Fumar al volante, ¿es un placer genial, sensual…?

Tabaco y volante, riesgo para la seguridad vial

Dice un estudio de AutoScout24 que hoy por hoy un 53% de los conductores españoles están a favor de prohibir fumar al volante, contradiciendo curiosamente a aquel estudio de AutoScout24 que en el mes de mayo decía que un 52% de los conductores veían con malos ojos que la Ley Antitabaco que estos días está de moda prohibiera fumar dentro del coche. Será que, como ya anunció Javier Costas hace meses, tabaco y conducción van ganando más rechazo social o que, sencillamente, hay estudios que en sí mismos son dignos de estudio.

Para no pelearnos con los responsables de esta curiosidad estadística, nos quedaremos con la idea de que los conductores españoles tenemos el corazón partío entre la prohibición y la no prohibición de fumar mientras nos encontramos a los mandos del vehículo, y eso es así fundamentalmente por un motivo: contra el tabaco como fuente de distracción y como raíz de problemas respiratorios y de percepción visual dentro del vehículo, está la idea de que el interior del vehículo constituye para muchos conductores el último bastión de las libertades individuales, y ahí andamos.

Recapitulemos. Sabemos, porque se sabe, que fumar al volante distrae lo suyo. Incluso aquellos fumadores empedernidos que son capaces de encender un cigarrillo sin apartar la mirada del frente ni un solo segundo, incluso aquellos que con sólo palparse el bolsillo son capaces de encontrar un cigarro dentro del paquete, sacarlo, llevarlo a los labios y sin pestañear siquiera darle fuego con la ayuda del encendedor que lleva incorporado su vehículo, incluso aquellos están distrayéndose al hacer todo esto, tardan más en mirar a su alrededor en busca de posibles problemas y hasta pueden dejar de percibir señales a su paso.

Ya no digamos qué puede llegar a ocurrir si el cigarro cae sobre sus piernas y en un instintivo gesto de sacudirse la ceniza cuanto antes bajan la mirada mientras su vehículo recorre metros y metros por cada segundo que pasa. Y no hablemos tampoco de lo que puede ocurrir si por llevar una mano ocupada tienen que girar repentinamente para evitar un imprevisto. No, lo dejaremos simplemente en que el tabaco dentro del coche distrae y no entraremos en detalles escabrosos.

Ocupémonos ahora del aire enrarecido, con una cuota de oxígeno que va a la baja dentro del habitáculo por la combustión del cigarrillo, algo que no tardará en pasar factura al conductor que fuma, una factura que se manifestará seguramente en forma de disminución del nivel de atención necesario al volante y como fatiga que sentirán los ojos del conductor que fuma tras irritarse por el humo. Y todo eso, sin contar que el interior del vehículo olerá a perros y que la ceniza lo cubrirá todo con su manto grisáceo.

Cenicero del coche

Ah, pero estamos entrando en la parcela más íntima del individuo, estamos atacando su derecho a la libertad, estamos minando su último reducto en el que puede hacer lo que le dé la soberana gana porque su coche es suyo y de nadie más y con su coche él hace lo que quiere, como quiere, cuando quiere y donde quiere. Estamos, estamos, estamos. ¿Estamos… seguros de lo que decimos?

Nos lo podemos montar como sea, pero el hecho es que los conductores que fuman tienden a evaluar las situaciones del tráfico como menos peligrosas de lo que son en realidad y tienden también a asumir mayores riesgos en la conducción. No me preguntéis por qué, nunca he sido nicotina aunque creo muy sinceramente que esa sustancia tiene algo que ver en todo esto. Y si los efectos de la nicotina sobre el organismo son así de directos, no es de extrañar que los conductores que fuman se vean implicados en el doble de siniestros viales que los conductores que no fuman.

Al primero que diga que el interior de su vehículo es su feudo y que dentro de él hace lo que quiere, le doy una colleja por no haber comprendido todavía que cuando nos ponemos al volante compartimos espacio con una serie de personas, el resto de usuarios de la vía, que no tienen por qué pagar esta cuota de inseguridad vial que supone conducir distraído o con los ojos rojos como un tomate.

A partir de aquí, si hay que prohibir o no el tabaco al volante es una cuestión que os dejo para vosotros, que para algo tenemos el apartado de comentarios. Yo, como los conductores de los estudios bipolares de AutoScout24, tengo el corazón partío, pero no porque no entienda los problemas del tabaco en la conducción, sino porque me gustaría pensar que la educación va antes que la prohibición. De todas maneras, también es verdad que en todo este jaleo media un elemento que lo distorsiona absolutamente todo: la adicción a una droga, una adicción que en buena medida está en el origen de algunas afirmaciones como esa de la mal entendida libertad dentro del vehículo.

Pregunto por preguntar: ¿Debe prohibirse que un conductor practique sexo mientras conduce?

Vía | prnoticias
Foto | Roman Pavlyuk, Sergis Blog
En Circula Seguro | Tabaco y conducción van ganando más rechazo social