Furgonetas, a un paso entre el turismo y el camión

Furgoneta

Esta semana pasada hemos conocido la noticia de que casi la mitad de las furgonetas implicadas en siniestros mortales durante el año 2009 *no estaban realizando desplazamientos laborales*, según se explicó en el IX Congreso de Ingeniería del Transporte celebrado en Madrid. Y para acabar de perfilar la cuestión, también hemos sabido que el 12% de las furgonetas implicadas en colisiones mortales ocurridas en tramos interurbanos tenían la ITV caducada.

Actualmente existen muchos tipos de furgonetas, un vehículo a medio camino entre el turismo y el camión, y que puede ser utilizado para el transporte de mercancías o de personas; sin embargo, no se necesita un permiso de conducción especial.

Así de claramente centró el problema Francisco Javier Páez, director de la Unidad de Accidentología del Insia, durante el Congreso, pero el conflicto que tenemos con este tipo de vehículo y, sobre todo, con muchos de sus conductores no podemos decir que sea actual, sino que viene ya de lejos.

Hace más de 30 años lo explicó de una forma más que diáfana *Paco Costas* en una edición de su programa ‘La Segunda Oportunidad’ dedicada, precisamente, al problema de la siniestralidad de las furgonetas o camionetas de reparto, tal y como vemos en este vídeo:

Quitando los modelos de vehículos que vemos en las imágenes y la limitación a 60 cuando todavía no se había adoptado el límite de 50 Km/h en vías urbanas, ¿cuál es la diferencia a día de hoy entre lo que denunciaba Paco Costas hacia 1979 y lo que tenemos sobre la mesa en 2010?

Yo lo diré: o ninguna o, sinceramente, hemos ido a peor.

Las furgonetas se asemejan cada vez más a turismos, de hecho con el paso del tiempo se ha ido difuminando la barrera psicológica que pudiera existir entre hacerse a la carretera con un coche o salir con una furgoneta. Cada vez, tenemos más turismos que parecen furgonetas y más furgonetas que parecen turismos familiares. Y como vivimos en una sociedad en la que muchos confunden el ser con el parecer, nos encontramos con un caldo de cultivo perfecto para que los conductores asuman un nivel de riesgo superior sin siquiera ser conscientes de ello.

En ese sentido, es preocupante que estos vehículos no cuenten como equipamiento obligatorio con algunos elementos de seguridad activa como los limitadores de velocidad, el ABS o el ESP, ni tampoco con sistemas de control como los tacógrafos o las cajas negras. Eso lo destacan desde el Insia, aunque personalmente creo que el problema de fondo no está tanto en esa tecnología que por desgracia no se ha incorporado todavía a las furgonetas de forma obligatoria, sino en el sentido de la seguridad activa que por desgracia no llevan incorporado muchos de nuestros conductores.

Y es que buena parte de nuestros conductores se ponen a los mandos de un vehículo sin tener demasiado claro lo que significa “acumular energía cinética”, y cuando se lanzan a conducir una furgoneta sólo tienen en cuenta que el trasto que llevan entre manos acelera y corre como un turismo… sin pararse a pensar, por ejemplo, que cuanto más pesa un vehículo más cuesta detenerlo y que cuanto más corre, mucho más costará conseguir que se detenga, y muchísimo más si el vehículo hace siglos que no pasa una ITV y, mira por dónde, los frenos o los neumáticos no están a la altura de las circunstancias cuando más se los necesita.

Furgoneta

Cuando vienen a clase para obtener el permiso de conducir, a los futuros conductores se les puede explicar qué significa eso de Ec=½·m·v2; de hecho, yo lo hago con aquellos que quieran escucharme tras un primer momento de horror que sufren a medida que escribo la fórmula en la pizarra, aunque al final parecen comprender (vaya, ¿he dicho “parecen”?) que una bolita de acero de 10g se frena con un dedo mientras que un bolón de 400.000Kg de masa… es mejor que no nos pille por el camino, aunque las dos bolas rueden a una misma velocidad. Cuestión de cuánta energía cinética acumule cada cual.

Por supuesto, a aquellos futuros conductores que tienen ganas de venir a clase también se les explica que, con todos sus defectos, la ITV es la mínima garantía que tenemos por ley para evitar que nuestros sistemas de seguridad se pudran sin que nadie repare en ello y que, si bien menos da una piedra, precisamente por eso dejar de pasar la ITV cuando toca puede acabar resultando ser un suicidio o un homicidio, a la corta o a la larga.

Aparte, hay otras cuestiones como la del vuelco del vehículo, prácticamente inexistente en un turismo a no ser que no impacte contra otro elemento de la vía pero sumamente probable en una furgoneta cargada cuando se pierde el control del vehículo. Sin embargo, esos son detallitos sin importancia que normalmente no interesan a los futuros conductores, más que nada porque en muchas ocasiones ni siquiera se plantean que en un futuro conducirán una furgoneta aunque sea de forma esporádica para hacer una mudanza o para irse de camping con los amigos.

Y eso es lo que ocurre con nuestros futuros conductores cuando acuden a clase y verdaderamente comprenden lo que allí se les explica. Pero, ¿qué es lo que sucede con aquellos futuros conductores que no vienen a clase o con aquellos conductores consagradísimos que parecen saberlo todo y parecen no necesitar aprender nada más? Las estadísticas del Insia tienen la palabra.

Foto | PabloBM, MSVG
Vídeo | Paco Costas