Evitando resaltos y “bandas sonoras” por un puñado de segundos

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No hay práctica en la conducción que me ponga de peor humor que ver cómo, por un puñado de segundos inútiles, una persona al volante se salta un resalto o evita una banda sonora. El hecho es que, si están ahí situadas, será por algo (como todo en la vida), como por ejemplo reducir la marcha ante un paso de peatones, o alertar de nuestra llegada mediante el sonido que provocamos al pasar por encima de las bandas. Cuando un conductor evita esos elementos está no solo cometiendo una probable infracción, sino ignorando elementos de seguridad para peatones.

Existen muchas formas de intentar evitar este tipo de objetos. Desde el iluso conductor que se orilla al máximo para que solo dos ruedas pisen la banda, que es una maniobra bastante tonta, si lo pensamos, porque lo que no desgastamos en dos neumáticos y dos brazos de suspensión, lo gastamos en el otro, y acabamos descompensando el asunto; pasamos por el poco cívico conductor que se salta las bandas invadiendo las plazas de aparcamiento vacías, algo que no se puede hacer aunque solo sea por pura lógica, y terminamos con el conductor que invade el carril contrario para no pisar las bandas, incluso aprovechando para adelantar a quien sí reduce su velocidad y se mantiene por su carril.

Ahorrar, no se ahorra absolutamente nada: es cuestión de no tener civismo

Para un servidor, el ahorro de unos segundos por maniobra, o de un par de minutos, no es nada. Es querer apurar sin razón ni sentido, y todos en el fondo sabemos que, para llegar a tiempo, basta con salir pronto. No es peor si reducimos la velocidad donde toda, ni siquiera tenemos que competir para entrar primeros en una rotonda y “ganar” el derecho a que nos cedan el paso.

Qué puedo pensar de una sociedad que ve anticuado el hecho de dejar pasar primero a alguien en una puerta, y que ve innecesario o una pérdida de tiempo ceder el paso en carretera si no está obligado a ello. Es esta la sociedad de las prisas y de las recetas caseras (pasar por una banda sonora o reductora pisando con dos ruedas me parece una solución de “cuñao”, de esas que nunca sirven para nada útil) para evitar pasar por algo que ni siquiera nos debería preocupar.

Como soy una persona bastante pesada, vuelvo al mismo tema de siempre, ¿qué pasa cuando uno se “salta” una banda reductora de velocidad a las puertas de un colegio? ¿Por qué tendemos a tensar la cuerda tanto, a pensar que “no se ve el peligro, así que no pasa nada”? Cuanto más tiempo pasa y más cosas veo en la calle, y también en Internet, pienso que la mayoría de los conflictos, colisiones, accidentes, golpes y lesiones que se produce la gente, se las busca. ¿Habéis visto alguna vez vídeos de “las caídas más brutales y de risa”? El 99% de los lesionados estaban buscando un hueco, conduciendo despistados (y hablo de este tipo de vídeos y situaciones, ojo, que nadie me malinterprete), tratando de ir más deprisa, de saltarse algo…

Ya sabemos que los badenes y las bandas reductoras y sonoras son una molestia en la circulación, pero ayudan a que los conductores que no quieren adaptar su velocidad, lo hagan sí o sí. Por eso ver cómo algunos se las ingenian en evitarlas me molesta tanto: ¿tanto ingenio para saltárselas, y no se les ocurre reducir la velocidad y tomárselo con calma? Ahí está, para mí, el quid: inventamos la pólvora con tal de no plegarnos a los “abusos”, aunque sea a costa de otras personas, o infringiendo alguna norma.