¿Es peligroso inflar los neumáticos con Nitrógeno?

Rueda de repuesto

Hace unos días un lector se puso en contacto con nosotros para comentarnos sus temores sobre la peligrosidad de inflar los neumáticos con Nitrógeno. La tesis que nos hacía llegar nuestro comunicante decía que una rueda de repuesto alojada en el maletero e inflada con Nitrógeno podría ir perdiendo gas de forma imperceptible hasta causar la asfixia de los ocupantes del vehículo. Antes de llegar a tan letal extremo, nos decía, vendrían los mareos y los adormecimientos, con el consiguiente riesgo para la seguridad vial.

Entre los editores de Circula Seguro releímos el mensaje y decidimos que lo mejor era poner el asunto sobre la mesa. ¿Es peligroso llevar Nitrógeno en las ruedas? ¿Realmente puede marearnos una fuga de Nitrógeno en el interior del coche? ¿Puede llegar a ser mortal para los ocupantes del vehículo?

Composición del aire

Lo primero es tener en cuenta algunos datos. El Nitrógeno es un gas inerte y no deflagrante que está presente en el aire que respiramos. De hecho es el elemento químico que más abunda en el aire, con un 78%. Luego está el Oxígeno, con un 21%, el Argón, con un 0,9%, y el resto de elementos y compuestos, de entre los que destaca el dióxido de Carbono, con un 0,03%. Esas proporciones se mantienen de forma aproximada en cualquier fracción de aire.

Unos neumáticos inflados con Nitrógeno presentan una menor variación de la presión ya que el Nitrógeno no sufre tantas alteraciones térmicas como el aire común. Con Nitrógeno también es menor la infiltración del gas a través de la goma del neumático. Sin embargo, sobre este punto hay que tener en cuenta que el poder de retención del aire en el interior del neumático depende también de factores tales como el espesor y la calidad de las gomas utilizadas, la hermeticidad de las uniones entre el talón y la llanta, entre la válvula y la llanta y en el mismo mecanismo de la válvula de inflado.

En definitiva, se utiliza el Nitrógeno cuando se emplean neumáticos inflados a alta presión en ambientes de alto riesgo y también cuando se precisa reducir un posible sobrecalentamiento del conjunto llanta neumático, como sucede en el caso de algunos aviones, por ejemplo. Sin embargo, y en contra de lo que se cree comúnmente, la utilización del Nitrógeno en la alta competición no es una práctica habitual, sino que normalmente se emplea aire seco para este cometido.

Bibendum, inflando un neumático

En cualquier caso, si por el motivo que sea decidimos que nuestro coche debe llevar Nitrógeno en sus neumáticos, la rueda de repuesto no debería ser una excepción. Ahora bien, ¿puede representar un peligro que esa rueda pierda su gas dentro del habitáculo?

Se considera que un nivel de Oxígeno inferior al 19% es peligroso para los seres humanos. Esto quiere decir que la fracción inspiratoria de Oxígeno en el aire que nos rodea debe mantenerse por encima de ese valor. Con una fracción inspiratoria de Oxígeno inferior al 15% ya notamos asfixia y el descenso de esta proporción hasta el 6 o el 8% puede causarnos la muerte. No estaríamos hablando de una intoxicación similar a la que se produce por inhalación del monóxido de Carbono, sino que nos encontraríamos ante una asfixia por falta de Oxígeno. Como síntomas encontraríamos, de forma progresiva: mareo, náuseas, visión borrosa, pérdida de conocimiento, convulsiones y asfixia, paro cardiorrespiratorio y muerte.

¿Es eso técnicamente posible? Centremos el problema. Habría que imaginar un escenario en el cual una rueda de repuesto inflada con Nitrógeno perdiera su gas y este desplazara al Oxígeno a tal velocidad y en tanta proporción que la fracción inspiratoria de Oxígeno descendiera de forma relevante en un tiempo mínimo. Y todo esto, con el coche herméticamente cerrado, detenido y con el motor parado, ya que en cuanto el vehículo se pone en marcha comienza un intercambio de aire entre el interior y el exterior del habitáculo.

Pero, por encima de todo, hay que considerar una cuestión. Si quisiéramos asfixiarnos con un neumático cargado de Nitrógeno deberíamos llevarlo en el maletero de un coche en el que el 78% del volumen del interior del neumático de la rueda de recambio fuera superior al 15% del volumen interior del habitáculo. Es decir, el volumen de Nitrógeno presente en el neumático debería ser lo suficientemente grande como para poder desplazar al Oxígeno necesario para la vida dentro del vehículo.

Pongámosle cara a estos números. ¿Cuál es el volumen de un neumático? ¿Y cuál es el volumen de un habitáculo? Salgo a la calle con el flexómetro en la mano y tomo cuatro medidas aproximadas con el primer coche que pillo: un utilitario cualquiera. Sus ruedas miden unos siete centímetros desde la parte exterior del neumático hasta la parte exterior de la llanta, 165mm de anchura en su banda de rodadura y unos 500mm de diámetro.

Hago cuatro cálculos básicos y me sale que el neumático tiene un volumen exterior de unos 18,14 litros aproximadamente. Sé que el volumen interior del neumático inflado será menor, pero no voy a destrozarle las ruedas al pobre coche para averiguar el grosor de la goma. Me dispongo a medir por encima el habitáculo del vehículo: 2990 litros, más o menos.

Total, que si el 78% de 18,14 litros de aire es 14,15 litros, tenemos que la rueda de repuesto contiene una cantidad de Nitrógeno que queda muy por debajo de los casi 628 litros de Oxígeno presentes en el habitáculo del vehículo.

Volviendo a las preguntas que nos planteábamos al inicio de esta entrada… Bueno, quizá en un Mini-Cooper calzado con ruedas de bigfoot y cerrado a cal y canto durante toda una noche podría darse el caso de que una rueda perdiendo Nitrógeno a buen ritmo llegase a matar a alguno de los ocupantes del coche. El resto de los mortales, sin embargo, podemos respirar tranquilos.

Asesoramiento | Actualidad Técnica Michelin, Dr. Josep Serra

Foto | Flickr (mrwynd), Michelin

Infografía | Josep Camós