Google Maps no puede conducir por ti, y en una furgoneta alquilada, menos todavía

Navegadores GPS en ciudad

Si pensamos en los riesgos viales que conlleva utilizar un navegador GPS, lo primero que nos va a venir a la cabeza es la distracción, luego la falta de criterio por parte de aquellos conductores que no disciernen entre las indicaciones de un GPS y la lógica de la circulación, y finalmente está el riesgo de manipular el navegador durante la circulación, algo que —como sabemos— está prohibido.

Sin embargo, a veces no nos planteamos los riesgos asociados a utilizar un navegador en un vehículo para el que el navegador no ha sido diseñado o programado. Por ejemplo, utilizar el navegador del teléfono móvil como navegador empleando una aplicación de mapas como Google Maps o similares, para un vehículo de dimensiones mayores que las de un turismo; por ejemplo, un furgón que alquilamos para realizar un movimiento puntual de cosas propias.

Realmente se trata de un sistema de navegación barato del que, además, cualquiera puede disponer en su smartphone. Basta con bajarse una aplicación que por lo general es gratuita o de coste muy reducido, si no es que la lleva preinstalada el mismo teléfono, y utilizarla como navegador. El problema está en que esa aplicación sigue unos patrones estándar de circulación, pensados por ejemplo para un turismo y no necesariamente para un furgón, que dependiendo de sus dimensiones y radio de giro puede precisar de una forma de conducción muy distinta a la que realizamos con nuestro coche habitual.

Por eso, no será de extrañar que en un entramado de calles complejo, lo que normalmente llamamos callejuelas, la aplicación de navegador opte por llevarnos por el camino que, en kilómetros, resulte más corto, aunque eso suponga realizar más y más maniobras. Es decir, el continuo seguridad-riesgo que hemos comentado en otras ocasiones, llevado al ámbito de la navegación de mapas. ¿Preferimos recorrer menos metros o llegar a nuestro destino priorizando la seguridad?

La aplicación va a intentar siempre reducir el número de metros recorridos, mientras que a nosotros nos queda el papel de priorizar la seguridad, en este caso buscando una ruta que implique el menor número posible de maniobras, debido al tipo de vehículo que manejamos. El problema añadido es que si estamos utilizando un navegador posiblemente es porque no conocemos la zona en la que nos movemos, de manera que ese aporte de seguridad lo perdemos. Eso, a no ser que estacionemos el vehículo y realicemos una inspección ocular de la zona, caminando hasta determinar cuál es la opción que más nos conviene.

Como conductores de este tipo de vehículos, debemos tener en cuenta estas dificultades. Como resto de usuarios de la vía, debemos tener en cuenta estas dificultades también, y prever que un furgón que se mueve por ejemplo en una zona de callejuelas, es un vehículo que puede necesitar maniobras complejas a lo largo del recorrido que realiza. Más, si por sus marcas exteriores detectamos que se trata de un vehículo alquilado o, en general, de un vehículo que no se mueve de forma habitual por esa zona.

Para todo lo demás, existen navegadores específicos para camión, que tienen en cuenta las necesidades especiales de este tipo de vehículos, y también navegadores integrados en los vehículos, que deberían tener en cuenta también cómo son estos. Finalmente, existen las señales de restricción de paso de vehículos en cuanto a su masa y dimensiones, aunque lamentablemente se tienden a utilizar sólo pensando en los vehículos de mayores dimensiones. Una muestra más, junto a la facilidad normativa para conducir furgones y camiones de MMA inferior o igual a 3,5 t, de que estos vehículos quedan en ese limbo al que en lo institucional, en lo normativo y en lo industrial se les presta una atención más que escasa.