Entorpecer el tráfico con alevosía

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Hay muchas formas para tratar de conseguir que los centros urbanos sean lugares sin congestión, sin un exceso de vehículos que den lugar a su vez a niveles de estrés-ruido, contaminación, calor… más altos de los deseables. Están por un lado las recomendaciones para utilizar alternativas como el transporte público (autobús, metro donde lo haya, trenes de cercanías…) y luego están las obligaciones o prohibiciones: peajes para el rodaje por los cascos históricos es el ejemplo más vistoso para cualquiera. Como defendimos en un post anterior, las recomendaciones serán tratadas con condescendencia (por no decir ignoradas completamente), muchas veces argumentando que realmente hay más usuarios que se han pasado a utilizar transporte público.

Por otro lado las obligaciones o prohibiciones (me gustaría que se entendiese como alternativas, pues aunque a veces los dos términos signifiquen lo mismo normalmente son dos cosas bien diferentes) producirán malestar en una parte de los ciudadanos. Si regulamos, por ejemplo, de forma que haya que pagar un peaje por entrar con nuestro coche en el casco histórico, no reaccionaremos igual si somos un profesional que desempeña su actividad con su vehículo (repartidor, vendedor, etc.), que si somos un turista o si somos un vecino de la zona que no tiene coche y que disfruta cuando no hay tráfico por su calle.

Al hilo de una noticia curiosa, para mí, sale todo este razonamiento que sigue. En Zurich las autoridades desincentivan el tráfico por el centro urbano de forma premeditada, pero a cara descubierta. Es decir, no solo lo entorpecen si no que además es algo que dicen abiertamente:

Nuestro objetivo es reconquistar el espacio público para los peatones, no hacer la vida fácil para los conductores

Ahí es nada. No llega a los extremos surrealistas de la carretera de la vergüenza, más bien significa que las autoridades allá tienen muy claro que para conseguir avanzar en la tarea de dejar más espacio para los peatones, algo que consideran de principal interés, tienen que participar activamente en el entorpecimiento del tráfico, hacer más difícil y tedioso el recorrido por la ciudad para los coches. Las armas de que disponen son varias, la que más me llama la atención es que los tranvías pueden activar los semáforos bajo demanda, dejando atrás los complicados procesos que llevan a convivir de forma automática el transporte público con los vehículos “más libres” y los peatones.

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Reducir sensiblemente los límites de velocidad es otra arma a utilizar, peor yo personalmente creo que no es algo que vaya en contra de los conductores si no algo que va en mejorar la seguridad de los peatones. Lo hablamos también aquí, como no, cuando tratamos el tema de los 30 km/h en ciertas zonas de la ciudad. Si normalmente no llegas a superar los 30-40 kilómetros en algunas calles que tú y yo conocemos (esas que son de un solo sentido con coches aparcados a ambos lados, la posibilidad de que salga un niño o alguien impetuoso…), ¿qué más da que nos la limiten a 30? No todas las ciudades tienen un Paseo de la Castellana que parece una autopista, y tampoco se va a limitar a 30 semejante vía.

Los semáforos cada tres pasos, los semáforos en los que el rojo dura más que un solo de Kenny G mientras que el verde tarda menos en desaparecer que la nómina a primeros de mes, eso sí que desincentiva, es más, desespera y hace fácil buscarse otros medios alternativos para el transporte. Como si fuese un jubilado con las historias contadas, siempre digo que cuando vivía en Madrid no necesitaba objetivamente el coche, me bastaba con usar el metro para todo, pero lo más importante es que me bastaba con aparecer en la estación 5 minutos antes de lo normal para encontrarme el medio de transporte ideal: rápido, puntual, sin gente apenas. Y es que todos ponemos el reloj, inconscientemente, para llegar “justo a tiempo” a los sitios, y eso significa muchas veces que llegamos tarde porque saturamos el medio.

Después de ese paréntesis pro transporte público, regresamos al tema y concluimos que entorpecer el tráfico a propósito es algo que se hace en muchas, muchísimas ciudades. Pero que solo en algunas se reconoce abiertamente, puede que en Zurich la sociedad esté más madura y lo acojan mejor, porque creo que aquí en España se formaría un buen “pollo”. No podemos dejar de incluir en este post la referencia al artículo de Jaume en el que nos contaba la teoría del peaje de congestión, aquélla en la que cobramos más por las vías que más liberan el tráfico. Por ejemplo, cobrar más (aún) por los peajes. Me ha pasado de pensarme seriamente el pagar un peaje o no, por ahorrarme el dinero, y realmente al final (salvo en casos de manicomio), me compensaba más apoquinar el peaje que hacer un 30% más de kilómetros atascado entre camiones. Pero como idea es genial, pagas más por un servicio premium (los peajes), o si no te quedas con tu “tasa de descarga menor” (la carretera convencional).

Fotos | Draco2008, ToShU

  • Josep Camós

    “los semáforos en los que el rojo dura más que un solo de Kenny G”

    No puedo escribir, no veo la pantalla con los lagrimones que me caen.