ese crimen). ¿Y si esos datos grabados sirven para resolver el crimen y hacer justicia? ¿Y si se salvan vidas, se evitan desgracias y se detienen delincuentes? ¿Y si ese accidente que no parece tener solución se resuelve gracias a los datos recabados por el propio coche que exculpan al conductor?

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Como sabéis siempre defiendo la tecnología, porque la tecnología no es mala, es malo quien la usa incorrectamente. Siempre va a haber una posibilidad de que se utilice nuestro coche como arma, de que los datos que recoja el “cerebro” del vehículo se utilicen en nuestra contra, pero lo que es más importante es que a nosotros, individuos, nadie nos va a espiar porque no somos tan interesantes. Es decir, perdonad que sea tan sincero, ninguno de los que paramos por estos lares va a ser tan interesante como para tener un equipo de espías detrás de sus actividades. Será en caso de hacer algo ilegal cuando haya interés en controlar los movimientos de esa persona.

Los costes para mantener la vigilancia sobre una persona son muy grandes, tanto en “dineros” como en tiempo y recursos humanos. Escuchar las 24 horas mi línea móvil para ver si digo algo incriminador, o estudiar a diario mis itinerarios en coche significa ocupar recursos de forma inútil, porque ni soy tan interesante, ni tiene sentido alguno. Por eso creo que los coches incorporarán cada vez más tecnología, adquirirán cada vez más datos y autonomía, y que estos datos servirán, en el día a día, para hacerlos más eficientes. Y si nos volvemos Bonny & Clyde, al menos el resto de la sociedad sabe que no tendremos como aliado a nuestros coches.