Acrofobia, agorafobia o la gefirofobia: las fobias desconocidas que afectan a la conducción

Una fobia es un temor extremadamente irracional, intenso, de carácter enfermizo y constante que impide afrontar ciertos escenarios. Curiosamente, a la conducción se le han atribuido muchas más de las que podríamos imaginar: miedo a padecer accidentes viales (distiquifobia), a sentarse en un vehículo (catisofobia), a viajar en carretera (hodofobia) o a conducir por una calle estrecha (estenofobia), son solo algunos ejemplos.

De los citados arriba, y a pesar que parezcan reales, ninguno está reconocido por la Sociedad Española de Psiquiatría, que sólo admite aquellos de los que tiene documentación basada en evidencias. Te traemos tres términos de fobias reconocidas y comprobadas científicamente ¿Quieres saber de qué se tratan?

Acrofobia, agorafobia y gefirofobia se encuentran relacionadas con la conducción y resultan ser un verdadero problema para aquellas personas que las sufren en su día a día.

La comunidad médica advierte que tales fobias presentes son fruto de experiencias traumáticas pasadas. En el caso de que sufras alguno de estos miedos que te mostramos a continuación, es muy posible que hayas vivido una experiencia poco agradable en tu infancia en la carretera.  Y ,aunque creas no haberlos vivido nunca, los médicos aseguran que en un gran número de ocasiones la persona no recuerda haber pasado por una experiencia traumática.

Si una persona está expuesta a la fuente que provoca cualquiera de estas fobias, esta puede interferir en su funcionamiento normal, generando un estado de gran ansiedad e incluso un nivel de pánico que lleve a un bloqueo al volante.

A continuación, te explicamos en qué consiste cada una.

La acrofobia y el miedo a las alturas al conducir

Aunque en un principio te pueda parecer una invención, este término está admitido. Significa tener un miedo extremo a las alturas (precipicio, pendiente pronunciada, miradores, etc), que en el acto de conducir se producen en las carreteras de montaña al circular al borde de desfiladeros y atravesar precipicios. También puede aflorar esta fobia a quien la padece en las cuestas muy pronunciadas y los viaductos considerablemente elevados.

Este tipo de fobia afecta a entre un 2 y un 5 % de la población, y es mucho más frecuente en mujeres que en hombres, según comenta el psicólogo Arturo Torres a través de su blog Psicología y Mente, entre los síntomas que se manifiestan en la acrofobia se encuentran “agitación y tensión muscular, ansiedad, pánico, pérdida de control, taquicardia y dolor de cabeza”.

Su tratamiento implica “enfrentarse a la fuente del miedo gradualmente, estableciendo objetivos simples y a corto plazo”, según manifiesta este psicólogo.

Para poder hacerlo se puede “ir físicamente a lugares elevados, al principio acompañados de un psicoterapeuta o utilizar el recurso de la realidad virtual”, señala.

También aclara que para realizar la mencionada exposición es “imprescindible contar con la supervisión y dirección de un profesional suficientemente instruido en estas técnicas y que esté dedicado al ámbito de la psicología de la salud”.

Agorafobia, el miedo a espacio a abiertos o incluso a viajar

Esta fobia está identificada con el miedo que tiene alguien a estar en espacios abiertos, salir de casa o incluso viajar. Pero los que la padecen sienten un miedo aterrador a sufrir un ataque de ansiedad en algún sitio concreto y no poder escapar con rapidez. Es por ello que un automóvil es un lugar poco aconsejado para quienes la padecen.

La motivación del temor a los espacios abiertos radica en la “posibilidad de sufrir un ataque de pánico, en medio de una muchedumbre y no tener a alguien de confianza a su lado o algún refugio donde acudir, como por ejemplo su hogar”, puntualiza Valentina Martín, psicóloga asentada en Madrid, a través de su blog fobias raras.

Las personas agorafóbicas suelen experimentar  “pérdida de control y una desagradable sensación de impotencia al sentirse expuestos”, afirma.

Para Valentina, la “agorafobia es un asunto muy serio si no es tratado oportunamente, pudiendo llegar a limitar las actividades diarias de una persona, convirtiéndola en una persona dependiente”.

La gefirofobia, miedo a cruzar puentes

Este término científicamente correcto tiene que ver con el miedo que sufre alguien al tener que cruzar un puente por la sensación que le produce creer que caerá hacia abajo.

Para un gefirofóbico “conducir a través de un puente o ver alguno incluso en fotos o películas puede causarle un ataque de ansiedad”, apunta Valentina Martín.

A menudo los pacientes con gefirofobia reconocen que su ”temor es injustificado e irracional, pero se sienten completamente incapaces de manejarlo”.

Esta es una fobia relativamente sencilla de diagnosticar a las personas que la padecen y los factores comunes que inciden en el desarrollo de la misma son patrones de conducta adquirida, como es el hecho de imitar a otra persona de influencia en su vida que expresaba este miedo, así como experiencias traumáticas.

Precisamente de éstas últimas, Valentina Martín cuenta el caso de una joven gefirofóbica a la que atendió y cuyo trastorno se originó en la niñez, cuando “de forma casual presenció la acción suicida de un hombre que se arrojó al vacío desde la altura del Viaducto de Segovia. Desde ese momento comenzó a desarrollar gefirofobia y acrofobia”.

La gefirofobia es una patología “muy debilitante que puede incapacitar para conducir y perjudicar las opciones de una persona a determinada oportunidad laboral por lo que si se padece es urgente solicitar asistencia profesional”, concluye.

 

Fotos | Newspressonline, SIphotography

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