¿Eres un acosador al volante?

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Existen muchas razones para no cejar en el empeño y repetir hasta la saciedad que las prisas al volante no compensan. Los minutos ahorrados en un recorrido habitual por tener prisa, por ir más rápido, acelerar mucho, frenar tarde, adelantar por el interior en una rotonda, o acosar al conductor que va delante, son despreciables: os reto a que me certifiquéis que el ahorro de tiempo merece la pena.

El caso es que al conductor acosador, eso le trae al pairo. Él necesita sentir que está yendo deprisa, quizás porque llega tarde, porque el de delante va demasiado lento, porque esa travesía debería ser “de 90”,… El acosador es el que se pega a tu paragolpes trasero, el que amaga constantemente con adelantarte, el que gesticula visiblemente por el espejo retrovisor, el que te da luces, el que te adelanta dejando escasos centímetros entre las chapas. ¿Eres tú uno de ellos? Pues reflexiona.

No hay premios para el que llega primero

La realidad es que conducir no es una competición, nadie es mejor que nadie en la carretera, no hay que llegar primeros, y tampoco hay premios para el que lo haga. Conducir en la realidad implica acogerse a las normas, respetarlas, ser amable con los demás, y no hay razones de peso (realmente no las hay) para justificar la prisa, la agresividad o la temeridad. Qué cansino puedo ser con la misma cantinela, año tras año. Pero la verdad es que uno sale a la carretera y se encuentra mucho listo, siempre con prisa, siempre con más derecho que los demás para cambiarse de carril, y sobre todo para juzgar si una persona circula lenta, o no. ¿Sabemos acaso qué pasa dentro de cada coche?

El respeto es básico, y si todo el mundo lo aplicase no habría problemas. Es así de utópico y de real. No nos respetamos. Es difícil no pensar mal de otro conductor, y eso nos aplica a todos, y me incluyo. Cuántas veces he pensado: “¿pero qué hace este?”, para luego comprobar, a la vista de lo que sucede dentro, que circula más lento porque su coche es el infierno plagado de niños, mujer y suegra. O que hay un bebé que duerme plácidamente, y a su padre o su madre no le da la gana de conducir de otra forma que no sea lo más suave posible para que no se despierte.

¿Qué provoca en los demás el acosador?

Circular a escasos centímetros de otra persona, amagando, gesticulando, pitando o dando luces provoca estrés al otro conductor, que muy posiblemente circula respetando las normas, a su ritmo, y no tiene ni interés, ni culpa en absoluto, de que en cierto tramo no se pueda adelantar, o de que otra persona (el acosador) decida que por allí hay que ir a más velocidad. A veces está prohibido hacerlo, pero ya sabemos cómo reaccionamos a veces ante las normas.

El estrés provocado puede llevar a la ansiedad, y la ansiedad lleva a la imprudencia, a veces. Y la imprudencia nunca es buena pasajera. Un acosador puede llevar a otra persona a cometer un error, saltarse una señal de STOP o no fijarse en un ceda, y puede poner en peligro a esa persona. Y no creo que esté exagerando mucho ahora mismo. ¿Acaso no hemos sufrido todos, en algún momento, al típico pasajero acosador que nos pone tensos con sus “consejos” y sus “pero písale, hombre”? Pues sea pasajero, o sea el conductor de detrás, molesta lo mismo, y desconcentra totalmente.

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Si eres un acosador al volante, espero que te pille la Guardia Civil, y te aplique el correctivo que te mereces: 200 euros y 4 puntos del carnet. Oh, disculpadme, soy una malísima persona por desear que a alguien que acosa en la carretera, se le aplique la ley que él tanto desprecia. Personalmente me da lo mismo que quien acosa lo haga porque tiene un horario que cumplir (hola, repartidores), porque se le pegaron las sábanas y llega tarde a trabajar (levántate más temprano, o más temprano aún), o por la razón que sea. Ese, amigos, es el problema del otro.

Mi problema suele ser llevar a mi hija pequeña a la guardería mientras “hablamos” (no tiene más que dos años), escuchamos su canción favorita y nada más. No necesito llegar pronto, ni tarde, ni primero, ni el último. Y, se me olvidaba, esto es cierto y más crítico todavía en viajes de placer. ¿Quién, en su sano juicio, tiene prisa cuando hace un viaje de placer? ¿Por qué se estresan?

Foto | trapgosh